Soy periodista en el diario argentino La Nación y editor de la revista literaria Sismo Trapisonda. A veces escribo poemas, más raramente cuentos, y hace años que lucho con una futura novela. Vivo en La Plata, donde dicto el taller literario Sangría Francesa. El resto de lo que soy está en este mismo perfil, en mi curriculum y, en general, en el contenido de mi blog: There's a place.
Marzo 2010
Lun Mar Mié Jue Vie Sáb Dom
 << <   > >>
1 2 3 4 5 6 7
8 9 10 11 12 13 14
15 16 17 18 19 20 21
22 23 24 25 26 27 28
29 30 31        

Tristeza

30.08.07

Permalink 16:35:08, por Sebastián Lalaurette Email , 722 palabras   Spanish (ES) utf8
Categorías: general

Tristeza

Sadness
Sadness, por Azchael

Se conoce la opresión en el pecho, la piedra que se va formando como una perla a medida que se depositan los golpes; la estrella que empuja ahí adentro y gira y desgarra, que convoca a las lágrimas aunque finalmente no aparezcan. Después va bajando y se acomoda en la panza: un dolor respecto del cual es imposible confundirse, una náusea honda y desesperada. Por último sube hasta la boca del estómago y es ahí donde queda alojada la tristeza, el más auténtico de los sentimientos humanos.

Como tantas otras cosas, no es siempre igual a sí misma. Hay ataques, bruscos resurgimientos que la ubican nuevamente en el pecho, por ejemplo, o la hacen despertar violentamente en la garganta, y otra vez la expansión que llega hasta el fondo de los ojos. Entonces se llama angustia. O vuelve a bajar y aparece de improviso el malestar orgánico, el revoltijo de tripas y azares y memoria, y recibe el nombre de desesperación. O se apodera de brazos y piernas y los exprime hasta dejarlos con apenas la fuerza para moverse débilmente, y entonces es desaliento.

Es posible, como se ve, trazar una especie de anatomía. Pero el sustrato, el fondo permanente, es eso, la tristeza lisa y llana, una especie de llanto incesante y silencioso, una cosa que está más allá de cualquier artificio o autoengaño o elaboración racional.

Se puede atribuir casi cualquier otro sentimiento a cierto tipo de confusión. Se puede dudar del amor, del odio, e incluso confundirlos entre sí; la alegría es fácilmente soluble en un cuarto de vaso de lógica. Qué decir de la ira, en apariencia indubitable pero a veces pasajera y frecuentemente confusa en cuanto a su objeto: uno suele preguntarse si está furioso con otro, con los otros o con uno mismo. La lealtad, el respeto, el apego, la confianza y todas las otras cosas que, unidas en haz, conforman lo que llamamos amistad son relativas si se las toma por separado. Esto es otra cosa.

Uno está triste. Es imposible dudar de la tristeza.

Hay, sí, algunos sentimientos que podríamos llamar subsidiarios, que se prestan a la deconstrucción y a la reconstrucción, que se montan sobre arena o son meros reflejos de perfil. La melancolía, por ejemplo, esa especie de tristeza literaria, casi siempre autoimpuesta, surgida a propósito de una escena que va tomando forma de resolución. Uno se sienta a tomar un café y mira por la ventana del bar y decide ver el mundo con ese prisma, en última instancia inofensivo. La nostalgia también es como una derivación, más auténtica, más arraigada en la realidad (ya que no hay nada más real que el pasado), pero aun así mayormente engañosa.

¿De dónde puede surgir la tristeza? Es mejor no pensar en eso. Porque hacerlo lleva a una comprobación aterradora: puede venir en cualquier momento y de cualquier parte. El mundo es un campo minado y si algo es seguro, tanto como la muerte y los impuestos, es que en algún momento vamos a caer en ella. Son tantos los lugares de donde puede provenir que resulta imposible protegerse.

La muerte de un ser querido. La frustración. El fracaso. Un amor no correspondido. Un amor que se va destiñendo. Un accidente. La pérdida del contacto con la persona a la que uno se volvió adicto. La prolongación dolorosa del contacto con la persona a la que uno se volvió adicto. Una puerta que se cierra. Las arrugas. El desprecio de un hijo o un hermano. La soledad. El estancamiento. La sensación de ser incomprendido. Todo eso puede dispararla.

