Estoy podrido de leer artículos sobre la “revolución” de la música digital que dicen siempre lo mismo: la incertidumbre del negocio de las discográficas, las posibilidades de difusión para las bandas nuevas y pequeñas, los distintos modelos de distribución, la estrategia del iPod y las tiendas online, la piratería, bla bla bla bla bla. Por eso me gustó este ensayito de Jeremy Schlosberg, el alma detrás del (artesanal, unipersonal, a veces interesante) emprendimiento bautizado Fingertips: un “rescate” semanal de tres canciones de libre descarga, con comentarios y links, que hace años se distribuye por mail, Web y RSS.
Jeremy se centra en el fenómeno de las listas de reproducción (playlists en inglés) y en lo que significan en el nuevo contexto de consumo musical. Describe a las listas como las sucesoras del mixtape, o compilado en cassette, característico de los ochenta, sólo que en este caso se trata de “canciones fantasma", sin soporte físico ni la limitación temporal de los treinta o cuarenta y cinco minutos por lado. Pero no se queda en esa mera observación. En su análisis de las posibilidades y la implementación de las listas y de su papel en el mundo de la música digital toca también lateralmente los puntos que mencionaba arriba y de los que todo el mundo habla, pero lo hace con una agradecible sensatez (no es poco en un ámbito invadido por apologistas y profetas del apocalipsis que poco o nada tienen para agregar al ruido ambiente), pero se refiere sobre todo a cuestiones que hacen a la experiencia en sí de armar y compartir una lista, a las implicaciones de su exceso, a la motivación, a la atención, y hasta (en serio) a la amistad.
True sharing requires both sides to be partaking in what is being shared, requires a more or less equivalent desire to give on the part of the giver and to receive on the part of the receiver. Playlist “sharing” is unilateral sharing–a giving that is largely ignored or lost in the torrent of everything else that’s ongoingly uploaded. Here, the giver gives and prays to the heavens above that someone, anyone, might want to receive.
(No creo que Schlosberg haya considerado el caso de blip.fm, un sitio donde el intercambio es más “social” –hesito en usar esta palabra pero lo hago porque ya todos entendemos de qué se trata–) y uno puede realmente encontrar gente con gustos similares, felicitarla por los buenos hallazgos, añadirlos a la propia lista, agradecerle dedicándole temas, etc., pero en general el panorama es como él lo pinta.)
BONUS: La sensatez de Jeremy brilla también en este otro ensayito que sí está centrado en la distribución y difusión de música digital en línea versus la forma “tradicional” en CD, con la excusa de hablar del último disco de Sade. Recomendable.
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