Buenasssss...

Soy Sebastián Lalaurette, escritor y periodista (acá tenés mi curriculum). Tengo dos libros publicados (uno, dos), escribo poemas y cuentos y siempre estoy luchando con una o más novelas inconclusas. Vivo en La Plata, donde dicto el taller literario Sangría Francesa. El blog que estás leyendo es el segmento "literario" del multiblog There's a place; si querés pispear los otros rincones, donde también hablo de política, arte, periodismo, cine y peces espada, hacé clic acá.
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Categoría: escritores

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07.05.11

Permalink 14:41:00, por Sebastián Lalaurette Email , 128 palabras   Spanish (ES) utf8
Categorías: mis textos, libros, escritores, eventos, yo

Firme

Viernes seis de mayo. Feria del Libro. Stand de Ediciones del Naranjo (por cierto, el mejor stand en su categoría, según el diploma entregado por la propia Feria). Un escritor airado increpa duramente a un niño que tarda en decirle su nombre para la dedicatoria:

No, mentira. Eso era la previa. Acá estoy con mi pelada brillante en el acto de la firma de un ejemplar de Naím y el mago fugitivo:

Y acá está Norma Huidobro, haciendo lo propio:

El momento de la foto grupal, con el Dream Team (?) de autores de libros infantiles: de izquierda a derecha, Norma Huidobro, el editor Alejo Ávila, quien escribe (arriba) y Márgara Áverbach (abajo) y Martín Blasco. Todos grossos, menos uno.

En definitiva, un gran día. Pronto, espero, más novedades.

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30.04.11

Permalink 12:54:00, por Sebastián Lalaurette Email , 857 palabras   Spanish (ES) utf8
Categorías: novedades, escritores, orbitando

Sabato

“Hacen todas estas cosas porque piensan que pronto me voy a morir. Pero yo tengo otros planes.” Ernesto Sabato dijo por televisión estas palabras (o unas muy similares) a propósito de todas las reacciones que había disparado su cumpleaños número ochenta. Era 1991 (la cuenta no es difícil, pero yo lo recuerdo porque por entonces empezaba a escribir poesía) y entre las salutaciones, homenajes, invitaciones y demás la prensa, siempre rápida para detectar y poner en escena conflictividades simbólicas, se apresuró a señalar una: entre quienes habían ido a visitar al escritor a su casa de Santos Lugares o le habían hecho llegar su reconocimiento no estaba el entonces presidente Carlos Menem, quien sí se había acercado a saludar a Juan Manuel Fangio, otra figura pública que había cumplido ochenta años ese mismo día.

Era muy, muy fácil caer en esa simplificación. Menem ya había jugado al fútbol por tevé, había hecho referencia a los inexistentes libros de Sócrates, se presentaba ya como una figura en ocasiones casi cómica, pero además había indultado a los militares del Proceso, los mismos que habían sido juzgados en los primeros años de la democracia. Las víctimas que dieron su testimonio en el Juicio a las Juntas también aparecen en el Nunca Más, el informe elaborado por la Comisión Nacional por la Desaparición de Personas (CONADEP), presidida por Sabato. Sin duda hubo razones políticas para que Menem eligiera no visitar a Sabato: el encuentro habría sido duro, simbólicamente costoso. No es que le interesaran más las carreras de autos que la literatura. O tal vez sí. Poco importa.

Por esos días le escribí una carta a Sabato. Yo tenía dieciséis años y había leído varios libros suyos: El túnel y Sobre héroes y tumbas, pero también Uno y el universo, Heterodoxia, Hombres y engranajes, El escritor y sus fantasmas. Yo fui fan de Sabato antes que de Tolkien: leía sus divagaciones filosóficas (o antifilosóficas, si vamos al caso) a una edad a la que debería haber estado leyendo novelas de aventuras. Por eso soy así. Pero divago.