¿Cómo deshacerse de ella? Créanme que me gustaría saber. Hay algunas recetas (divertirse, distraerse, enfocar la mente en otras cosas) pero suenan absurdas cuando la tristeza ya está viajando de víscera a víscera. Porque muchas veces uno no quiere librarse de ella. Paradójicamente, es un remanso, un refugio doloroso. Entonces uno quiere que la tristeza lo cubra y lo bañe y lo aloje y quedarse ahí. Para siempre, o hasta que alguna otra cosa tenga sentido.

6 comentarios

El mundo es un campo minado y si algo es seguro, tanto como la muerte y los impuestos, es que en algún momento vamos a caer en ella. Son tantos los lugares de donde puede provenir que resulta imposible protegerse.

Sebastián, que belleza de texto...No he podido dejar de revivir sensaciones a cada momento mientras leía.
El último párrafo me llevó, sin escalas, este otro texto de Jaime Sabines (te lo copio ya que tu blog no permite enlaces en los comentarios, y esto también es una queja :)

Soy mi cuerpo

Soy mi cuerpo. Y mi cuerpo está triste, está cansado. Me dispongo a dormir una semana, un mes; no me hablen.
Que cuando abra los ojos hayan crecido los niños y todas las cosas sonrían.
Quiero dejar de pisar con los pies desnudos el frío. Échenme encima todo lo que tenga calor, las sábanas, las mantas, algunos papeles y recuerdos, y cierren todas las puertas para que no se vaya mi soledad.
Quiero dormir un mes, un año, dormirme. Y si hablo dormido no me hagan caso, si digo algún nombre, si me quejo. Quiero que hagan de cuenta que estoy enterrado, y que ustedes no pueden hacer nada hasta el día de la resurrección.
Ahora quiero dormir un año, nada más dormir.


Es cierto, a veces la tristeza no permite otra cosa que envolverse en ella y esperar...
31.08.07 @ 09:45
Uf! ahora si. Me comí el auto BR.

Cada nuevo servidor de blogs debería venir con un manual de instrucciones para comentar. Si fueras tan amable de borrar ese primer comentario en "bodoque"...

Un abrazo.
31.08.07 @ 09:48
Comentario De: Sebastián Lalaurette [Miembro] Email
http://www.lalaurette.com.ar
Hecho, Nat. Gracias por pasar y por el texto de Sabines, que hace palidecer cualquier cosa que yo haya podido escribir. :)

Lo de no poder poner links supongo que es para evitar el spam (igual hay). Cuando tenga tiempo y ganas me pondré a ver cómo habilitarlos, si es que se puede.
01.09.07 @ 13:00
Sí sí, estamos en la misma sintonía... Mi texto no es nuevo, pero bien atendía a ese momento en particular.

Cito: "¿De dónde puede surgir la tristeza? Es mejor no pensar en eso. Porque hacerlo lleva a una comprobación aterradora: puede venir en cualquier momento y de cualquier parte. El mundo es un campo minado..."

La respuesta, my friend, en mi caso es siempre aterradora, por honda o por escasa... No avisa, no da tregua, es arrasadora, como una tormenta tropical. ¿Tanta agua para apagar tanto fuego? Maybe. Maybe not. Tal vez una se cree la fogata y no llega ni a chispita, pero está bueno creer en lo de arder antes que consumirse lentamente...

saludos, dear writer...


L.
16.10.07 @ 20:15
Comentario De: Vanina [Visitante]
*****
Precioso lo que escribiste! Más allá de la temática (con la cual me identifico al unísono), la forma de expresarlo tiene belleza propia.
De esta forma, da gusto leer!
Un saludo.
26.07.08 @ 06:20
Comentario De: Sebastián Lalaurette [Miembro] Email
http://www.lalaurette.com.ar
Epa, Vanina, muchas gracias por el concepto. :)
26.07.08 @ 08:50

Dejar un comentario


Tu dirección email NO será mostrada en este sitio.

Tu URL será mostrada.
PobreExcelente
(Los saltos de línea se conviertan a <br />)
(Nombre, email y página web)
(Permitir que los usuarios te contactactan vía un formulario de mensajes (tu email NO se hará público.))