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Soy Sebastián Lalaurette, escritor y periodista (acá tenés mi curriculum). Tengo dos libros publicados (uno, dos), escribo poemas y cuentos y siempre estoy luchando con una o más novelas inconclusas. Vivo en La Plata, donde dicto el taller literario Sangría Francesa. El blog que estás leyendo es el segmento "literario" del multiblog There's a place; si querés pispear los otros rincones, donde también hablo de política, arte, periodismo, cine y peces espada, hacé clic acá.
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Ah, Philip, qué poco te entendimos

28.03.11

Permalink 00:52:00, por Sebastián Lalaurette Email , 541 palabras   Spanish (ES) utf8
Categorías: escritores

Ah, Philip, qué poco te entendimos

Mi siempre útil Merriam-Webster de bolsillo da la siguiente traducción para la palabra kindred: “adj SIMILAR: similar, afín <kindred spirits : almas gemelas>", y en una segunda acepción, “FAMILY familia f, parentela". También hay una redirección a kin, que por su parte significa “familiares mpl, parientes mpl” (un sustantivo colectivo, según tengo entendido por esos mpl que consigna la definición). Es decididamente extraña la elección de ese nombre para una persona y aun más en el caso de Philip Kindred Dick, el escritor que tanto tardamos en amar. Poco tuvo Dick de similar, de afín al resto de los seres humanos: fue una especie de Casandra alucinada, apartada de sus congéneres por la maldición de la presciencia, o al menos de la hiperconciencia. Mal destino, poco amable para quien lleva en su nombre, no demasiado oculta, la palabra kind.

No recuerdo hoy a Dick porque se cumpla ningún aniversario (que yo sepa) ni porque haya salido un libro suyo por estos días (creo que no) ni una adaptación fílmica de alguna de sus historias (aunque parece que hay varias en carpeta), sino porque apareció en la revista Cracked este artículo que repasa su influencia en la cultura popular. Una influencia que llegó tarde, cuando ya había muerto pobre y sin haber hallado un asidero fuerte en la realidad. Suele suceder.

El artículo tiene sus problemas (no entrega lo que promete el título, por ejemplo), pero siempre vale la pena recordar a Philip. Yo recuerdo el rechazo visceral que sentí la primera vez que leí algo suyo (Ubik), el rechazo visceral inextricablemente unido a la fascinación, el rechazo que fue cediendo a través de las páginas hasta que ese autor discordante, imperfecto, insolente, me tuvo rendido a sus pies. Estaba, y era lo suficientemente afortunado como para no saberlo, ante una obra maestra.

Después vinieron, más o menos en este orden, “La fe de nuestros padres", “Podemos recordarlo todo por usted", la premiada El hombre en el castillo, los cuentos de Aquí yace el wub y La segunda variedad, “El informe de la minoría", ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?… y, claro, las adaptaciones al cine: Blade runner, El vengador del futuro (Total recall), Sentencia previa (Minority report), La paga (Paycheck) y la extrañísima Una mirada a la oscuridad (A scanner darkly), de Richard Linklater, el mismo de Tape. Soy, entre otras cosas y no sólo como escritor, lo que Philip ha hecho de mí.

Decía que poco unió a Dick al resto de la humanidad y agrego que poco entonces podría hablarse de él asociado a una familia o parentela literaria, aunque sin duda interactuó con otros escritores y muchos lo admiraron a tiempo. Y sin embargo ese hombre ha conseguido insertarse en la trama del mundo, de este mundo que recién ahora existe, muchos años después de su muerte, y que casi casi tiene su cara. Somos ahora afines a Dick, somos la familia que su imaginación y locura han engendrado. Sería muy apropiado que todo esto, la realidad que vivimos, no fuera más que una simulación y que en alguna parte estuviera él, no sólo vivo sino quizás hasta eterno, manejando los cables, desenchufando aquí, girando una perilla por allá.

Ah, Philip, qué poco te entendimos. Y cuánto te debemos.

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