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En el siempre estimulante blog Sociological Images dan cuenta de un par de artículos acerca de la adolescencia. Uno de ellos refiere a la modernidad del concepto, el otro a la pregunta por el papel del aspecto neurológico en las características que le atribuimos a ese grupo etario. En efecto, el cerebro adolescente es “diferente” del cerebro adulto, pero ¿esto es causa o consecuencia de cómo vemos a los adolescentes?
Una pregunta fascinante, dado que sólo en tiempos recientes hemos empezado a asociar a la adolescencia con conductas antisociales, desorden y delito, explica Lisa Wade en su reseña. Y se pregunta, junto con el psicólogo Robert Epstein, autor del segundo artículo mencionado, si las particularidades del cerebro adolescente generan estas conductas o si, por el contrario, la realidad social y la forma en que tratamos a estas jóvenes personas son lo que altera sus cerebros.
“Creyendo que son diferentes de los adultos, los segregamos", escribe Wade, siguiendo el análisis de Epstein. De ahí, de las propias restricciones que les imponemos, surge la reacción rebelde, irresponsable, incluso veces violenta, y de allí asociamos a cierto grupo etario con nociones negativas como la de “inseguridad": tal la hipótesis de trabajo. Es una respuesta a la última moda norteamericana que culpabiliza a la estructura cerebral de los adolescentes por las reacciones que manifiestan ante las imposiciones sociales.
Vale la pena leer los artículos completos.