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Bueno, yo también vi el final de Lost. Y, aun a más de una semana del acontecimiento, no sé bien qué pensar.
Los osos polares eran parte de los experimentos de la Iniciativa Dharma. La escotilla era un laboratorio de investigación del electromagnetismo. Nadie iba a rescatar a los “Losties” porque la isla se movía. El monstruo de humo era lo que quedaba del hermano de Jacob. El padre de Jack y otros muertos que aparecían en la isla eran manifestaciones del mismo ser, al igual que Locke después de su suicidio/asesinato. El carguero que llegó a la isla no era, efectivamente, el barco de Penny. Descubrimos quiénes eran los Otros y de dónde salieron Benjamin Linus, Jacob, Charles Widmore y Eloise Hawking. El barco en medio de la selva y la estatua destruida eran el resultado de un tsunami que arrojó a uno contra la otra. La avioneta estrellada pertenecía a narcos nigerianos. Los susurros ente los árboles eran los espíritus de muertos que advertían de un peligro inminente. Muchas cosas (las propiedades curativas de la isla, la inmortalidad de Alpert, los saltos temporales, la imposibilidad de alejarse de la isla, la aparición de personajes y elementos del pasado de los “Losties” como el caballo del sueño de Kate) fueron explicadas por una especie de magia mística.
Pero claro, esto es una apreciación altamente subjetiva. El final de Lost, que puede verse como demasiado abierto o como demasiado cerrado dependiendo del lugar desde el que uno lo mire, polarizó a fanáticos y observadores casuales, extremando el efecto polémico de la serie tomada en su conjunto. Para muchos, tal vez para la mayoría, fue una decepción: quedaron muchas preguntas sin responder, y la sensación de que los escritores, principalmente Damon Lindelof y Carlton Cuse, habían perdido el norte y estaban apilando misterios y rarezas a medida que se les ocurrían.
Como suele suceder, quien articuló esa decepción con mayor claridad y contundencia fue Verónica Sukaczer, que pone tanto empeño en cada post de su blog como en los maravillosos cuentos que escribe y publica. En este caso en particular me pareció una genialidad el título: “Perdida”. ¿De qué habla? ¿De ella misma, que se quedó sin las respuestas que quería? ¿De la historia, que extravió el rumbo? ¿De la oportunidad de atesorar un recuerdo destellante, desperdiciada con un final a medias? Creo que de todo a la vez.
Perdón. Dije que Verónica había sido la más clara y no es así. El más claro en su queja sobre el final de Lost fue Hitler:
Pero como discutir con Hitler es difícil y peligroso, prefiero discutir con Vero, que es amiga y no se va a enojar y además tiene razón en casi todo lo que dice. Por ejemplo, tiene razón cuando rechaza las explicaciones facilistas de fans que actúan como si todo el tiempo hubieran sabido que las cosas iban a terminar así, y que miran como por encima del hombro a quienes reclamaban un cierre más completo.
Dice Verónica, y yo firmo al pie:
Por otra parte, ahora también nos dicen que no era tan importante la isla, sino las personas. Y aquí nos mienten otra vez, porque desde el primer día la isla fue un personaje más. Estaba viva. Latía. Se movía. Tenía ideas. Exigía y pedía. Cobraba vidas. La isla era el gran personaje que manipulaba las vidas de los demás.
Yo hubiera esperado más. Más respuestas, quiero decir. Walt, por ejemplo, es un personaje del que se esperaba que tuviera alguna función mayor en la historia, pero no fue así. Sé que los guionistas se vieron forzados a sacarlo porque creció demasiado rápido, pero el origen y significado de sus poderes podría haber sido explicado al menos en diálogo. El tema de los embarazos tampoco quedó cerrado de manera satisfactoria y el hecho de que la estatua de la diosa egipcia de la fertilidad, Taweret, domine la isla seguramente tiene que ver con esto. Yo habría introducido también la explicación de los misteriosos números (cuenten conmigo: 4, 8, 15, 16, 23, 42) en algún punto de la serie, en vez de confinarla al material extratextual que circundó a la serie.
Porque sí, los misteriosos números tienen un origen concreto y una “explicación", en el mismo sentido en que tantas otras cosas en el universo Lost son “explicadas". Vean, si no, este videíto:
Este videíto que, si me hicieron caso, acaban de ver me sirve para hablar de la parte en que, me parece, Verónica no tiene razón. Ella, como tantos otros, dice:
Pero no. Un par de escritores se pusieron a jugar con las ilusiones de muchos, y luego no supiero qué hacer con eso. Les quedó grande.
Y:
Disfruté el viaje con Lost. No el final. Alguien empezó a contarme un cuento, y en un momento se le enredó tanto que lo cerró de cualquier manera. Me mintió y me subestimó. Rompió el contrato. A ese contador de cuentos no podré volver a creerle.
Y también:
¿Y ahora…? Ahora, por lo menos yo, me siento una gran gran idiota. Me tomaron el pelo. Porque si uno, como hacía en la escuela, se pone a subrayar las ideas principales de Lost, una vez conocido el final, se da cuenta de que todo lo que le contaron no sirvió para nada. Eran ideas absolutamente desechables. Nada tenía que ver con nada. Se pueden sacar los números, a los vivos que ven muertos, a los muertos que hablan, al humo negro, a los osos polares, y la historia sigue siendo la misma. El final no cambia.
Los dos primeros fragmentos que cito son claramente incorrectos. El video que embebí arriba sobre los números es sólo uno de los muchísimos elementos que dan cuenta de que los autores tenían todo o casi todo pensado de antemano. No se enredaron, no fueron inventando sobre la marcha. El tema, y aquí sí le doy la derecha a Sukaczer, es que tener todo pensado no es lo mismo que resolverlo, y muchos, como ella, podrían achacarles a los responsables de la serie la incapacidad de manejar narrativamente esos elementos, de “meterlos” en la historia. Pero no advierto que se hayan enredado ni nada parecido. Lo que no contaron, salvo excepciones como la de Walt, no lo contaron porque decidieron no contarlo. Y se los puede cuestionar desde ahí, no desde una supuesta improvisación. De improvisados, nada.
Los dejo con tres sugerencias de lectura: Pedro Jorge, Alejandro Soifer y Alejandro Piscitelli han escrito sobre Lost, probablemente mucho mejor que yo. Disfruten.
Por mi parte, me quedo tarareando esta cancioncita de la que, carajo, no logro despegarme:
Namasté.
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en cinco pataletas
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