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Archivos para: Marzo 2010

31.03.10

Permalink 00:15:15, por Sebastián Lalaurette Email , 468 palabras   Spanish (ES) utf8
Categorías: blogoverso, sociedad, música

Fantasmas en fila

Estoy podrido de leer artículos sobre la “revolución” de la música digital que dicen siempre lo mismo: la incertidumbre del negocio de las discográficas, las posibilidades de difusión para las bandas nuevas y pequeñas, los distintos modelos de distribución, la estrategia del iPod y las tiendas online, la piratería, bla bla bla bla bla. Por eso me gustó este ensayito de Jeremy Schlosberg, el alma detrás del (artesanal, unipersonal, a veces interesante) emprendimiento bautizado Fingertips: un “rescate” semanal de tres canciones de libre descarga, con comentarios y links, que hace años se distribuye por mail, Web y RSS.

Jeremy se centra en el fenómeno de las listas de reproducción (playlists en inglés) y en lo que significan en el nuevo contexto de consumo musical. Describe a las listas como las sucesoras del mixtape, o compilado en cassette, característico de los ochenta, sólo que en este caso se trata de “canciones fantasma", sin soporte físico ni la limitación temporal de los treinta o cuarenta y cinco minutos por lado. Pero no se queda en esa mera observación. En su análisis de las posibilidades y la implementación de las listas y de su papel en el mundo de la música digital toca también lateralmente los puntos que mencionaba arriba y de los que todo el mundo habla, pero lo hace con una agradecible sensatez (no es poco en un ámbito invadido por apologistas y profetas del apocalipsis que poco o nada tienen para agregar al ruido ambiente), pero se refiere sobre todo a cuestiones que hacen a la experiencia en sí de armar y compartir una lista, a las implicaciones de su exceso, a la motivación, a la atención, y hasta (en serio) a la amistad.

True sharing requires both sides to be partaking in what is being shared, requires a more or less equivalent desire to give on the part of the giver and to receive on the part of the receiver. Playlist “sharing” is unilateral sharing–a giving that is largely ignored or lost in the torrent of everything else that’s ongoingly uploaded. Here, the giver gives and prays to the heavens above that someone, anyone, might want to receive.

(No creo que Schlosberg haya considerado el caso de blip.fm, un sitio donde el intercambio es más “social” –hesito en usar esta palabra pero lo hago porque ya todos entendemos de qué se trata–) y uno puede realmente encontrar gente con gustos similares, felicitarla por los buenos hallazgos, añadirlos a la propia lista, agradecerle dedicándole temas, etc., pero en general el panorama es como él lo pinta.)

BONUS: La sensatez de Jeremy brilla también en este otro ensayito que sí está centrado en la distribución y difusión de música digital en línea versus la forma “tradicional” en CD, con la excusa de hablar del último disco de Sade. Recomendable.

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30.03.10

Permalink 14:13:58, por Sebastián Lalaurette Email , 172 palabras   Spanish (ES) utf8
Categorías: mis textos

Te cuento un cuento

Bueno, es así, resulta que hay un tipo, pará, resulta que hay un tipo que tiene solamente cuatro pelos, entonces, sí, ya sé, pará, pará, tiene cuatro pelos, entonces todos los días antes de salir a trabajar se peina frente al espejo y tira dos para cada lado, pero un día se le cae un pelo, entonces se peina uno para un lado, sí, ya sé, bancá un cacho, se peina uno para un lado y dos para el otro, pero se le cae otro pelo, entonces todos los días se peina un pelo para cada lado, y resulta que un buen día se le cae otro pelo, entonces el tipo se mira al espejo y dice “Siempre el mismo chiste, qué mierda les pasa con los pelados, quiénes se creen que son, por qué no se van todos a la reconcha de su madre", y se peina y sale pero está todo el día de mal humor porque sabe que es un personaje metido en una cárcel eterna y demasiado estrecha.

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26.03.10

Permalink 19:21:25, por Sebastián Lalaurette Email , 926 palabras   Spanish (ES) utf8
Categorías: orbitando, fotos varias, música

Olée olé olé oléeee, Bi íiiii, Bi Kiiiiiiing...

“Never rush an old man. I am from Mississippi, and I carry a knife.”

Fue uno de los varios chistes que hizo Riley “Blues Boy” King en su recital de anoche en el Luna Park. El más famoso cantante de blues del mundo mundial le pedía así a su baterista, Anthony Coleman, que apaciguara un poco su instrumento para dejarlo hablar. “Bring it down, bring it down", le dijo al batero y también al bajista, luego, y al tecladista también. Dijo que podía acuchillarlos a todos. Era un buen chiste, pero quizás también puede leerse en él el reclamo de un hombre de ochenta y cuatro años que mantiene la voz y la magia intactas pero que brindó un show con gusto a poco.

