Los periodistas que caigan en este post probablemente ya hayan visto este video. La persona cuya voz se escucha ahí sería “Nené” Balcedo, la directora del diario platense Hoy, y así es, aparentemente, como despide a los periodistas: no contenta con terminar la relación laboral, la oímos someter a su empleado a una serie de exabruptos.
Entre esos exabruptos hay algunos que me parecieron notables:
“Le voy a decir exclusivamente que no tengo que darle explicaciones a usted que no tenía franco. (…) No hay más francos. Hasta que lo diga yo.”
“Yo no los tengo a nadie encadenado. ¿Les digo, por favor, quedense? ¿Están acá con una condena?: para nada. Haga juicio, si me puede ganar.”
“No sé de dónde sacaron… de esa escuelita, este, pedorra donde fueron. Acaban de darle, la mayor ofensa, darle un premio a la libertad a un loco como Chávez.”
Tres observaciones:
Escribo “sería” porque no conozco a esta mujer. Pero varios colegas que la conocen me dicen que sí, que es su voz y que así habla ella. El audio les parece genuino.
Las historias de terror sobre las condiciones de trabajo en ese diario no son algo nuevo. Simplemente parece que es la primera vez que alguien graba uno de estos intercambios. Como me apunta un colega: “Lo que [Nené] dice en el audio es lo que dice todo el tiempo, pero más suave.”
La facultad de Periodismo de la UNLP no es una “escuelita". Lamentablemente, lo de Chávez le da pie a Balcedo para esa parrafada denigratoria. No contribuye, por cierto, al prestigio de la institución. Si yo fuera egresado de La Plata, ahora mismo sentiría mucha bronca.
En el siempre estimulante blog Sociological Images dan cuenta de un par de artículos acerca de la adolescencia. Uno de ellos refiere a la modernidad del concepto, el otro a la pregunta por el papel del aspecto neurológico en las características que le atribuimos a ese grupo etario. En efecto, el cerebro adolescente es “diferente” del cerebro adulto, pero ¿esto es causa o consecuencia de cómo vemos a los adolescentes?
Una pregunta fascinante, dado que sólo en tiempos recientes hemos empezado a asociar a la adolescencia con conductas antisociales, desorden y delito, explica Lisa Wade en su reseña. Y se pregunta, junto con el psicólogo Robert Epstein, autor del segundo artículo mencionado, si las particularidades del cerebro adolescente generan estas conductas o si, por el contrario, la realidad social y la forma en que tratamos a estas jóvenes personas son lo que altera sus cerebros.
“Creyendo que son diferentes de los adultos, los segregamos", escribe Wade, siguiendo el análisis de Epstein. De ahí, de las propias restricciones que les imponemos, surge la reacción rebelde, irresponsable, incluso veces violenta, y de allí asociamos a cierto grupo etario con nociones negativas como la de “inseguridad": tal la hipótesis de trabajo. Es una respuesta a la última moda norteamericana que culpabiliza a la estructura cerebral de los adolescentes por las reacciones que manifiestan ante las imposiciones sociales.
Vale la pena leer los artículos completos.

Empiezo a escribir esto a una semana y una hora del inicio de la presentación en la ex ESMA de si Hamlet duda le daremos muerte (así con minúscula inicial, a pesar de la ilustración que acompaña al post, basada en una versión previa de la tapa). Lo hago apenas siete horas después de levantarme, víctima de la resaca posterior a otra presentación, la del último número de la revista platense Pasajes, en el bar Bukowski. Lindo lugar.
La mención del evento de anoche no es gratuita: sucede que si bebí demasiada cerveza es porque me enfrasqué en una discusión, por momentos áspera, por momentos hilarante, con una muchacha que parecía creer que las etiquetas que les ponemos a las cosas equivalen a las cosas mismas. Tal vez la cosa no hubiera sido tan intensa si una moza desubicada no se hubiera llevado la jarra que habíamos tomado como objeto de experimentación filosófica, pero lo hizo, y entonces la discusión se centró en otras etiquetas: en particular, los apellidos familiares. O un apellido concreto. El de un desaparecido, nada menos.