En la carta (escrita a máquina con la perversa intención, no siempre ejecutada, de que todas las líneas tuvieran la misma longitud de modo que el margen derecho fuera uniforme) me presentaba humildemente: le confesaba a Sabato que había leído “muy pocas de sus obras” (no eran tan pocas, por lo que veo, pero mi afán de totalidad no se terminaba en las líneas de escritura a máquina) y le rogaba que me permitiera visitarlo y tomar un café con él. No recuerdo mis palabras exactas: era la época en que uno escribía en papel y enviaba sin quedarse con una copia de lo escrito. Pero me mostraba educado y, tal vez, admirativo al punto de la torpeza. De hecho, “Admirado maestro” eran las palabras que encabezaban el texto. En fin, pecados de juventud.

Sorprendentemente, me respondió. Su carta sí la conservo, aunque no la tengo a mano ahora. Fue muy amable en su rechazo: me explicó que estaba teniendo problemas de salud y no estaba recibiendo visitas, me dijo que no le exigía a nadie que leyera sus libros y mucho menos todos, y se disculpó por no teclear la carta él mismo: la estaba dictando, no recuerdo a quién. Tenía algunos errores de puntuación la carta, y sospecho que en sus disculpas se entrevía un afán suyo de pulcritud extrema. Habiendo sido primero un científico, no extraña que lo incomodara la imperfección del instrumento, fuera quien fuera. También me hablaba de su hermano muerto.

Ahora se murió él, sin llegar a los cien. Se adelantarán todos los homenajes del caso, se desempolvarán las necrológicas escritas hace veinte, quince, doce años, diez, siete, cinco. Muy poco ha cambiado en estos años que valga la pena consignar allí, salvo algo que también señalaron los medios: que Néstor Kirchner incurrió en una injuria aun mayor que la de Menem al lanzar la edición conmemorativa del Nunca Más, la que ahora mismo se puede hallar en la Feria del Libro (el jueves la hojeé para comprobarlo). Kirchner le insertó a la obra un prólogo que desautoriza el original de Sabato, al combatir la llamada “teoría de los dos demonios” que… pero divago nuevamente.

Por cierto, la imagen de Sabato ha ido variando para mí en estos años, se ha ido complejizando. Muchos no le perdonan ciertos encuentros, ciertas palabras. Son narraciones sueltas, basadas en una foto, una anécdota inverificable o, por el contrario, en testimonios periodísticos y en textos firmados por él. Yo no llego a decidir qué pensar porque me falta el contexto: no hay quien dé cuenta del ambiente, del aire en el que ocurrieron esas cosas. Ya no podré preguntarle.

De todas maneras ahí está la noticia: Sabato se murió un sábado, a menos de dos meses de llegar a la centena. Quedan sus libros, todos los que leí y los que aún me quedan por leer. Quedan esas fotos que lo muestran siempre igual, con grandes anteojos y una expresión a veces sonriente pero siempre trágica. Queda el Nunca Más como testimonio apabullante.

Y quedamos nosotros, todavía preguntándonos qué hacer con su figura.

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23.04.11

Permalink 19:25:00, por Sebastián Lalaurette Email , 2461 palabras   Spanish (ES) utf8
Categorías: ética, blogoverso, medios, escritores, periodistas, ley, sociedad

Diez observaciones sobre el affaire Terranova/Hollaback

ATENCIÓN: Este post incluye lenguaje soez. Quien se sienta molesto por eso está invitado a detener la lectura en este punto. Gracias.

Ya todos saben*de qué se trata, me parece, pero por las dudas les dejo el link a este post de Facundo Falduto en el que resume sencillamente lo que pasó. Por comodidad les dejo también otros cuatro links básicos:

Ahí están los elementos fundantes del Piropogate (o Pijazogate, para los más rebeldones), así que ya estamos básicamente en la misma página. En la blogosfera hubo todo tipo de reacciones y este post es una más, tardía sin duda: siempre llego último a los debates. La ventaja de eso es que uno puede obviar todos los argumentos ya meneados hasta el cansancio y limitarse a enfatizar lo que no se ha dicho o se ha dicho poco. Que es exactamente el punto de mira de los tentativos párrafos que siguen. Sobras de debate, podríamos llamarlos: restos de un festín de notas, comments y mails. No más que eso.

1.

