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Entre las (múltiples, virtualmente infinitas, pero siempre cambiantes y en proceso de cristalización) formas literarias, el cuento hiperbreve goza de un prestigio extraño. Muchos escritores reconocidos han demostrado lo que puede hacerse en el género: Cortázar, Hemingway, Denevi, Borges, Nabokov, Blaisten, Benedetti…, pero son muy pocos los que se han quedado ahí, como si se tratara de una demostración de virtuosismo, una digresión, un paseo de fin de semana. Las excepciones están, sin embargo: Ana María Shua nos ha dado volúmenes completos llenos de estas criaturas pequeñas y pulidas, sin ceder a la tentación del relleno, entregando en cada página una o dos genialidades.
El cuento hiperbreve es difícil como un chiste. O acierta o no acierta, y si no acierta no hay tutía: no hay forma de disimular. No es, sin embargo, un chiste, o no debería serlo: la inmensa mayoría de los cuentos hiperbreves que se proponen como ejercicios humorísticos fracasan miserablemente. Los escritores nombrados arriba, y otros que incluso son conocidos por uno o dos textos de este tipo (Monterroso, Aldrich, Loring Frost), han demostrado suficientemente que se puede hacer algo mucho mejor: apuntaron a la paradoja, a la experimentación formal, a la condensación del significado y la emoción, y lograron obras maestras.

Giselle Aronson trabaja el cuento hiperbreve y parece que va a quedarse ahí. Esto podría ser bueno o malo pero, dado que publiqué un texto suyo en Sismo Trapisonda, ustedes habrán adivinado que en este caso me parece bueno. Aronson tiene un blog en el que cuelga regularmente sus textos hiperbreves y es un nombre recurrente en otros blogs dedicados al género, como Químicamente impuro (aquí sus textos) y Breves no tan breves (aquí), ambos curados por Sergio Gaut vel Hartman.
Pues bien, resulta que Giselle Aronson presenta libro. Se llama Cuentos para no matar y otros más inofensivos y fue publicado por la editorial Macedonia. No lo tengo entre manos todavía, pero conozco algunos de los textos que lo integran y de más está decir que le tengo mucha fe. Me dicen que además de cuentos hiperbreves incluye otros un poco más largos, pero ninguno supera las tres páginas. Una buena oportunidad para ver cómo trabaja una pluma bajo el deber autoimpuesto de la condensación.
Para los que anden por Haedo, patria chica de Aronson, dejo el dato de la presentación (que por otra parte, dadas las circunstancias, tendrá la ventaja de que ya se sabe de antemano que nadie se va a poner a leer un texto de veinte páginas). Yo no voy a poder ir, pero si van, me cuentan cómo estuvo.
Desde aquí, le deseamos éxitos a Giselle, la trapisonda.
Presentación de Cuentos para no matar y otros más inofensivos, de Giselle Aronson. Sábado 9 de abril a las 20, en la Antigua Imprenta de la UGC2, Av. Rivadavia y Estrada, Haedo. Los antiguos romanos conducían por la izquierda.