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Hay una escena de esa película genial, Corre Lola corre (Lola rennt), que recuerdo con frecuencia. No voy a contarla porque ahí está el link para que la vean, pero baste decir que transcurre en un casino y tiene que ver tanto con la suerte como con la voluntad; y, bueno, también que me parece una escena muy lograda en una de las mejores películas del cine moderno. (Ya tiene once años, pucha digo.)

No es, sin embargo, una escena fuerte sólo por sí misma. Si la suerte de Lola nos tiene en vilo es porque hemos asistido a la situación que atraviesa y sobre todo a una escena previa. No he encontrado esa escena en la Web pero es algo así:
Por tercera vez, como en casi todo el resto de la película, Lola está corriendo. Pero ahora la vemos en cámara lenta, mientras una voz en off enuncia sus pensamientos. Lola reza mientras corre. “¿Qué puedo hacer?", pregunta Lola mientras corre con los ojos cerrados. “Vamos. Ayúdame", pide. “Por favor. Sólo esta vez. Yo nada más seguiré corriendo, ¿bueno?", promete. ¿A quién se lo promete? No sé. Tal vez a sí misma, a la Lola que será en el futuro si sobrevive a esa prueba. “Estoy esperando. Estoy esperando. Estoy esperando.”
Hace mucho, nueve años ya, escribí un poema que se llama justamente “Run Lola run". No es muy bueno, pero tampoco me parece muy malo. Es éste:
Run Lola run
El Pecado es Ineluctable, pero
todo irá bien, y
cualquier clase de cosa irá bien.
—T. S. ELIOTtodo tu futuro está en el trayecto
—supongo— de un tubo de teléfono que cae.
corré, pelirroja, corré: nada queda, nada es eterno, nada está escrito
y mientras cae podés correr,
no tiene que terminar, no tiene que seguir,
no sos una y sos excepcional,
seguí corriendo, Franka Potente,
no importa si fuiste buena o si fuiste mala,
no importa un carajo si se vendieron bien los derechos de autor,
no importa tu pancita, amo tu pancita, Franka Potente,
como amo tu pelo devastado
y tus ojos hirientes heridos, sos un personaje de la nada
y tu vida no está escrita. lo sé porque
el otro día nada era como es hoy
pero hoy nada era como es hoy
y todo el mundo cae al compás, Lola,
nada retornará eternamente y
todo está bien.
cambiá tu historia. ahora. viví otra vez.
corré. no tiene que terminar. no tiene
que seguir.
¿Por qué recordé ahora la escena del casino y entonces la de la carrera en cámara lenta y luego mi propio poema? Porque me encontré con un breve texto en el que la enigmática, fresca, inteligente, revolucionaria y… azarosa Anita Leporina boceta una filosofía de la participadora en concursos. Al principio asistimos a un humor costumbrista; luego el texto toma vuelo y hacia el final entra decididamente en el terreno de la poesía.
Alea jacta est.
ACTUALIZACIÓN: Pude volver a ver la escena de la carrera en cámara lenta, que era más sutil de lo que yo recordaba, así que cambié algunas cosas de ese párrafo.