Sí, a vos, a vos te digo. A vos que cada tanto garabateás alguna idea en un papel. A vos que sos fanático de Tolkien o de Lewis o de Cortázar. A vos que no te perdés un episodio de tu serie favorita de fantasía o ciencia ficción. A vos, que no sabés qué hacer los domingos y estás harto de que haga demasiado frío para salir a pasear. A vos, que sos platense o vivís o estás en La Plata o te podés venir un rato.
El domingo 11 de septiembre (sí, diez años del ataque a las Torres, qué va a ser, es la fecha que había) voy a dar un taller en vivo de literatura fantástica, gentilmente invitado por la gente que organiza la Nihon Party, dedicada a la cultura japonesa. No, no va a ser nada japonés lo mío, pero como los chicos son fans del animé, el cine fantástico y los libros sobre cosas extraordinarias, se les ocurrió que era una buena idea tener esta actividad. Que va a ser, espero, bastante divertida.
La cita es a las seis de la tarde (abajo te pongo el lugar) y vamos a estar una horita nomás. Primero voy a dar una breve charla sobre la literatura fantástica y de ciencia ficción y después vamos directo a los bifes: en base a una guía bastante azarosa, te vas a sumergir en la sopa primordial de la fantasía y vas a escribir. ¿Te parece? Te espero entonces, con cuaderno y birome y con todos tus amigos, si se copan. (La entrada a la Nihon Party sale cinco mangos; el taller en sí es gratuito.)

No te preocupes si tenés pánico escénico: como se trata de un evento colectivo, no vamos a corregir, ni nadie va a tener que leer en voz alta. Se trata de jugar, de despertar la creatividad y de divertirse. Por ahí sale algo bueno. Como mínimo, vas a conocer una o dos de mis propias “armas secretas” para empezar a escribir.
Acá, la data:
Taller en vivo de literatura fantástica, en el marco de la Nihon Party 2011. Domingo 11 de septiembre a las 18, en el Centro Cultural La Colmena, Diagonal 77 #444 (entre 5 y 6), La Plata. Los monos pelan las bananas al revés.
Entre las (múltiples, virtualmente infinitas, pero siempre cambiantes y en proceso de cristalización) formas literarias, el cuento hiperbreve goza de un prestigio extraño. Muchos escritores reconocidos han demostrado lo que puede hacerse en el género: Cortázar, Hemingway, Denevi, Borges, Nabokov, Blaisten, Benedetti…, pero son muy pocos los que se han quedado ahí, como si se tratara de una demostración de virtuosismo, una digresión, un paseo de fin de semana. Las excepciones están, sin embargo: Ana María Shua nos ha dado volúmenes completos llenos de estas criaturas pequeñas y pulidas, sin ceder a la tentación del relleno, entregando en cada página una o dos genialidades.
El cuento hiperbreve es difícil como un chiste. O acierta o no acierta, y si no acierta no hay tutía: no hay forma de disimular. No es, sin embargo, un chiste, o no debería serlo: la inmensa mayoría de los cuentos hiperbreves que se proponen como ejercicios humorísticos fracasan miserablemente. Los escritores nombrados arriba, y otros que incluso son conocidos por uno o dos textos de este tipo (Monterroso, Aldrich, Loring Frost), han demostrado suficientemente que se puede hacer algo mucho mejor: apuntaron a la paradoja, a la experimentación formal, a la condensación del significado y la emoción, y lograron obras maestras.

Giselle Aronson trabaja el cuento hiperbreve y parece que va a quedarse ahí. Esto podría ser bueno o malo pero, dado que publiqué un texto suyo en Sismo Trapisonda, ustedes habrán adivinado que en este caso me parece bueno. Aronson tiene un blog en el que cuelga regularmente sus textos hiperbreves y es un nombre recurrente en otros blogs dedicados al género, como Químicamente impuro (aquí sus textos) y Breves no tan breves (aquí), ambos curados por Sergio Gaut vel Hartman.
Pues bien, resulta que Giselle Aronson presenta libro. Se llama Cuentos para no matar y otros más inofensivos y fue publicado por la editorial Macedonia. No lo tengo entre manos todavía, pero conozco algunos de los textos que lo integran y de más está decir que le tengo mucha fe. Me dicen que además de cuentos hiperbreves incluye otros un poco más largos, pero ninguno supera las tres páginas. Una buena oportunidad para ver cómo trabaja una pluma bajo el deber autoimpuesto de la condensación.
Para los que anden por Haedo, patria chica de Aronson, dejo el dato de la presentación (que por otra parte, dadas las circunstancias, tendrá la ventaja de que ya se sabe de antemano que nadie se va a poner a leer un texto de veinte páginas). Yo no voy a poder ir, pero si van, me cuentan cómo estuvo.
Desde aquí, le deseamos éxitos a Giselle, la trapisonda.
Presentación de Cuentos para no matar y otros más inofensivos, de Giselle Aronson. Sábado 9 de abril a las 20, en la Antigua Imprenta de la UGC2, Av. Rivadavia y Estrada, Haedo. Los antiguos romanos conducían por la izquierda.