Terra no va a violar a Inti María Tidball-Binz. No se lo propone, no lo propuso en su columna, y la denuncia de la delegada de Hollaback en Buenos Aires es una deformación transparente de la irónica expresión de deseos del final de la columna de El Guardián. Una operación cínica, teniendo en cuenta que la acusación de Inti ("Terranova hizo amenazas explícitas de violación") es una mentira evidente. No: la idea era aprovechar la volada, colgarse de la pose provocadora de ese periodista/escritor para devolverle el golpe, como un karateca que utiliza la fuerza de su oponente para derribarlo. Se me ocurre una imagen extremadamente gráfica para ilustrar este caso particular, pero no quiero excederme en el mal gusto.

Ah, por cierto:

Nadie dentro de Atrévete/Hollaback sugiere (ni sugerirá) que el acoso verbal con connotación sexual y la violación son términos intercambiables.

2.

Impera la idea de que, mientras que la literatura puede y debe hendir la delgada capa de civilidad del mundo, perforar para mostrar, tajear para dejar pasar la luz, el periodismo debe ser inocuo. Pero esta idea no tiene justificación. Toda la parafernalia que rodea a la profesión periodística (códigos éticos, normas de estilo, mecanismos de cita y consulta, nociones de profesionalismo y excelencia) está ahí para que la herramienta sea más precisa y más contundente; no para atenuar sus efectos, sino para lo contrario. Una crítica recurrente al “pijazo” terranoviano es la de que, como escritor, dentro del marco de la ficción, puede hacer las consideraciones que quiera, pero cuando escribe sobre la realidad, cuando está en función periodística, debe moderarse. Decirle esto a Terranova, decirle que sea un periodista (es decir, que sea un chico bueno), es desnaturalizar la profesión periodística, acorralarla. Un periodista no es un buen chico: es un chico malo que descubre lo que estaba oculto, lo oscuro, lo incómodo, y se lo muestra a todo el mundo. (Y no porque sea un esclarecido, una Casandra moderna, sino porque la sociedad lo puso ahí para que haga ese trabajo.) En este sentido, y en vista de toda la tinta virtual que ha corrido, la columna de Terra de ninguna manera puede ser considerada un fracaso.

3.

A veces el periodismo no ayuda, por cierto. El abecé de la profesión indica que cuando uno entrecomilla lo que dijo o escribió determinada fuente debe procurar que la cita sea fidedigna, no sólo en su literalidad sino en el respeto al sentido del original. El principio es ético: condena la descontextualización tramposa, el uso del recorte para deformar lo que la fuente quiso decir. Mariana Carbajal se mira en ese principio, lo acorrala contra la pared, le asesta varias puñaladas (suponemos que pijazos no) y lo deja tirado en una zanja para que se desangre:

Dos firmas internacionales decidieron retirar su pauta publicitaria de la revista El Guardián, propiedad del ex banquero menemista Raúl Moneta, luego de que uno de sus periodistas se expresara en una columna semanal en términos ofensivos contra una activista que promueve una campaña para oponerse al acoso callejero y los piropos ofensivos. “Me encantaría romperle el argumento a pijazos”, escribió. En su blog personal fue aún más explícito.

No. Lo que dice Terranova, en contexto, es:

Termino así con un deseo para este 2011: encontrar a Inti María Tidball-Binz en un vernisage, tomar juntos una copa y luego decirle que me encantaría romperle el argumento a pijazos. Salud.

Decir media verdad es mentir. Entiendo que la colega esté de acuerdo con la campaña de Hollaback (lo había demostrado en una nota anterior en la que las opiniones divergentes ocupaban un lugar muy pequeño hacia el final, casi descolgadas del artículo), pero una cosa es la subjetividad y otra la alteración maliciosa del sentido de lo que se cita. Nuevamente: esto no hace más hiriente la herramienta, sino que la vuelve roma, imperfecta, en definitiva la degrada. El artículo de Carbajal tiene mucha menos fuerza por esto.

(¿Tengo que explicar por qué lo que escribió Terra no es lo que cita Carbajal ni la amenaza explícita de violación que denuncia Tidball-Binz? Ah, me parecía.)

