Lo había anunciado hace un tiempo ya, pero las vacaciones y la ausencia de una herramienta para migrar de Blogger a b2evolution (hay una, pero no anda) me dificultaron la tarea hasta hoy. Me pasé días y días rescatando manualmente los posts del viejo blog que tenía en Blogger y pasándolos a éste, con las fechas originales, para después poder borrar ese blog viejo (las razones, acá).
Hoy es del Día D: ya no tengo blogs en Blogger. There's a place 1.0 ya no existe. Buena suerte, amigos de Google, y gracias por no responder jamás a mi consulta sobre un problema tan serio.
Hoy hace exactamente treinta y dos años que aprendí a caminar.
Hagan todas las asociaciones que quieran.
Hoy se cumplen cinco años de la resistencia del pueblo esquelense contra la instalación de una mina a cielo abierto.
No tiene mucho que ver, pero: fotos de mis vacaciones en Esquel (y alrededores) a partir de acá.
Me gusta la lluvia. Me gusta cómo se ve, cómo suena y cómo se siente. Me gusta incluso caminar bajo la lluvia, siempre que no haga frío y que no esté yendo a trabajar, por ejemplo, o a algún lado donde tenga que permanecer durante horas sin poder cambiarme las medias mojadas. La lluvia me "entona" para escribir y le da a todo un aire hiperreal o irreal según se mire; eso me gusta. Pero a veces no viene bien la lluvia. A veces jode, digámoslo de una vez. A veces uno putea a más no poder a esa lluvia inconveniente que le arruina la vida.
Ayer fue uno de esos días. Los lectores consecuentes de este blog recordarán que se iba a celebrar, digamos, el Día Mundial de la Poesía con un encuentro en la entrada del Pasaje Dardo Rocha. Bueno, el encuentro se hizo, pero naufragó por la mitad. No voy a decir que la convocatoria debería haber sido multitudinaria porque la poesía no convoca multitudes jamás, pero supongo que más gente se habría acercado si el calor aplastante y unas nubes densas no presagiaran desde el vamos que la jornada iba a terminar poché.
Aun así, éramos veinte o más en la escalinata de entrada y pudimos compartir poemas y contactarnos, así que igual estuvo bueno: hubo asistencia de escritores por más que haya faltado el público ocasional al que también se apuntaba.
Cuando el cielo empezó a amenazar con más convicción, fueron varios los que prudentemente decidieron retirarse. Otros nos quedamos para improvisar una lectura dentro del Rocha, y fue ahí que se pudrió todo. Norma Etcheverry llegó a leer un hermoso poema de Gelman (yo ya lo conocía) para abrir la lectura; cuando le dio la palabra a Luis Maggiori, ya llovía, y apenas pudimos oír los dos poemas que eligió de sendos libros suyos y que parecían bastante buenos. Cuando terminó, la lluvia ya era torrencial, y se empezó a oír el sonido ominoso del granizo.
Lo demás es previsible: hubo desconcierto, espera junto a la puerta y las ventanas y desbandada general en cuanto se pudo. Mi retorno fue surrealista, pero eso no es tema de esta crónica.
Así que ya ven, el Día Mundial de la Poesía fue un Día de Miércoles, aunque era viernes. Lo bueno es que alguien tiró la idea de desdeñar el calendario y repetir la experiencia en unos diez días, a ver si el clima acompaña.
ACTUALIZACIÓN: El diario platense El Día dio cuenta de la jornada.
Mañana, viernes, no sólo comienza el otoño: también es (según parece) el Día Mundial de la Poesía. En consonancia con una convocatoria internacional, a partir de las cuatro de la tarde, o de las cinco según a quién le pregunten, un montón de gente (esperemos) se va a juntar en la escalinata de la entrada del Pasaje Dardo Rocha (50 entre 6 y 7) para... lo que sea. Alguno leerá poemas, algún otro los repartirá impresos, algunos otros intercambiarán libros. Puede estar interesante; de ser así, seguramente habrá un post con fotos. Pero los que estén en la ciudad harían bien en darse una vuelta para ver qué onda.
Faxe (es decir Facundo Saxe) colgó en su espacio fotos de la Tercera Colgada de Poesía platense, que se concretó el 8 y 9 de este mes en la Plaza Islas Malvinas. (Yo no estuve presente como cuerpo, aunque sí como texto.)
Un grupo de escritores decidió fijar públicamente su posición respecto de la situación creada por la política cultural del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Quienes estén de acuerdo con su contenido pueden comunicarlo a yirayira@yahoo.com.ar y difundirlo, agregando su propia firma si lo desean.
Preferimos no hacerlo
Algunos escritores --entre ellos varios de los que firman esta carta-- fueron invitados a participar en lecturas de poesía u otras actividades en la Casa del Escritor de la ciudad de Buenos Aires (en algunos casos ofreciendo un pago), casi en el mismo momento en que se conocía la noticia de que van a ser cerrados más de 500 talleres de los centros culturales de la ciudad y despedidos unos 250 docentes que trabajan en ellos. Ante ese concreto estado de cosas, nos parece que participar implicaría aceptar que se nos dé un lugar que se le está quitando a muchos otros. Mientras persistan estas condiciones --que, por supuesto, no se dan sólo en la cultura--, preferimos no hacerlo.
La nueva generación de escritores argentinos, según Tomás Eloy Martínez.
Lo que yo había escrito al respecto hace siete meses.
Todavía no leí la nota de ADNcultura, si la encuentro interesante seguramente habrá otro post.
La primera y la segunda (fotos desde acá) fueron un éxito; la tercera se viene con todo. Más autores, más textos, más papeluchos, más karma positivo es lo que promete la inminente colgada de poesía platense. En cuestión de horas, una banda de forajidos estará colgando nuestros versos anabólicos, mendicantes y roncativos de los árboles, postes y bancos de la Plaza Islas Malvinas. Quedan todos invitados a contemplar esta tarde la labor colgadora en proceso, o a pasar mañana a leer parte del ingente material que quedará ahí a merced de lectores y palomas.
Hace pocos días, y casi un año después de la feliz noticia, llegó a mis manos un ejemplar de El camino de los mitos, el volumen que reúne a los diez ganadores del primer concurso "La Revelación" de cuento de temática mitológica (incluido, en segundo lugar, Fábula Cero, un cuento de mi autoría). Con ese ejemplar llegó también la segunda feliz noticia: tras meses de ausencia, apareció la Argentina en la lista de países desde los que es posible comprar el libro.
Debo decir que el volumen me sorprendió agradablemente. En primer lugar, es grande, bastante más grande de lo que yo esperaba: se aproxima a un tamaño de folio A4, y sus 254 páginas, impresas en papel satinado, conforman un libraco más o menos considerable, que destaca en el estante de la biblioteca. Por otra parte, la edición, a primera vista, es bastante cuidada, y los editores se tomaron el trabajo de buscar un par de citas apropiadas para abrir cada relato. Al tener un solo ejemplar, me guardé de hacer pruebas de resistencia física, pero así, a simple vista, el libro parece bastante sólido, tanto en encuadernación como en acabado.
Todo esto para decir que 19,50 euros, con envío gratis y algún posible descuento del 5% (no sé si se aplica a compras internacionales), no es un mal precio para un libro tan interesante.
Comentaron
en cinco pataletas
en cinco pataletas