Miles de personas disfrutaron de la visita del legendario blusero a la Argentina.

Miles.

B B King pidió, en efecto, que lo dejaran hablar, y lo dejaron. Y habló. Todo el recital de anoche estuvo surcado de momentos graciosos y emotivos en los que el cantante gozó de la compañía de su público sin apresurarse. Pero, en un show de algo menos de dos horas, esto le quitó espacio a la música, y el público lo notó.

Norberto y Sebastián Lalaurette se muestran expectantes y absurdos en los minutos previos al concierto.

Entre ese público estábamos mi viejo y yo. Ambos gustamos del blues y él tuvo su celebración anticipada de cumpleaños asistiendo a este recital que prometía ser fantástico y lo fue. Insuficiente, pero fantástico: desde el momento en que apareció sobre el escenario, enfundado en un traje de brillo furioso, King no dejó de cautivar a la audiencia. Demostró que canta igual o mejor que hace cincuenta años, brindó lo mejor de sí en piezas del blues más tradicional y en otras casi rockeras, se dirigió a mujeres y a hombres y abrió, en definitiva, una ventana de tiempo intimista, calcada en algunos momentos de sus recitales de siempre y en otros cercana a la realidad actual.

El cantante, embrujando al Luna con su voz potente y armónica.

Por ejemplo, cuando, casi al principio, se refirió a su afecto por la Argentina. “I am happy to be here, but I’m sad because one of my great friends is not here anymore: Pappo", dijo B B King, y el estadio prorrumpió en aplausos y coreó el nombre del malogrado cantante. Luego haría una prolongada referencia a Chile y a Haití y pediría que todos los presentes elevaran una oración por las personas que sufrieron y sufren esas tragedias.

Riley King observa, Charles Dennis guitarrea. “I used to hold my guitar from him, now I hold my guitar out of zeal from him", dijo B B al presentarlo.

También hizo una referencia oscura a la guerra y a la política exterior del gobierno norteamericano, que primero fue acompañada por aplausos y luego recibió un apoyo mucho más moderado. Es que eligió empezar diciendo “I hate wars", para luego agregar: “I hate wars. But if someone breaks into your house, you do everything you have to do to end it.” No aclaró si se refería a los hogares norteamericanos o, por caso, a los iraquíes, y tal vez esa ambigüedad le evitó un momento frío.

B B King dialogó con el público, hizo varias veces referencia a su edad (fue aplaudido cada vez), les pidió a las mujeres que a la cuenta de cuatro besaran “a alguien” (había una rubia cerca que ni me miró), hizo mínimos amagues con el español e intercambió chanzas con los músicos. Y también, por supuesto, cantó. No voy a describir cómo cantó, ni cómo tocaron él y el resto de la banda, porque es imposible. Baste con decir que la performance fue magnífica. Apenas unas diez canciones, sí, y algunas de ellas incluso abreviadas, pero una performance magnífica de todas maneras. Como si hiciera falta, el blusero demostró que a los ochenta y cuatro es capaz de sacudir y conmover a un estadio completo con la fuerza nítida de su voz. Verlo y escucharlo en vivo es una experiencia de dimensión inalcanzable mediante un CD o DVD. Suena igual (prolijo, potente, fino), pero a la vez suena totalmente diferente, mucho mejor, mucho más de todo. Impagable.

Reginal Armaunne Richards (lo leí del programa) le arranca unas notas a su bajo durante una broma compartida.

Richards la rompe, el resto dignifica.

Y se fue. Demasiado pronto, tal vez (según conjeturaron algunos) porque después de todo tiene ochenta y cuatro años y la performance exige mucho de él. No se notó en ningún momento, salvo cuando, en el diálogo directo con el público, ya acabado el show, se negó repetidamente con gestos elocuentes a hacer apenas un bis. “One more, one more", reclamaba la tribuna, pero no hubo caso. Era el fin y fue el fin.

La banda en pleno: nueve hombres al servicio de la mejor música. Y una voz inigualable.

Así se fue B B King, lamentando no poder quedarse un par de días más en nuestro país. ¿La última vez que lo vemos?