¡Ah, los apellidos! ¡Ah, los desaparecidos! Alguien también leyó un poema relacionado con eso en la presentación de la revista. Y yo que me vi obligado a explicar vía Twitter que no, que no llevábamos la guillotina a la ex ESMA pero que tampoco iba a haber submarino. Un chiste, ya lo sé, un chiste tonto, igual que el mío sobre aquel apellido. Pero en ese campo (minado) de sentido todo chiste está llamado a volverse agresivo, doloroso. ¿Íbamos nosotros, poetas agrupados bajo la consigna antihamletiana, a reivindicar la práctica de la tortura? ¿Es lo mismo cortar simbólicamente la cabeza del padre (literario) que secuestrar, picanear, fusilar y pasar a la inexistencia civil a una persona indefensa? ¿Cabría asimilar a esas prácticas a un conjunto de autores entre quienes se encuentran justamente algunos hijos de víctimas de la represión ilegal, portadores de apellidos con una carga de tragedia? ¿Pesaría más esa tarde el pasado o el presente de ese lugar donde ayer se torturó y hoy se busca preservar la memoria sobre los crímenes de la dictadura?
La implicación es absurda, por supuesto. Para siquiera empezar a ligar la provocación de guillotinar un libro de Fabián Casas con la aplicación del submarino habría que olvidar que en la ex ESMA hoy funciona el Espacio Cultural Nuestros Hijos (ECuNHi), que el salón donde presentamos la antología se llama Che Guevara y que la colección que lo publicó empezó su andadura editando poemas de autores desaparecidos encontrados en cuadernos y libretas que los secuestradores no se habían llevado de sus habitaciones mudas. Pero el chiste está, y también hay quienes, desde el anonimato, ahora pretenden ubicar a la guillotina axatiana entre las manifestaciones sobresalientes de la derrota cultural (sea lo que sea eso).
No, está claro que no hay mucho afán descriptivo en estas reacciones sino la evidencia (lo dije en la presentación) de que algo está cortando la guillotina. Hemos producido cierta herida evidentemente, al menos un poquito de sangre, y no me parece mal. No soy partidario de la mansedumbre en el arte.
Pero iba a contarles cómo estuvo la presentación, no a extenderme en estas consideraciones. Estuvo buena. No sé para los asistentes, pero sí al menos para nosotros, los autores, por lo mismo que la vez anterior: porque nos conocimos, nos vimos las caras, charlamos y fuimos viendo qué onda, cómo es cada uno, de dónde viene y hacia dónde (cree que) va. Algunos reincidimos pero muchos otros que no habían estado en la presentación en La Plata se arrimaron al ECuNHi y dijeron lo suyo. Entre ellos, gente de otras provincias: la mendocina Eliana Drajer, autora del genial y premiado Muñequitachocadora, por ejemplo.
Quien abrió la velada fue, por supuesto, el editor, Julián Axat, a quien acompañaban en la mesa los poetas Nicolás Prividera (quien también aportó el posfacio), Fernando Alfón y Demetrio Iramain. Entre las cosas que dijo Axat rescato la observación de que la poesía es “el género del futuro", el que pide una humanidad cada vez más entrenada en la lectura breve, pero también en busca de lo intenso.
Luego les tocó el turno a Iramain, Alfón y Prividera, quienes se refirieron a la idea fuerza que sustenta (o no) a SHDLDM como un todo, a la medida en que el pasado puede “pesar” en el presente y a la posibilidad (o no) de formular una nueva poética, alejada de la levedad que campeó en buena parte del ámbito poético local durante el menemato. Iramain se despachó con un poema muy sentido y claramente militante referido a la muerte de Néstor Kirchner, despertando en muchos, quien esto escribe por ejemplo, la necesidad de desmarcarse de esa postura (que idealiza a NK soslayando el pragmatismo esencial y casi cínico de quien levantó permanentemente la bandera de los derechos humanos pero cobijó bajo el ala de su movimiento a Aldo Rico en cuanto necesitó un puñado de votos en San Miguel). Alfón hizo un escrutinio sesudo de la posible influencia del historicismo en la producción poética y Prividera, a quien Axat había introducido como un “aguafiestas", hizo lo posible por acomodarse a la definición y discutió un poquito con todos.
Después vino la extensa, pero para nada aburrida (creo), ronda de lecturas. Yo me di el gusto de leer (la vez anterior había llegado tarde) y elegí un poema de Carolina Mettini y otro de Juan Manuel González Moras. Y tuve el placer de que Marilina Cuesta, a quien no conocía hasta entonces, leyera uno de mis textos. (Esta vez no hubo acuerdo mafioso como el de la ocasión anterior con Dulce Pallero, así que quedé genuina y agradablemente sorprendido por su elección.)
No voy a enumerar a los poetas que leyeron porque no los recordaría a todos, pero se compartió muy buen material. Mariano Schuster, gran declamador, leyó el poema de Prividera, y la neuquina/platense/porteña Vilma Watkins recitó varios, entre ellos uno de su hermano Tomás. Eduardo Rezzano también compartió un texto suyo, bastante intenso. En fin, imposible dar cuenta acá de la impresión que provocó cada texto, cada inflexión; sólo es posible una enumeración parcial, tirar algunos nombres y fotos. Es lo que hay.
