De un post del blog El escritor sobre el avance de los hipermercados como puntos de venta de libros:
Como traductor, apunto un detalle que quizá sea curioso: ya hay series de libros destinadas sobre todo a los hipermercados, en las que se les consulta a ellos el color y formato de las portadas, e incluso los nombres de los personajes. El crecimiento de los híper comporta un crecimiento paralelo de los libros-producto.
Ya habíamos consignado el polémico artículo de Vicente Verdú en Babelia, suplemento literario del diario español El País, titulado Reglas para la supervivencia de la novela, y la respuesta de Juan Manuel Larumbe. Hace pocos días, el escritor y crítico argentino Damián Tabarovsky (ver acá mi reseña de uno de sus libros) publicó, en el mismo suplemento, su propia respuesta, en la que argumenta que, muy por el contrario de lo que dice Verdú, el mercado editorial español está dando creciente cabida hace tiempo a una novelística experimental y descontracturada.
Todo el artículo de Tabarovsky, La tradición insolente, es interesante, pero voy a reproducir acá el párrafo inicial, que no tiene tanto que ver con la polémica en cuestión pero me arrancó una sonrisa.
Hace unos días pasó por Buenos Aires Vargas Llosa. El jefe de Gobierno le otorgó el diploma de huésped de honor, junto con una medalla recordatoria con el escudo de la ciudad. ¿Qué interés puede tener un escritor en ser recibido por el alcalde? ¿Es allí, en el apretón de manos oficial, que el escritor consuma su legitimidad? (el otro punto de consagración es novela llevada al cine. Como si la literatura necesitara de un reconocimiento externo a ella misma --el estado o el mercado-- para alcanzar su propia legitimidad). A mediados de los ochenta, Cortázar pasó también por Buenos Aires, proveniente de su residencia parisina. En esa época, la de los primeros años de la democracia, el escritor oficial era Ernesto Sábato y el presidente Alfonsín sólo tenía ojos para el autor del Informe sobre ciegos. Cortázar buscó infructuosamente ser recibido por Alfonsín, y al poco tiempo murió amargado por tamaña desilusión.
Un grupo de escritores decidió fijar públicamente su posición respecto de la situación creada por la política cultural del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Quienes estén de acuerdo con su contenido pueden comunicarlo a yirayira@yahoo.com.ar y difundirlo, agregando su propia firma si lo desean.
Preferimos no hacerlo
Algunos escritores --entre ellos varios de los que firman esta carta-- fueron invitados a participar en lecturas de poesía u otras actividades en la Casa del Escritor de la ciudad de Buenos Aires (en algunos casos ofreciendo un pago), casi en el mismo momento en que se conocía la noticia de que van a ser cerrados más de 500 talleres de los centros culturales de la ciudad y despedidos unos 250 docentes que trabajan en ellos. Ante ese concreto estado de cosas, nos parece que participar implicaría aceptar que se nos dé un lugar que se le está quitando a muchos otros. Mientras persistan estas condiciones --que, por supuesto, no se dan sólo en la cultura--, preferimos no hacerlo.
La nueva generación de escritores argentinos, según Tomás Eloy Martínez.
Lo que yo había escrito al respecto hace siete meses.
Todavía no leí la nota de ADNcultura, si la encuentro interesante seguramente habrá otro post.
Finalmente pude conseguir un ejemplar de Las primas, el libro de Aurora Venturini que ganó la primera edición del Premio Nueva Novela organizado por Página/12. Venturini es una autora platense y por lo tanto no extraña que los pocos ejemplares del libro enviados a esta ciudad se hayan agotado inmediatamente (por no hablar de la genial decisión del diario de anunciar su venta a partir de un domingo y distribuirlo el sábado, haciendo que quienes fuimos al kiosco el domingo temprano nos encontráramos con que el libro se había vendido totalmente antes de la fecha de "salida").