NOTA: Tal como lo señala Carolina en uno de los comentarios a este post, la había pifiado con la cita y había puesto un fragmento de la columna de Elsa Drucaroff, mencionada más abajo, en lugar del párrafo de la nota de Carbajal a la que apunta el link (que sí era correcto). Como se ve, la descontextualización es la misma: hubo un error en el copy/paste, pero mi argumento se sostiene.

4.

La espectacular patinada de Elsa Drucaroff, una persona acostumbrada a producir piezas intelectuales sólidas y ricas, es uno de los aspectos más tristes de todo este asunto. Ya se ha discutido bastante su columna, que publicó hace unos días en Facebook y ahora reproduce parcialmente Página/12, el diario que fogoneó el emprendimiento de Tidball-Binz y siguió la evolución del Piropogate, de manera que no voy a diseccionar su pobre argumentación, los cuestionables presupuestos que la sostienen y la impresión de fondo sobre la que se recorta. Pero quiero enfocar la mirada en las últimas líneas, las que no han sido blanco de críticas y a mí, sin embargo, me parecen a la vez patéticas y reveladoras:

Pero claro, en el caso que nos ocupa no se trata de militantes, ni de guerrilleros o guerrilleras, ni de judíos o judías, ni de negr@s. Acá se trata de mujeres que encima son feministas. Y sobre las mujeres (ni qué decir sobre las feministas) hay quienes creen todavía que pueden escribir cualquier cosa.

¿Puede? ¡No! ¡Podía! ¡Ya no! Ahora el que lo hace, lo paga. Yo lo celebro y llamo a mis hermanas y a los hombres sensibles, pensantes, buena gente, a que lo celebremos juntos.

El énfasis en la cita es de la propia Drucaroff. Yo quiero enfatizar, sin embargo, esa última oración, ese “llamo a mis hermanas y a los hombres sensibles, pensantes, buena gente". (No figura, ese párrafo final, en la columna tal como fue publicada por el diario, pero sí en el perfil de Facebook de la autora y en varios blogs que han reproducido su texto.) ¿No seré sensible ni pensante si no estoy de acuerdo con la columnista? ¿Ningún hombre que haga una propuesta directa de sexo anal puede ser buena gente? ¿El sexo no admite jamás un ingrediente de violencia, es decir, cualquier imagen violenta como la de romper un culo implica necesariamente la idea de violación? ¿Y qué será, digo yo, ser “buena gente” según los parámetros de Drucaroff? So many questions, so little time.

5.

Lo de Drucaroff puede ser lo más triste, pero lo más preocupante es, sin duda, la posibilidad cierta de que la aceptación social de este lobby bestial se extienda y la práctica se institucionalice. Lo que Hollaback acaba de descubrir es que se puede castigar un discurso antipático con un mecanismo no discursivo, con la extorsión lisa y llana que constituye una forma no tan sutil de censura previa, y que no sólo la sociedad en general no se va a horrorizar sino que incluso el diario de los derechos humanos (así les gusta llamarlo) apoyará con convicción y alegría la movida. A partir de ahora los redactores de El Guardián lo pensarán dos veces antes de escribir cualquier frase contenciosa, no vaya a ser que se bajen los anunciantes y la pérdida de la pauta implique la pérdida de sus trabajos. Y en el resto de los medios no tenemos por qué estar tranquilos: lo que le pasó a Terranova le puede pasar al próximo que escriba, desde cualquier lugar, algo que le resulte ofensivo a cualquier otra ONG, por caso.

La práctica ya está instaurada y Hollaback la asume con orgullo. Tidball-Binz se ha lanzado a un territorio inexplorado en la Argentina: el abandono de la discusión en favor de un lobby descarado y frontal, apoyado cínicamente en las leyes del mercado. Es efectivamente el descubrimiento de una terra nova que otros se apresurarán a colonizar, alentados por la legitimación social de esas vías. Lo que hasta ahora se hacía en silencio y con culpa ahora será anunciado y justificado con euforia. “En Atrévete!/Hollaback! promovemos el derecho de expresión y como con cualquier movimiento habrán quienes estén de acuerdo y quienes no. Nosotros toleramos la crítica, el diálogo y el análisis, pero la violencia sexual jamás", afirma el post de la victoria, en una deslumbrante demostración de doublespeak que convendrá tener muy en cuenta.

