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Trasladad un razonamiento como éste a cualquier acontecimiento y tendréis el sentido, por ejemplo, de este periódico que estáis leyendo. ¿Pensáis que en estas páginas se está intentando reconstruir la cara auténtica del mundo? No hay ni rastro de semejante ambición. Lo que sí hay, en cambio, es un formidable talento (aquí y en todo el periodismo contemporáneo) para cristalizar como realidad el frágil material que los hechos liberan al entrar en conexión con otros hechos y con el público. Es como si ellos (los periodistas) fueran capaces, más que otras gentes, de seguir las trayectorias de los hechos y descubrir el punto exacto en el que éstas se entrecruzan con una atención colectiva, un nervio al descubierto, una disponibilidad de ánimo: sólo ahí, en esa feliz conjunción, los hechos se convierten en realidad. ¿Cuánto conservan de sus rasgos originales y, como decíamos, auténticos? Muy poco, por regla general. Pero esos rasgos, por convención, se han convertido en residuos no esenciales. Algo así como el nombre verdadero de Marilyn Monroe.
—Alessandro Baricco: Los bárbaros