It would be truly surprising if sound were not capable of suggesting color; if color could not give the idea of the melody; if sound and color were not adequate to express ideas.
—The Art of Noise: The seduction of Claude Debussy
Lo que sigue es una lista de las búsquedas más… llamativas que han traído a la gente a este sitio Web, vía Google u otro buscador. Están sin editar, así que la ortografía, la gramática y el sentido común quedan momentáneamente suspendidos. No arriesgo conclusiones.
No sé qué decir. No sé qué pensar. Me choqué de frente con la noticia después de cambiar la configuración del Google Reader para que me mostrara, al ingresar, los “elementos recomendados". Y ahí estaba, en primer plano, su rostro en blanco y negro, esos ojos luminosos y sinceros que te hacían pensar que a una persona con esos ojos, con esa mirada, seguramente le sería imposible engañar, mentir.

Puta madre.
Qué se puede decir ahora de lo que le pasaba, de cuán certero o errado podía ser el optimismo que mostraba hace unas semanas, cuando, vía Twitter, charlamos sobre su estado de salud. No entendí bien qué le pasaba, pero entendí que estaba saliendo, que estaba mejor. Y después nada. Y ahora esto.
No éramos amigos; nos vimos dos veces, creo, o acaso una sola. Pero la conocí como se conoce ahora a tanta gente: a la distancia, a través de sus palabras, de todo lo que latía a través de su blog (ya lamentablemente offline), del email, de los mensajes vía Twitter, de Facebook. Era una persona talentosa, dada a la sonrisa, seguramente generosa y sobre todo joven. Demasiado joven. No sé si es la sorpresa o la impotencia lo que me impide salir de la frase hecha: era demasiado joven para morirse, nadie como ella debería morirse a los veintiocho.

Habría sido, creo, una excelente novelista.
Digo esto porque no puedo hablar de ella como amiga, como hermana, como compañera de escuela o de trabajo; no voy a usurpar el dolor de otros que la conocieron mucho más. Sí, en cambio, la conocí como artista. Porque fue a partir de eso que tuvimos la relación que tuvimos y es en ese sentido que puedo dar fe de su valor. ¿Será una falta de respeto hablar de la escritora cuando ha muerto la persona?
El primer cuento que conocí de ella no me gustó mucho. Pero cuando conocí su blog me di cuenta de que tenía verdadero talento. Y después, luego de los primeros mails, de los comentarios entre blogs (ahora los releo y me parece que voy a llorar), conocí otra parte de su obra: este cuento, por ejemplo, que me pareció brillante. Hay más, varios más que alguien debería juntar y publicar.

“Soy como un varón de 13 años, me golpeo con todo, voy a morir en un absurdo accidente doméstico, está cantado", escribió Marina una vez. Y yo, ahora, quiero llorar.
Hasta siempre, Maru.
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