| « Baricco y los periodistas | Dos trapisondas premiadas (y dos Anitas) » | Post al azar |
¿Qué te cuesta una vez, UNA VEZ SOLA, darle el Nobel a algún escritor que yo haya leído, así no quedo fuera de las conversaciones?
Un año, un año solo te pido. ¿Tan difícil es? No sé, un Gelman, un Murakami. No te digo que te vengas a mi biblioteca a buscar los autores más oscuros. Alguno de los que se nombran siempre, o si te va un “tapado” podés agarrarlo a Berger, que está vivo todavía, ¿no?
Es fácil, no te digo que tengo la biblioteca de Borges pero algunas cositas he leído, así que no es que vas a quedar mal, no es que te doy a elegir entre Osho y Cucurto, ¿entendés? Agarrá a uno de los buenos; la cosa es que yo haya leído por lo menos UN libro suyo, un cuento, unas páginas. Es un favorcito que te pido.
Pero no. Grass. Xingjian. Naipaul. Kertész. Coetzee. Jelinek. Pinter. Pamuk. Lessing. Le Clézio. Müller. Y ahora, el insulto mayor: ¡Vargas Llosa! El latinoamericano que me vengo salteando hace décadas, ése, JUSTO ÉSE tenía que ser. Hasta me va a dar vergüenza que me pregunten qué opino del premio. Sí, Academia querida, me estás obligando a decir, cada vez que salte el tema, “No sé, no lo leí", y claro, a soportar las miradas incrédulas y las preguntas pasivoagresivas: “¿Pero cómo no leíste a Vargas Llosa?”
Y no, señores, no lo leí. Todavía. ¿Se me permite todavía el “todavía"?
Academia querida, no te digo lo que podés hacer con tu premio porque me quedan, espero, varias décadas de vida y a lo mejor un día se te ocurre dármelo a mí. Pero sólo por eso. Que conste.