No es la primera frustración extraliteraria que puedo achacarle a la obra de esta mujer. Hace un tiempo quise leer alguno de sus libros, para saber qué hacía de ella una figura importante de la literatura platense, pero cuando quise retirar una de esas obras de la biblioteca municipal, la bibliotecaria me explicó, de manera no muy amable digamos, que los libros de Aurora Venturini no se prestan, que sólo se pueden pedir para leerlos en el salón. Lo cual, por supuesto, limita terriblemente las posibilidades de hacerlo, para mí o para cualquiera.
Entiendo el miedo de que un libro de una autora platense se pierda o se rompa si cae en manos de un lector irresponsable, pero el remedio parece ser mucho peor que la enfermedad: tanto cuidado condena a la obra completa de esta escritora a la reclusión, la saca del mundo, digamos, para meterla en una especie de burbuja de no-lectura. La Municipalidad de La Plata parece estar más interesada en conservar el ilbro como objeto, como reliquia, que en beneficiar la difusión de la literatura de una autora al parecer tan importante para la ciudad.
(Sí, uno puede ir a la biblioteca, pedir el libro y pasarse horas y horas leyéndolo, pero ¿cuánta gente lo hace?, ¿cuánta gente va al salón para leer una novela? Creo que en este caso la respuesta posiblemente es "Nadie". Lo que afirmo acá no tiene que ver tanto con lo posible como con lo factible o probable. Hablamos de libros y por lo tanto de multiplicidad de lectores, de mercado, de distribución, de llegada. La gente, incluso los socios de bibliotecas como yo, no lee en la biblioteca, sino en su casa.)
Celebro, por lo tanto, la amplia difusión de Las primas: el concurso de Página/12 no sólo tiene la ventaja de hacer especialmente accesible la obra premiada (más por la forma de distribución que por el precio, aunque, claro, también es importante este factor), sino que en este caso ha logrado accesibilizar a una autora cuya obra permanecía conservada en un arcón, es decir quieta, inalcanzable, muerta. Las primas es un libro vivo que, si es bueno (no lo leí todavía), podría incluso hacer revivir a otras obras de Venturini por vía de reediciones, o al menos de una reconsideración por parte de las autoridades municipales de la ridícula disposición de la Biblioteca.
Señores, aprendan: los libros están hechos para circular, no para dormir en los estantes.
¿Quién no querría conocer este lugar? No sólo conocerlo, sino posesionarse completamente de él, perderse en sus pasillos e ir desenterrando sorpresa tras sorpresa... Algo muy parecido al paraíso.
Vía balazos.
La revista Lamujerdemivida, que aprendí a amar hace un par de años, cuando uno de sus números me llamó desde el revistero de una heladería de Avellaneda, cierra por falta de anunciantes. Es una pena: el concepto es bueno, tiene plumas locales e invitadas que vale la pena leer, es un espacio para la publicación de cuentistas noveles (¡hasta Julieta Prandi sacó un textito!), gráficamente está muy buena y... y... tiene onda, che.
Ahora, ¿sería posible evitar que cierre esta querida publicación? Juan Pablo José María Figueras parece creer que sí. (Vía tomashotel.)
¿Ustedes qué piensan?
Imperdible. Verónica Sukaczer, escritora, amiga de la casa, analiza (diván por medio y todo) su relación con la nueva literatura argentina.
Hoy se presenta En celo, el libro que compila relatos sobre sexo escritos por autores de la mentada Joven Guardia, Generación 00 o Generación Cris Morena, de la que hablaba en el post anterior.
Si se lee el texto que se dice que se va a leer, habrá al menos un momento hot.
Otrosí digo: Finalmente me compré el libro. Próximamente, reseña en la sección Libros de mi descuidado, polvoriento, telarañoso sitio Web. Stay tuned.
No se sabe bien (en estas cosas nunca hay consenso) si está naciendo, si ya había nacido hace rato o si nunca existió, pero, en todo caso, es el objeto de la más reciente polémica literaria en la Argentina. Hablo, claro, de la nueva generación de escritores nacionales, reflejada en un par de libros y, recientemente, en una nota de un diario de circulación masiva, a propósito de la salida de una antología con narraciones de autores de este grupo.
