Mi siempre útil Merriam-Webster de bolsillo da la siguiente traducción para la palabra kindred: “adj SIMILAR: similar, afín <kindred spirits : almas gemelas>", y en una segunda acepción, “FAMILY familia f, parentela". También hay una redirección a kin, que por su parte significa “familiares mpl, parientes mpl” (un sustantivo colectivo, según tengo entendido por esos mpl que consigna la definición). Es decididamente extraña la elección de ese nombre para una persona y aun más en el caso de Philip Kindred Dick, el escritor que tanto tardamos en amar. Poco tuvo Dick de similar, de afín al resto de los seres humanos: fue una especie de Casandra alucinada, apartada de sus congéneres por la maldición de la presciencia, o al menos de la hiperconciencia. Mal destino, poco amable para quien lleva en su nombre, no demasiado oculta, la palabra kind.
No recuerdo hoy a Dick porque se cumpla ningún aniversario (que yo sepa) ni porque haya salido un libro suyo por estos días (creo que no) ni una adaptación fílmica de alguna de sus historias (aunque parece que hay varias en carpeta), sino porque apareció en la revista Cracked este artículo que repasa su influencia en la cultura popular. Una influencia que llegó tarde, cuando ya había muerto pobre y sin haber hallado un asidero fuerte en la realidad. Suele suceder.
El artículo tiene sus problemas (no entrega lo que promete el título, por ejemplo), pero siempre vale la pena recordar a Philip. Yo recuerdo el rechazo visceral que sentí la primera vez que leí algo suyo (Ubik), el rechazo visceral inextricablemente unido a la fascinación, el rechazo que fue cediendo a través de las páginas hasta que ese autor discordante, imperfecto, insolente, me tuvo rendido a sus pies. Estaba, y era lo suficientemente afortunado como para no saberlo, ante una obra maestra.
Después vinieron, más o menos en este orden, “La fe de nuestros padres", “Podemos recordarlo todo por usted", la premiada El hombre en el castillo, los cuentos de Aquí yace el wub y La segunda variedad, “El informe de la minoría", ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?… y, claro, las adaptaciones al cine: Blade runner, El vengador del futuro (Total recall), Sentencia previa (Minority report), La paga (Paycheck) y la extrañísima Una mirada a la oscuridad (A scanner darkly), de Richard Linklater, el mismo de Tape. Soy, entre otras cosas y no sólo como escritor, lo que Philip ha hecho de mí.
Ah, Philip, qué poco te entendimos. Y cuánto te debemos.
En el siempre estimulante blog Sociological Images dan cuenta de un par de artículos acerca de la adolescencia. Uno de ellos refiere a la modernidad del concepto, el otro a la pregunta por el papel del aspecto neurológico en las características que le atribuimos a ese grupo etario. En efecto, el cerebro adolescente es “diferente” del cerebro adulto, pero ¿esto es causa o consecuencia de cómo vemos a los adolescentes?
“Creyendo que son diferentes de los adultos, los segregamos", escribe Wade, siguiendo el análisis de Epstein. De ahí, de las propias restricciones que les imponemos, surge la reacción rebelde, irresponsable, incluso veces violenta, y de allí asociamos a cierto grupo etario con nociones negativas como la de “inseguridad": tal la hipótesis de trabajo. Es una respuesta a la última moda norteamericana que culpabiliza a la estructura cerebral de los adolescentes por las reacciones que manifiestan ante las imposiciones sociales.
Vale la pena leer los artículos completos.
Otra mujer quemada por su pareja. Y van…
Aquí, un cuento breve de Giselle Aroson.
Quiero decir, si viajar en el autobús catorce horas sin un banco aire acondicionado grados, cuarenta y el sudor de las personas dejan de grabar y salpicaduras, como si hubiese decidido pasar el bono de vacaciones a todos, sin fanfarria, sin mucho más atractivo que el río no es sólo porque es una noche que la reunión fue una ráfaga de disparos, no sólo porque he aprendido a esperar que todos los viernes de la uña con un beso y el perfume de la miel y calor, y de repente se fue el viernes no sólo porque mi piel se había vuelto adicto a su oferta y tensa y perforable, sino también porque, a pesar de privacidad de Eugenia y de entrega, Eugenia, quien me saludó con su voz siempre escape y distancia desconocida cercano. Sabía que la forma de acelerar la respiración y la forma de jugar y gemir, y algo que siempre ha sido una especie de resonancia, como un adulto que aún no ha sido siempre.
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en cinco pataletas
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