En su siempre interesante blog, que se incorpora en este preciso momento a la lista de links de la derecha (de la que por problemas técnicos han desaparecido algunos; no se enojen si estaban y no están, más bien avísenme por mail así los repongo), la bella Sonia traduce un artículo referido a esa especie de sentido de propiedad que en un punto u otro sentimos los que nos hemos apasionado con alguna saga (serie de libros generalmente de temática fantástica o de ciencia ficción). El artículo original pertenece a Nancy Johnson, una blogger anglosajona, y no dice mucho más de lo que señala Sonia en los párrafos precedentes a a su traducción.
La pregunta que se hacen Sonia y Nancy es hasta qué punto los fans de una serie de novelas tienen algún derecho a esperar de un autor celeridad para completarla o un nivel mínimo de calidad tras la larga espera para la salida de un nuevo volumen. Johnson incluso cuenta que un lector de la Canción de hielo y fuego (Song of ice and fire), de George R R Martin (no confundir con el otro George Martin que fuera productor de los Beatles), le escribió un mail a Neil Gaiman (también autor de más de una saga con miles o cientos de miles de fans, como Sandman o The Books of Magic) para hacerle exactamente esa pregunta. Por decoro, la blogger no transcribe la respuesta literalmente, pero nosotros podemos ir a la fuente y leerla. Aquí el fragmento relevante:
George R.R. Martin is not your bitch.
Es decir: George R R Martin (el autor de la Canción) no es tu puta.
La respuesta completa de Gaiman es bastante más larga y articulada y vale la pena leerla (basta cliquear en el link relevante —y saber inglés— para verificarlo), pero el punto básico es ése: ser fanático de una serie de novelas fantásticas, como pueden ser las Crónicas de Narnia de Clive Staples Lewis, El Señor de los Anillos de J R R Tolkien, La Torre Oscura de Stephen King o las historias de Mundodisco de Terry Pratchett, no le da a uno ningún derecho para exigirle nada al autor. Puede molestar, sí, pero nadie firmó nada, así que… a llorar a la iglesia.
Hasta ahí, lo obvio, por duro que suene. Pero me gustó el enfoque que eligió Sonia para presentar la cuestión: “Sagas inconclusas… o de cuando hubieras sido capaz de asesinar a un escritor por no publicar nuevo libro de la saga X”, se titula su post, y no pude menos que pensar en Annie Wilkes, la protagonista de Misery, esa película tan inquietante en que la fanática del escritor llega a la tortura y el intento de asesinato por la furia que le produce que éste no haya cubierto sus expectativas con el final de una serie de novelas.
Así que ahí está: el síndrome Annie Wilkes. Pero no, no puedo resistirme a llamarlo el síndrome Kathy Bates. La actriz que hizo el personaje pasó a la historia en ese papel, ese cuerpo rollizo, esa cara poco agraciada capaz de pasar de la adoración a la furia en menos que canta un gallo. Algo que parece caracterizar de modo general a los que (como yo, claro) se entusiasman tanto con el universo creado por un escritor que viven en un estado de permanente ansiedad hasta que sale el próximo volumen.
Será Kathy, entonces, y no Annie, la que le dé nombre a esto.
Suele decirse que el cuento es algo así como el género literario por excelencia, ya que, a diferencia de la novela, con la cual suele compararse, requiere una habilidad especial para conjugar en poco espacio todos los elementos de una historia. El cuentista tiene que tener no sólo una prosa decente sino además la habilidad de desarrollar una trama atractiva, delinear personajes que no resulten unidimensionales y ofrecer lo que podríamos llamar un mensaje de fondo, algo que seguramente muchos discutirán, pero que está en la base de buena parte de las mejores historias.
Y hablando de eso, más allá de lo discutible del asunto (cada cosa que afirmé arriba es relativa y endeble), tal vez sea mucho mejor definir a los buenos cuentos por extensión que por comprensión. Es decir, enumerando los que nos parecen mejores, y explicando por qué: construyendo, por así decirlo, un catálogo de maravillas.
Este blog tiene cuatro o cinco lectores fijos, así que no espero que esta convocatoria sea multitudinaria, pero: están todos invitados a dejar, en los comentarios a este post, el o los mejores cuentos que hayan leído, con una breve explicación de por qué les parecieron tan especiales.
Mi lista (bueno, parte de ella) podría ser la que sigue:
Hacía ya unos meses que tenía ganas de reseñar este libro. ¿Por qué? Por varias razones. En primer lugar, porque Axxón es una revista importante para mí: durante mi adolescencia y juventud encontré en ella mucho material para el placer y también una fuente de referencias en el campo de la ciencia ficción. En segundo lugar, porque el hecho de que esta revista, pionera en la publicación digital y semillero del género en la Argentina, haya editado por primera vez una antología en papel, es importante: ya hay disponible un muestrario de esta literatura en hard copy, accesible a los lectores que no frecuentan las publicaciones digitales. En tercer lugar, porque algunos de los cuentos incluidos en el libro son de verdad rescatables. Y por último, porque, como digo en la propia reseña, esta antología, con sus desniveles, es una fotografía particularmente fiel del estado del campo en nuestro país. Así que ya saben: si la ciencia ficción argentina es un mundo ajeno para ustedes, pueden empezar por acá y, después, tal vez tengan ganas de comprarse el libro. O de incorporar Axxón a su dieta literaria habitual.
ACTUALIZACIÓN 22/4: Quienes estén interesados en introducirse en serio en el campo de la cf latinoamericana deberían consultar el excelente ensayo de Sergio Gaut vel Hartman La escena continental, publicado recientemente por la propia Axxón.