Si este post fuera un estudio con todas las letras, tendría que ahondar en el rastreo hacia atrás de los orígenes de la mentada nueva generación, que incluye por ejemplo a Mariana Enríquez o Josefina Licitra, a quienes yo conocía por su trabajo como periodistas. Pero no, no voy a ofrecerles un estudio sino apenas una somera introducción a esta polémica, de la que se desprenden puntas (links, digamos) para conocer a los escritores que, se supone, representan la narrativa argentina ahora mismo, fuera del paradigma De Santis (afortunado ganador del Planeta/Casa de América).
Esta nueva generación de narradores nació, si es que nació, con nombre. Se la conoce como "la Joven Guardia" y el autor de la etiqueta es también el fogonero del concepto: Maximiliano Tomas, a la sazón director del suplemento cultural del diario Perfil. Desde su blog, tomashotel (siempre interesante, ya saben), Tomas recuerda una y otra vez que este grupo de narradores nacidos en los setenta existe, que tiene unidad, que trabaja, que se perfila como lo nuevo en la narrativa nacional. Insiste, digamos, en el canon que estableciera él mismo hace un par de años, con una antología llamada justamente La Joven Guardia.
Pero no es Tomas quien ha traído a la atención masiva el fenómeno de los nuevos escritores. No directamente, al menos. La que inició el debate fue una breve nota publicada en Clarín hace dos semanas: Generación 00, del intimismo al blog. Fue a propósito de En celo, una antología publicada por Sudamericana que incluye cuentos de algunos de los autores de la nueva camada (Enríquez, Tomas, Wáshington Cucurto, Marina Mariasch, Pedro Mairal, Juan Terranova, Oliverio Coelho, Patricia Suárez...) en torno del tema del sexo. Otra lista, complementaria y parcialmente superpuesta, se puede encontrar en un par de posts en el blog de Terranova: 1, 2.
La cosa es que la nota de Clarín levantó polvareda. No podía ser de otra manera, claro, con las consideraciones esgrimidas por Tomas y Terranova, en el sentido de que esta generación no tiene un Borges o Sábato al que matar y que no pueden considerar padres literarios a "autores de otras generaciones a los que casi nadie lee".
Pero lo más notable es que las reacciones no se concentraron en el propio texto de la nota sino en la brevísima columna que la acompaña (el gran diario argentino adoptó hace un par de años esa forma del disparo editorial, ese pirulito donde un editor o redactor de peso dicen "ahí está la nota, pero acá te canto la posta"). En ella, el periodista Diego Erlan les tira un par de palos a los jóvenes guardianes a pesar de ser él mismo uno de los integrantes del grupo, al menos en el aspecto editorial, ya que un cuento suyo aparecerá (¿aparecerá?) en la antología de narraciones policiales que le seguirá a En celo. En muy pocas líneas Erlan se las ingenia para (montado en una cita de Andrés Rivera) calificar de ignorantes a los miembros de la Joven Guardia, señalar que aún no demostraron nada y anunciar que muchos de ellos "quedarán en el olvido". Más allá del adjetivo inicial, y obedeciendo las reglas de este género de la minicolumna, casi todo lo que dice Erlan ahí es obvio. Y aun así, gran polémica gran.
Todo empezó a estallar el mismo día de la publicación, pero tomemos como ejemplo un post lanzado al día siguiente en el blog Contrarreforma. Ahí, Mantícora (lástima que no se identifique, eso le resta mérito a todo lo que escribe) caracteriza a los nuevos narradores como "un grupo de brutos que no leen y escriben al azar" y no se asombra de que todos tengan blog porque, "por definición, el blog es una herramienta para que la gente que no tiene nada que decir diga muchas cosas" (¡publicado en un blog!, y gracias, Mantícora, desde este humilde ciberrincón).