6.

Se puede defender a Terranova por las razones inadecuadas. Esto ha pasado también, y mucho. Su exabrupto no sólo es de mal gusto, sino que transparenta un afán pueril de hacerse ver como un rebelde sin causa cuando es poco lo que hay aquí de eso. No se trata, sin embargo, de defender la frase de Terra, sino de notar hasta qué punto estamos hoy dispuestos a justificar mecanismos de presión otrora cuestionables con la excusa del buen gusto. No estaré de acuerdo con tus ideas, bla bla bla.

7.

No sorprende la reacción de Tidball-Binz ante el exabrupto guardianista. De hecho, es un calco de la reacción absurdamente exagerada que se propone ante el piropo, ese discurso invasivo proferido en la vía pública. Hollaback reaccionó ante la boutade de Terranova como reacciona ante cualquier insinuación de tono levemente sexual: poniendo el grito en el cielo e invocando imágenes de #muerteydestruccion. ¿Te dijeron “cosita linda"? Violencia: te pusieron en el lugar de objeto. ¿La frase fue más directa, más grosera? No es el tipo el que te va a montar: son los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. Era obvio que Inti María intimaría a Terranova ante la Justicia, el INADI y la corte de los anunciantes por su desubicación. No hay pena de muerte en la Argentina.

“Parece que toda la Capital es un gran acoso en potencia”, escribe Josefina. Sí, claramente. A esto hemos llegado. La calle, el espacio del siempre incierto encuentro con el otro, es definida por su potencial para el acoso, para la agresión y la violencia. De todos los predicados que se le pueden poner a una ciudad de diez millones de habitantes, la anécdota individual parece habilitar éste.

8.

Así como la frase de Terranova me parece burda y fuera de lugar, no creo ni por un segundo que el señor no fuera consciente de lo que se le venía, ni que no lo haya hecho a propósito, al menos en parte. Se ha repetido mucho en estos días el comentario satisfecho de que él se lo buscó y ahora tiene que bancarse las consecuencias. Sí, ¿por qué no? Es obvio que Terranova estaba perfectamente dispuesto a recibir una catarata de insultos por ese texto, e incluso a sufrir consecuencias prácticas. Sin embargo, nadie nos obliga a limitar nuestras reflexiones a este respecto según el punto de vista del autor de la columna. Lo que pasó, previsto o no por él, sienta un precedente peligroso para todos. No defiendo a Terranova específicamente: defiendo la calidad del debate público, defiendo la idea de que los discursos se responden con discursos y no con presiones materiales, y defiendo la libertad de expresión, que en mi punto de vista debería tener fronteras más amplias, incluso, que las que hoy parece marcar la contradictoria ley argentina.

9.

Otra cita de una honestidad enceguecedora, esta vez tomada de la página en la que Hollaback explicita su forma de ver el mundo (también se compara con las Abuelas de Plaza de Mayo, pero sería obscenamente fácil divertirse con eso):

Por un@ mism@:Atrévete promueve tu derecho de ser tu mism@. De ser alguien que no tenga que aguantarse o seguirse cuando le ofenden, alguien que tenga una respuesta tajante cuando se metan con ella/el. Alguien que sepa que tiene el derecho de definirse en vez de ser definid@ de acuerdo al punto de vista de algún acosador. Porque nadie es simplemente una lista de adjetivos. Tenemos el derecho de ser quien somos, no lo que otros digan; Derecho a decidir quienes queremos ser cuando salimos de nuestras casas, lo que eso signifique ese día o esa hora para nosotr@s.

Pido disculpas por el castigo visual de las arrobas: están ahí en el original, qué le vamos a hacer. Digresión aparte, y sin recorrer toda la serie de objeciones de lógica elemental que se le pueden hacer a este párrafo, destacamos esto: no hace falta recurrir a textos teóricos o a una intuición genial para notar que siempre nos define la mirada del otro. La pretensión de desprenderse de eso es utópica. Como el que se va a vivir a un country para alejarse del fantasma de la inseguridad social, Hollaback quiere que la calle sea un espacio cerrado en el cual toda comunicación esté altamente codificada y limitada de antemano. En rigor ya es y siempre ha sido así, pero lo nuevo es que la tolerancia está ahora en niveles de histeria. El otro es, primero, una molestia y una amenaza; después viene el resto.