Gusto a poco, efectivamente. Si la mercadería no hubiera sido tan buena, habría dolido menos. Pero los que esperábamos al menos una o dos canciones más, un bis, unas sílabas apenas como cierre, nos quedamos con las ganas. Se escuchó de varias bocas un comentario sardónico ("Devolvé la guita") mientras nos escurríamos hacia la salida. Una pena, pero el balance fue absolutamente positivo. Sí, nos dio poco, pero lo que nos dio fue maravilloso y ¿quién nos lo quita? Gracias, Blues Boy.

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23.03.10

Permalink 01:58:51, por Sebastián Lalaurette Email , 1762 palabras   Spanish (ES) utf8
Categorías: política, general, orbitando, sociedad

Cuando tenías que estar

Bueno, la cosa es así: a algún usuario de Facebook se le ocurrió que, a días de la conmemoración del golpe militar de marzo de 1976, sería buena idea convocar a una baja masiva de fotos de perfil, de manera que donde antes se podía ver la propia foto, o la foto del propio perro, o el lugar de las últimas vacaciones, o lo que fuera que cada uno hubiera elegido para mostrarse ante el resto de los usuarios, sólo pudiera verse el ícono que la gigantesca red social reserva para los perfiles sin foto: la silueta de una cabeza humana masculina, en blanco sobre lila. Parece que el año pasado se hizo; yo, en todo caso, no lo advertí, así que evidentemente no fue masivo.

Pero esta vez prendió. Creo que más de la mitad de mis contactos de Facebook con actividad frecuente tienen ahora esa silueta vacía como imagen de perfil. No fue por eso, sin embargo, que me enteré de la movida: fue porque me invitaron a participar. Un amigo me puso un mensaje en mi muro proponiéndome que me sumara al borrado general de fotos, para llegar al 24 de marzo como una imagen vacía.

Dije que no. Aun admitiendo que soy una persona excesivamente dada a la ironía, creo que nadie puede dejar de advertir el evidente simbolismo de lo que se propone. Pero entonces ¿repudiaremos el horror de la desaparición forzada de personas jugando a desaparecer?

No. Yo paso. En el momento la propuesta me resultó de un mal gusto intolerable: sentía que me estaban proponiendo prenderme en un jueguito tonto, tan tonto como cualquiera de los grupos que pululan por Facebook apoyando causas diversas sin mover un átomo en el mundo real hacia la consecución del fin anhelado. Pero además el simbolismo me parecía, y me parece, pernicioso: no sólo no suma sino que trivializa la horrenda realidad de la desaparición forzada, de la tortura y el asesinato. Me invitaban a hacer un par de clics y ya, a un pluff digital de fácil reversión en nada parecido al sufrimiento de los miles de personas a quienes se quiere recordar. Recordar… uniformando sus muertes bajo una misma máscara corporativa, insípida, anónima, que, en palabras de Videla, no tiene entidad, no tiene densidad. Pero, además y sobre todo, a sumarme a un movimiento hueco, de nulo impacto sobre lo real.

Para contrarrestar eso dije que lo que habría que hacer es poner como foto de perfil la imagen de alguien torturado o asesinado. En ese momento pensaba en poner literalmente la foto de una tortura o de una ejecución: una forma de recordarles a los visitantes de mi perfil, muchos de ellos pibes veinteañeros que nacieron en democracia, de qué estamos hablando cuando hablamos del golpe. “Proponelo", me dijo mi amigo cuando le hice esa objeción, “pero que lo escabroso no le gane al mensaje.”

Tenía razón, tal vez: lo escabroso no es bueno tampoco, el impacto de una imagen cruda no necesariamente transmite lo que se quiere transmitir. Pero yo seguía, y sigo, firme en mi rechazo de la pantomima de la desaparición masiva. La dolorosa trivialización del drama no es la única razón. Tal vez lo más importante es que el gesto es demasiado ambiguo: funciona sólo para los que saben de qué se trata (y eso sólo si es realmente masivo, porque está visto que el año pasado yo me lo perdí aun siendo un usuario constante de Facebook), pero no les dice nada a los que no están en el secreto. Estoy pensando en esos veinteañeros de que hablaba ahí arribita.

No sólo puede perderse el mensaje una persona demasiado joven para captar de inmediato la referencia, y rodeada de amigos de la misma edad y circunstancias, sino que la manifestación hasta puede pasar por un mero error técnico: un simple fallo en el servidor de Facebook que aloja las fotos de tales y tales usuarios (ya ha ocurrido, y el resultado fue justamente éste, la pérdida de las fotos de perfil y su reemplazo por la consabida silueta blanca).

