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Luego de una estadía de nueve días en Colón, Entre Ríos, que se me hizo demasiado corta, y haciendo gala de una muy porteña soberbia (todos somos porteños desde el punto de vista de los colonenses), me creo en condiciones de batir la posta sobre todo lo que se dice y ha dicho acerca de esa ciudad. Agárrense que acá voy.

MITO. Está lleno de jóvenes. Hay bares, pubs y boliches, aunque sólo uno de ellos está abierto en cualquier día determinado porque ambos le pertenecen a la misma persona. La edad promedio de la población temporaria de las playas no parece superior a la de cualquier otro balneario excepto, qué sé yo, San Bernardo digamos. Incluso en las termas, esa típica salida "aloe vera", se ven muchos veinteañeros.
VERDAD. Dicen que es porque hay muchos descendientes de alemanes, pero no sé si es por eso. El caso es que no sólo abundan los ojos celestes y los de ese marrón amelado tan bello, sino también los cuerpos perfectos o casi. Alguien ha formulado la teoría de que el propio relieve urbano de Colón, con sus subidas y bajadas, ayuda naturalmente a combatir la obesidad.

MITO. Es el contraste. Cuando uno ve a una típica pareja de jóvenes colonenses es natural que el hombre parezca poco agraciado en comparación con la belleza de la mujer que camina junto a él. No creo que la apariencia promedio de los hombres de Colón sea más desafortunada que la de los de otras partes, aunque pienso que esto debería juzgarlo con más acierto una mujer, o un gay.

VERDAD. Los catálogos deben de tener más o menos cien títulos. Abunda el chamamé y los discos de artistas locales son exhibidos en forma prominente. Pero no vayan a pedir un Gorillaz o un Radiohead porque los van a mirar como si fueran invasores sajones dispuestos a tomar por asalto la Municipalidad. Los jóvenes se quejan, obviamente, pero no de la ausencia de su música en las disquerías: asumen naturalmente, como en todas partes, que la vía para descubrir nueva música es la piratería. Y la queja consiste en que los empleados de los cibercafés y locutorios son perezosos y abandonan muy pronto el intento de conseguir los discos que les piden bajar de Internet.

MITO. La mujer que atiende el maxikiosco de 12 de abril entre Laprida y Lugones debe ser la persona más asquerosa del mundo. La chica que atiende la casa de empanadas más grande de la ciudad es capaz de recibir a un cliente, tomarle el pedido, cobrárselo y entregárselo sin hacer contacto visual. Además, en Colón la función fáctica del lenguaje parece no existir: el saludo después de un intercambio comercial se considera innecesario, y todo "Gracias" queda sin respuesta. Esta parquedad puede llevar a confusiones por las que ningún colonense cree necesario disculparse. (Puede que sea un asunto menor, pero recuerden la manera en que en 2001: Una odisea espacial, la obra maestra de Arthur Clarke, Bowman se da cuenta de que HAL9000 no está en sus cabales: la computadora cumple con una tarea que Frank Poole le pide, pero no le avisa que la completó. Poole muere segundos después.)

VERDAD. Totalmente.
MITO Y VERDAD. En el restaurante Cheks (o Nuevo Chekis, según la factura que tuve que pedir tres veces para que se dignen a hacerla) comí el peor plato imaginable: una lasaña llena de pedazos de cartílago y hueso de, supongo, pollo, aunque no tenía que tener pollo, y de trozos duros de acelga o espinaca, que tuve que dejar porque era incomible; en una rotisería cercana a las termas pedí una milanesa completa y un choripán realmente detestables, aunque al menos se podían tragar. Pero el chivito de Popeye era más que razonable y los sandwiches para llevar del restaurante de Urquiza y Lugones estaban buenísimos. Por no hablar de las empanadas del local que mencionaba arriba, claro, a pesar de la mala atención. En resumen, todo depende.

MITO. Son esos juegos que están proliferando también en otras partes en los que los chicos son sujetados a un elástico y luego lanzados hacia arriba sin ningún tipo de piedad hasta que mueren de risa o ahogados en vómito o, supongo, termina su turno y deben bajar.
VERDAD. Con plazas hoteleras un tanto caras pero aún más baratas que en Pinamar, con la posibilidad de ir en carpa a una fracción del costo, con remises realmente baratos y precios razonables en los restaurantes, con acceso gratuito a las playas y la entrada a las termas a diez pesos por todo el día, con excursiones que arrancan de quince mangos, se puede elegir Colón como destino de vacaciones "semigasoleras" mientras se ahorra para hacer una salida más despilfarrativa al año siguiente. Es lo que yo hice. Aunque me gustó tanto Colón que probablemente vuelva en 2010. Las chicas, claro.
MITO Y VERDAD. El dueño de un local de videojuegos y pool puede separar a una pareja de jóvenes que se están besando frenéticamente porque "hay chicos y familias", pero en un locutorio y ciber puede haber, colgando de la pared entre revistas y artículos destinados a los niños, un video porno sin pieza alguna que cubra las partes más interesantes de su portada.

MITO. Son piletas.

Hace poco (21.01.10) randki online escribió Sympatia pl. ¿Qué esperás para leerlo?
Hace poco (18.05.10) gustavo cerati escribió Estado de salud de Gustavo. ¿Qué esperás para leerlo?
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