Luego de las lecturas fue el turno de ERP (Ejército Revolucionario de Playa), la banda de rock que integra Jorge Areta, uno de los poetas incluidos en SHDLDM e hijo del también poeta Joaquín Areta, “chupado” por la dictadura. En apoyo de la banda se hizo presente un gran afiche de la ASP (Asociación de Surferos Peronistas), cuya actividad política, me parece, habría que empezar a seguir con ojo avizor, al menos por la alta probabilidad de atisbar militantes en bikini.
Sé que lo que voy a decir suena muy derecheto, pero a la salida de la presentación se respiraba energía. Me parece que todos rebotábamos como electrones libres, adhiriéndonos a este grupo, saltando hacia aquel, anotando y repitiendo mails, apellidos, algún fono. Mucho optimismo, tal vez, en un pasillo dominado por las fotos de las víctimas del terrorismo de Estado, pero algún contenido tenía lo que habíamos hecho y quedaba la impresión, al menos para mí y para un puñado de autores con los que hablé, de que ésta no había sido una lectura más.
No quiero cerrar sin dejar asentado el agradecimiento ya transmitido personalmente a Juan Diego Incardona, que nos cedió el espacio del ECuNHi y nos lo ofreció para futuras acciones. Hay que destacar la buena onda de este señor que es, además, un escritor por derecho propio, y que durante mucho tiempo dirigió la infinita revista El Interpretador, de indudable destino mítico.
En cuanto a las fotos: algunas fueron tomadas por Carlos Aprea, otras por Norberto Lalaurette (mi viejo). A ambos, gracias por dejarme afanárselas para ponerlas acá.
Es todo por hoy. Hasta la victoria, a veces.
ACTUALIZACIÓN: A partir de una columnita de Diego Erlan en la revista ñ, ¿aún? no disponible online, en la que el periodista cuestiona el gesto de guillotinar un libro durante la presentación en La Plata, se suscitó una polémica con algunos momentos interesantes en el blog de Irene Gruss, quien comentó brevemente esa columna. Poetas de antes, durante y después de los noventa se dieron cita en los comentarios y dijeron un par de cosas.
Bardamu no sólo renuncia al debate porque "discutir" le parece una palabra fuerte, sino que ahora escribe (o acepta) comentarios estúpidos en su blog atribuidos a mí. (Y además me "contesta" sugiriéndome terapia).
He aquí la regla para saber si un comentario que aparece en el blog de Bardamu me pertenece o no: a partir de ese pseudodebate de la otra vez he decidido no volver a perder el tiempo comentando en el blog de ese señor. O sea que todo lo que de allí remita a este lugar bajo mi nombre y sea posterior a este post es una falsedad instrumentada o permitida por Bardamu. Si se repite, ya sabré a qué atenerme.
ACTUALIZACIÓN: Ahora, en vez de retirar esos falsos comentarios, Bardamu me insulta y amenaza.
ACTUALIZACIÓN II: A mi pedido, Bardamu acaba de poner, al pie de los comentarios que no hice y que se me atribuyen, la aclaración correspondiente. Ha dejado los textos originales, pero tachados.
ACTUALIZACIÓN III: Inés Pereira, la misma persona que les niega a los escritores de la Joven Guardia la posibilidad de ponerse la camiseta de la selección literaria nacional porque "no comparten nuestros dioses", dice que mis comentarios en blogs como el de Bardamu son "estrategias bobas para ser parte de algún club".
ACTUALIZACIÓN IV: Parece que la suplantación de identidad continúa. También aquí.
ACTUALIZACIÓN V: Evidentemente Bardamu se ha hecho asesorar por un abogado, porque retiró todos los posts donde se cometía el delito. Es por eso (porque ha entendido lo que le conviene) que los links ya no funcionan.
Diego Vecino reacciona desde La Contrarreforma al post en que reflejé algunos dichos de Samanta Schweblin y Flavio Mogetta en el segundo de los "Jueves literarios" dedicados a los escritores más nuevos, que vienen teniendo lugar en el Centro Cultural Islas Malvinas. Hace profesión de amor por Schweblin, que, según parece, nombra a ese blog de jóvenes revoltosos cada vez que puede (también señala que Hernán Vanoli sumó su recomendación este último jueves), y en cambio arremente contra Mogetta porque... bueno, léanlo. Los argumentos están ahí, no hace falta que yo agregue nada.
(Y no, juro que mi apellido no es artístico, es el de mi papá. También la "N." lo refiere. Es la segunda vez que me cuestionan el origen familiar, muchachos; léanse esto, por favor, y no rompan más.)