En suma: me invitaban a algo demasiado fácil, demasiado ambiguo, demasiado vacuo. Nada que ver con lo que pretendemos recordar el 24 de marzo.

Anteayer elaboré mi contrapropuesta. Éste es el texto que escribí bajo mi nueva foto de perfil, una imagen en blanco y negro de Julio López con una leyenda que reclama su aparición con vida:

La desaparición forzada de personas no es un jueguito tonto como el que se propone para estos días. Los desaparecidos fueron gente torturada y asesinada por una dictadura, no simples imágenes en una pantalla. Si realmente querés generar conciencia de lo que representa el 24 de marzo de 1976 te propongo que, en lugar de sacar tu foto de perfil, pongas ahí la foto de alguna persona torturada o desaparecida durante el régimen represivo. (Yo elegí a Julio López, desaparecido durante la dictadura y también ahora, en democracia, como símbolo de que nada ha quedado atrás definitivamente.) Un link a cualquier texto que explique de qué se trata, que permita entender la densidad del tema, también ayuda. Acá está el mío: http://es.wikipedia.org/wiki/Proceso_de_Reorganización_Nacional

Como se imaginarán, llovieron objeciones. Pero también hubo algunos apoyos. Ayer, además, descubrí que no fui el único en hacer este planteo. Varios de mis contactos en Facebook, a partir de mi sugerencia o por su propia iniciativa, hicieron lo mismo que yo. Un colega bastante conocido y que admiro, por ejemplo, puso esto en su estado de Facebook:

¿Por qué no voy a sacar mi foto del FB? Sencillo, a ellos les borraron el rostro. Los desaparecieron. Yo no voy a esconder mi cara. Yo soy yo, para que ellos sigan siendo ellos. Borrar nuestros nombres, borrar nuestros rostros, es borrar sus nombres y sus rostros. En todo caso habría que poner en nuestros perfiles las fotos de un desaparecido, pero no escondernos… si quieren pueden putearme, me la banco…

Viendo ambos textos se nota que la contrapropuesta es casi igual y por motivos idénticos, aunque el mío está escrito en un tono claramente más agresivo. Perdón por eso. Sin embargo, el tema sigue siendo el mismo. ¿Jugar a desaparecer por un rato para recordar a personas que desaparecieron de la peor forma y para siempre? Mmmmh, nop.

A lo largo del día de ayer fueron brotando en distintos muros, bajo fotos de perfil y en mensajes directos, argumentos en favor y en contra de la movida general y de “mi” propuesta (que ya se ve que no fue sólo mía). Un pedido generalizado era que no nos perdiéramos el homenaje inmersos en debates inútiles; que cada uno hiciera lo que le pareciera sin pelear y “dividir". A mí no me parece que la discusión sea poco saludable; en todo caso, la discusión sobre cómo dar cuenta de los desaparecidos en un medio tan etéreo como el de las redes sociales me parece mucho más saludable que el simple automatismo de sacar la foto, esperar al 25 y volverla a poner. De todas maneras, repito, creo que la agresividad en mi caso estuvo de más. (Sigo pensando que “jugar a desaparecer” es una propuesta inaceptable, pero la manera de expresarlo fue demasiado dura. Soberbia, dijo alguno.)

Otra cosa que se dijo bastante fue que ambas propuestas pueden convivir porque son igualmente válidas e igualmente simbólicas. Pues… no. Ya he dicho que la propuesta del simulacro de desaparición masiva sólo es simbólica para quienes la captan (y además se queda corta, porque en todo caso habría que dejar de postear, responder y enviar mensajes, o de lo contrario uno no ha desaparecido mucho que digamos), pero además quiero añadir que lo que los “rebeldes” propusimos no es meramente simbólico. Poner una foto, un nombre, una circunstancia de secuestro o muerte, un link a un texto explicativo, no es un símbolo, es información. Información que alcanza a quien la conoce y a quien la ignora, al adulto y al adolescente, al que estuvo y al que no. Me parece que esto es lo que queremos hacer en la semana de recordación del funesto golpe militar. No el gesto vacío, sino la transmisión de lo que fue: la conciencia del horror.

Otro argumento fue que la propuesta no hacía más que actualizar aquella “silueteada” en las calles concretada en el 83/84. Una primera objeción a ese argumento es que si yo, con treinta y cinco años, no recuerdo esas silueteadas, mucho menos van a sonarle a cualquier nacido en democracia, que es precisamente a quien queremos llegar ahora con esto. Una segunda objeción es lo que le respondí a una amiga que me habló de esas intervenciones callejeras de principios de la etapa democrática: “Respecto de las ’silueteadas’ quiero decirte que no es lo mismo una intervención del espacio público como la propuesta que la mera ausencia de una foto en un perfil dejando el espacio vacío por default que la corporación Facebook determinó como estándar. Porque con las ’silueteadas’ es evidente que algo pasa, en tanto que con esta ‘protesta’ virtual puede parecer simplemente que no pasa nada o que, como mucho, hay un error en el servidor que aloja las fotos.”