Y esto es lo más pernicioso de todo. Que la posición de Hollaback, privatizadora y derogatoria del espacio público, análoga a la limitación de las libertades individuales por razones de seguridad, tenga tanto crédito en el banco social. Es un paso en la dirección que no queremos: la de volvernos cada vez más extraños unos a otros.

10.

Uno diría que se trata de lo contrario. De restituir el espacio público, la conversación, el hábito de respirar el mismo aire. De recuperar la ciudad, ni más ni menos.

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02.04.11

Permalink 15:50:00, por Sebastián Lalaurette Email , 597 palabras   Spanish (ES) utf8
Categorías: libros, escritores, géneros, eventos

Aronson y sus hiperbreves

Entre las (múltiples, virtualmente infinitas, pero siempre cambiantes y en proceso de cristalización) formas literarias, el cuento hiperbreve goza de un prestigio extraño. Muchos escritores reconocidos han demostrado lo que puede hacerse en el género: Cortázar, Hemingway, Denevi, Borges, Nabokov, Blaisten, Benedetti…, pero son muy pocos los que se han quedado ahí, como si se tratara de una demostración de virtuosismo, una digresión, un paseo de fin de semana. Las excepciones están, sin embargo: Ana María Shua nos ha dado volúmenes completos llenos de estas criaturas pequeñas y pulidas, sin ceder a la tentación del relleno, entregando en cada página una o dos genialidades.

El cuento hiperbreve es difícil como un chiste. O acierta o no acierta, y si no acierta no hay tutía: no hay forma de disimular. No es, sin embargo, un chiste, o no debería serlo: la inmensa mayoría de los cuentos hiperbreves que se proponen como ejercicios humorísticos fracasan miserablemente. Los escritores nombrados arriba, y otros que incluso son conocidos por uno o dos textos de este tipo (Monterroso, Aldrich, Loring Frost), han demostrado suficientemente que se puede hacer algo mucho mejor: apuntaron a la paradoja, a la experimentación formal, a la condensación del significado y la emoción, y lograron obras maestras.

El género presenta, indudablemente, algunas ventajas para el lector. Es muy fácil formarse una idea de una obra cuando ésta no supera el párrafo o el par de párrafos de longitud. No se corre el riesgo del aburrimiento o de las interrupciones que pueden ser fatales para el disfrute de una novela. Sin embargo, también hay desventajas: es muy fácil, demasiado, ceder a la tentación del catálogo y absorber veinte páginas de cuentos hiperbreves sin prestarles realmente atención, como si se revisara una paleta de colores o un muestrario de baldosas. Es tarea del lector concentrarse mínimamente en la lectura, dar una chance, y es tarea del escritor tomar esa chance y hacer que el medio minuto valga la pena.

Giselle Aronson trabaja el cuento hiperbreve y parece que va a quedarse ahí. Esto podría ser bueno o malo pero, dado que publiqué un texto suyo en Sismo Trapisonda, ustedes habrán adivinado que en este caso me parece bueno. Aronson tiene un blog en el que cuelga regularmente sus textos hiperbreves y es un nombre recurrente en otros blogs dedicados al género, como Químicamente impuro (aquí sus textos) y Breves no tan breves (aquí), ambos curados por Sergio Gaut vel Hartman.

Pues bien, resulta que Giselle Aronson presenta libro. Se llama Cuentos para no matar y otros más inofensivos y fue publicado por la editorial Macedonia. No lo tengo entre manos todavía, pero conozco algunos de los textos que lo integran y de más está decir que le tengo mucha fe. Me dicen que además de cuentos hiperbreves incluye otros un poco más largos, pero ninguno supera las tres páginas. Una buena oportunidad para ver cómo trabaja una pluma bajo el deber autoimpuesto de la condensación.