Fue Juan Terranova el miembro de la Generación 00 que articuló la primera y más acabada respuesta al artículo del diario porteño. Lo hizo con una columna publicada en HiperCrítico, en la que se asume como integrante de la generación que está concretando "la renovación de la narrativa argentina", cuestiona el uso de la cita de Rivera y deja traslucir su molestia por cierta preceptiva de la columna ("Ahora será cuestión de trabajar y dejar de lado la ansiedad"). Hacia el final, relativiza pero incorpora el término "manada" utilizado por Erlan y lamenta el temprano encasillamiento del grupo bajo el signo de la juventud como una hipótesis apresurada (tendría que hablarlo con Tomas, autor del libro fundacional y, supongo, de su título). Y concluye, ya menos esclarecido, con un ataque generalizado a la profesión periodística.
Pedro Mairal también arrojó una respuesta, más orientada a Rivera que a Erlan, y de carácter un tanto infantil. El joven escritor se regodea, ahí mismo, en ese concepto que a su compañero de manada le parecía demasiado restrictivo: "Señor, déjame seguir así, siempre joven", empieza, de hecho, su "Oración", publicada en El señor de abajo. "Sigue haciendo envejecer a mis colegas. Haz que echen canas y panzas y peladas." En fin, el ruego de Mairal (sí, el de Una noche con Sabrina Love) es poder seguir hablando de lo que "todavía no es literatura" según, se entiende, los dueños del panorama escritural.
Esa referencia no es nueva en el discurso de esta nueva generación literaria que, de existir, aún no ocupa ningún sitial determinado. El propio antólogo de En celo, Diego Grillo Trubba, lo decía hace poco en una entrevista: "Me rompe bastante las bolas la gente que se arroga el poder de decidir qué es literatura y qué no." (La entrevista es interesante por otras cosas, sin embargo: entre ellas, porque desde el principio se plantea el hecho de que la difusión de la Joven Guardia se ha dado a través de ciertos canales mediáticos --Terranova y el mismo Grillo Trubba escriben en Perfil; Tomas llevó al suplemento a otros miembros de la manada--. Y, aunque Enríquez trabaja en Página/12, el suplemento de cultura de ese diario, Radar, es más bien el hogar de la generación anterior, argumenta el antólogo, y por eso no reseñó el compilado de cuentos de Sudamericana.)
No faltaron, obviamente, las respuestas a las respuestas, y así es como Kameyo (otro anónimo, qué va a ser) supo lanzar hace unos días, y también en Contrarreforma, algunos dardos a la nueva guardia literaria, que él (¿ella?) prefiere llamar "Generación Cris Morena". El mejor apuntado (hay otros, tanto en el post como en los comentarios, donde se desarrolla parte de la pelea) es el siguiente: se extraña algo de rebeldía en esta camada autoconsagrada, haría falta más afán de ruptura.
En efecto, lo más llamativo de todo este asunto no es la polvareda de la que hablaba al principio y que acabo de describir, sino la potencia con que los 00s defienden su armonía gregaria y el carácter no violento de su irrupción en el panorama literario. Uno piensa que algo falta ahí, o lamenta ese noventismo que lleva a los nuevos escritores a desdeñar toda forma de revolución para asumirse como lo diferente que no rompe con nada ni da ninguna pelea que valga la pena (hint: no, la mera pelea por un espacio en el mercado editorial no cuenta).
No es la primera vez que alguien hace profesión de mansedumbre en nombre de la nueva camada de autores. Y es una verdadera lástima. Porque voces como las de Mariasch, Licitra o Enríquez, de las que me confieso admirador, no sólo tienen algo que decir, sino que también podrían hallar, a poco que buscaran, un porqué.
ACTUALIZACIÓN: La polémica, obviamente, continúa. Un buen lugar para seguirla es un nuevo post de Grillo Trubba en el que responde a un comentario del escritor Pablo Toledo y genera, obviamente, una nueva andanada de comentarios, todos interesantes.