He visto con algo parecido a la satisfacción que mucha gente optó, no por eliminar simplemente su foto de perfil, sino por poner en su lugar una imagen casi igual a la silueta vacía por defecto de Facebook, pero con alguna leyenda añadida como “Nunca Más", “Aparición con vida” o similar. Esto ya me parece mejor, aunque no brinda punteros a información concreta para quien es ajeno al tema. A lo largo de las horas, la cantidad de emblemas como éstos fue creciendo, y mucha gente escribió en sus estados o bajo esas imágenes alguna reflexión sobre la dictadura, lo cual es mucho mejor.

No soy yo, claro, quien decide qué está bien y qué está mal, pero a esta altura de este larguísimo post ya puedo recurrir a la simple verdad de que éste es mi blog y aquí digo lo que pienso yo. Yo pienso que la propuesta de “juguemos a desaparecer” es peor que inútil: es perniciosa. Y acepto la discrepancia, pero hasta ahora los mejores argumentos en contrario no me han convencido. En Facebook o en los comentarios de este post, o por mail, o por teléfono, o en persona, están invitados a seguir intentando convencerme, o a decir lo que quieran sobre este tema. Si de algo estoy seguro es de que, cuanto más debate haya, mejor.

Disculpas nuevamente a los que se hayan sentido ofendidos. Estamos claramente juntos en esto.

Sebastián Lalaurette
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16.03.10

Permalink 11:39:24, por Sebastián Lalaurette Email , 73 palabras   Spanish (ES) utf8
Categorías: novedades, revistas

¿Sabías...

… que Sismo Trapisonda 4 ya está en la calle? (Hace rato. Pero recién ahora tuve tiempo de subir las fotos.)

… que está abierta la inscripción para el taller literario 2010 en sus modalidades presencial y online?

… que este blog ya tiene seis años y medio? (¡Qué tiempos!)

… que todas, todas, todas las columnas de Sociedad (bueno, no, faltan las primeras) que escribí para la Agencia MP están públicamente accesibles y pueden reproducirse citando la fuente?

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13.03.10

Permalink 02:36:01, por Sebastián Lalaurette Email , 259 palabras   Spanish (ES) utf8
Categorías: eventos, La Plata, fotos varias

Recortes en el CCEM

Tal vez ustedes sepan que yo no soy afecto a la mayoría de los espectáculos en vivo, como el teatro, la danza o las lecturas. O, para ser más preciso, que sólo asisto a ese tipo de eventos esporádicamente y casi nunca por propia iniciativa. No sé por qué es eso. La verdad es que, cuando lo hago, generalmente lo disfruto y me prometo reincidir. Y después… pasa el tiempo.

Grave error cuando hay tanta gente haciendo cosas buenísimas. Es el caso de Recortes, el espectáculo de danza que fui a ver anoche en el CCEM. Es obra del grupo Devenir, un conjunto de bailarinas talentosas entre las que figura mi amiga personal (sé que es una expresión de garca y además ¿qué otra cosa que personal puede ser un amigo?) Agustina von Arx.

¿Qué les puedo decir? No entiendo de danza (pese a que alguna vez reseñé un espectáculo para La Nación, con resultados previsibles), así que soy incapaz de evaluar la calidad técnica del trabajo de las chicas. Puedo hablar de expresividad, de emoción, de sensualidad, de energía. Y sin embargo no hay manera de que pueda transmitirles la sensación de verlo. Deberían haber estado ahí. Yo no me arrepiento.

Interesante el trabajo de la gente del grupo Devenir. (Ya las vamos a fichar para algo, y entonces volverán a aparecer en este blog.) Por ahora y desde aquí, un brindis por ellas.

Acá me ven con Agustina y con Ariadna Pérez Ramírez, corresponsal de la revista Pasajes, de la que ya les hablé y muy bien.

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02.03.10

Permalink 06:25:25, por Sebastián Lalaurette Email , 13 palabras   Spanish (ES) utf8
Categorías: tecnicalia

Ya salió...

… la nueva versión del mejor navegador del mundo.

Yo, Carlos Sacaan, lo recomiendo.

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