Para los que anden por Haedo, patria chica de Aronson, dejo el dato de la presentación (que por otra parte, dadas las circunstancias, tendrá la ventaja de que ya se sabe de antemano que nadie se va a poner a leer un texto de veinte páginas). Yo no voy a poder ir, pero si van, me cuentan cómo estuvo.

Desde aquí, le deseamos éxitos a Giselle, la trapisonda.

Presentación de Cuentos para no matar y otros más inofensivos, de Giselle Aronson. Sábado 9 de abril a las 20, en la Antigua Imprenta de la UGC2, Av. Rivadavia y Estrada, Haedo. Los antiguos romanos conducían por la izquierda.

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28.03.11

Permalink 00:52:00, por Sebastián Lalaurette Email , 541 palabras   Spanish (ES) utf8
Categorías: escritores

Ah, Philip, qué poco te entendimos

Mi siempre útil Merriam-Webster de bolsillo da la siguiente traducción para la palabra kindred: “adj SIMILAR: similar, afín <kindred spirits : almas gemelas>", y en una segunda acepción, “FAMILY familia f, parentela". También hay una redirección a kin, que por su parte significa “familiares mpl, parientes mpl” (un sustantivo colectivo, según tengo entendido por esos mpl que consigna la definición). Es decididamente extraña la elección de ese nombre para una persona y aun más en el caso de Philip Kindred Dick, el escritor que tanto tardamos en amar. Poco tuvo Dick de similar, de afín al resto de los seres humanos: fue una especie de Casandra alucinada, apartada de sus congéneres por la maldición de la presciencia, o al menos de la hiperconciencia. Mal destino, poco amable para quien lleva en su nombre, no demasiado oculta, la palabra kind.

No recuerdo hoy a Dick porque se cumpla ningún aniversario (que yo sepa) ni porque haya salido un libro suyo por estos días (creo que no) ni una adaptación fílmica de alguna de sus historias (aunque parece que hay varias en carpeta), sino porque apareció en la revista Cracked este artículo que repasa su influencia en la cultura popular. Una influencia que llegó tarde, cuando ya había muerto pobre y sin haber hallado un asidero fuerte en la realidad. Suele suceder.

El artículo tiene sus problemas (no entrega lo que promete el título, por ejemplo), pero siempre vale la pena recordar a Philip. Yo recuerdo el rechazo visceral que sentí la primera vez que leí algo suyo (Ubik), el rechazo visceral inextricablemente unido a la fascinación, el rechazo que fue cediendo a través de las páginas hasta que ese autor discordante, imperfecto, insolente, me tuvo rendido a sus pies. Estaba, y era lo suficientemente afortunado como para no saberlo, ante una obra maestra.

Después vinieron, más o menos en este orden, “La fe de nuestros padres", “Podemos recordarlo todo por usted", la premiada El hombre en el castillo, los cuentos de Aquí yace el wub y La segunda variedad, “El informe de la minoría", ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?… y, claro, las adaptaciones al cine: Blade runner, El vengador del futuro (Total recall), Sentencia previa (Minority report), La paga (Paycheck) y la extrañísima Una mirada a la oscuridad (A scanner darkly), de Richard Linklater, el mismo de Tape. Soy, entre otras cosas y no sólo como escritor, lo que Philip ha hecho de mí.

Decía que poco unió a Dick al resto de la humanidad y agrego que poco entonces podría hablarse de él asociado a una familia o parentela literaria, aunque sin duda interactuó con otros escritores y muchos lo admiraron a tiempo. Y sin embargo ese hombre ha conseguido insertarse en la trama del mundo, de este mundo que recién ahora existe, muchos años después de su muerte, y que casi casi tiene su cara. Somos ahora afines a Dick, somos la familia que su imaginación y locura han engendrado. Sería muy apropiado que todo esto, la realidad que vivimos, no fuera más que una simulación y que en alguna parte estuviera él, no sólo vivo sino quizás hasta eterno, manejando los cables, desenchufando aquí, girando una perilla por allá.

Ah, Philip, qué poco te entendimos. Y cuánto te debemos.

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