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Finalmente pude conseguir un ejemplar de Las primas, el libro de Aurora Venturini que ganó la primera edición del Premio Nueva Novela organizado por Página/12. Venturini es una autora platense y por lo tanto no extraña que los pocos ejemplares del libro enviados a esta ciudad se hayan agotado inmediatamente (por no hablar de la genial decisión del diario de anunciar su venta a partir de un domingo y distribuirlo el sábado, haciendo que quienes fuimos al kiosco el domingo temprano nos encontráramos con que el libro se había vendido totalmente antes de la fecha de "salida").
No es la primera frustración extraliteraria que puedo achacarle a la obra de esta mujer. Hace un tiempo quise leer alguno de sus libros, para saber qué hacía de ella una figura importante de la literatura platense, pero cuando quise retirar una de esas obras de la biblioteca municipal, la bibliotecaria me explicó, de manera no muy amable digamos, que los libros de Aurora Venturini no se prestan, que sólo se pueden pedir para leerlos en el salón. Lo cual, por supuesto, limita terriblemente las posibilidades de hacerlo, para mí o para cualquiera.
Entiendo el miedo de que un libro de una autora platense se pierda o se rompa si cae en manos de un lector irresponsable, pero el remedio parece ser mucho peor que la enfermedad: tanto cuidado condena a la obra completa de esta escritora a la reclusión, la saca del mundo, digamos, para meterla en una especie de burbuja de no-lectura. La Municipalidad de La Plata parece estar más interesada en conservar el ilbro como objeto, como reliquia, que en beneficiar la difusión de la literatura de una autora al parecer tan importante para la ciudad.
(Sí, uno puede ir a la biblioteca, pedir el libro y pasarse horas y horas leyéndolo, pero ¿cuánta gente lo hace?, ¿cuánta gente va al salón para leer una novela? Creo que en este caso la respuesta posiblemente es "Nadie". Lo que afirmo acá no tiene que ver tanto con lo posible como con lo factible o probable. Hablamos de libros y por lo tanto de multiplicidad de lectores, de mercado, de distribución, de llegada. La gente, incluso los socios de bibliotecas como yo, no lee en la biblioteca, sino en su casa.)
Celebro, por lo tanto, la amplia difusión de Las primas: el concurso de Página/12 no sólo tiene la ventaja de hacer especialmente accesible la obra premiada (más por la forma de distribución que por el precio, aunque, claro, también es importante este factor), sino que en este caso ha logrado accesibilizar a una autora cuya obra permanecía conservada en un arcón, es decir quieta, inalcanzable, muerta. Las primas es un libro vivo que, si es bueno (no lo leí todavía), podría incluso hacer revivir a otras obras de Venturini por vía de reediciones, o al menos de una reconsideración por parte de las autoridades municipales de la ridícula disposición de la Biblioteca.
Señores, aprendan: los libros están hechos para circular, no para dormir en los estantes.