Los libros son cosas que se venden y se compran; los autores salen de gira, promocionan sus obras, lanzan muestras gratis; los editores seleccionan, arman sus listas, compiten por los nombres más preciados; los pequeños buscan el nicho que dejan libre los grandes, los medianos persiguen el aura de lo independiente, y todos aspiran a la atención, si no al dinero. La literatura es un mercado y por acá, a veces, se habla de eso.
¿Qué te cuesta una vez, UNA VEZ SOLA, darle el Nobel a algún escritor que yo haya leído, así no quedo fuera de las conversaciones?
Un año, un año solo te pido. ¿Tan difícil es? No sé, un Gelman, un Murakami. No te digo que te vengas a mi biblioteca a buscar los autores más oscuros. Alguno de los que se nombran siempre, o si te va un “tapado” podés agarrarlo a Berger, que está vivo todavía, ¿no?
Es fácil, no te digo que tengo la biblioteca de Borges pero algunas cositas he leído, así que no es que vas a quedar mal, no es que te doy a elegir entre Osho y Cucurto, ¿entendés? Agarrá a uno de los buenos; la cosa es que yo haya leído por lo menos UN libro suyo, un cuento, unas páginas. Es un favorcito que te pido.
Pero no. Grass. Xingjian. Naipaul. Kertész. Coetzee. Jelinek. Pinter. Pamuk. Lessing. Le Clézio. Müller. Y ahora, el insulto mayor: ¡Vargas Llosa! El latinoamericano que me vengo salteando hace décadas, ése, JUSTO ÉSE tenía que ser. Hasta me va a dar vergüenza que me pregunten qué opino del premio. Sí, Academia querida, me estás obligando a decir, cada vez que salte el tema, “No sé, no lo leí", y claro, a soportar las miradas incrédulas y las preguntas pasivoagresivas: “¿Pero cómo no leíste a Vargas Llosa?”
Y no, señores, no lo leí. Todavía. ¿Se me permite todavía el “todavía"?
Academia querida, no te digo lo que podés hacer con tu premio porque me quedan, espero, varias décadas de vida y a lo mejor un día se te ocurre dármelo a mí. Pero sólo por eso. Que conste.
... el Día del Niño. ¿Qué pensás regalar?
Esteee... *cof* *cof*
(Ah, ¿todavía no estás convencido/a?)
El blog de David Drummond me da ganas de publicar muchos libros con cubiertas diseñadas por él. El contenido no importa.
(Lo vi primero en estupipedia.)
Omar Genovese linkea a una nota de Patricio Pron en la revista cultural Etiqueta Negra (PDF) y en su blog estalla el debate. No hace falta, creo, que les presente a los protagonistas de esa nota ni que les hable de los motivos de tanto encono cruzado: se trata, una vez más, de los nuevos, de la Joven Guardia, de la Nueva Narrativa Argentina de la que ya nos ocupáramos acá, acá, acá, acá, acá, acá, acá y acá.
ACTUALIZACIÓN: Inés Pereira suma a la discusión un post en Nación Apache con el que no estoy muy de acuerdo (y nos peleamos un poquito).
Todos los que escribimos (es decir todos) nos hemos preguntado al menos una vez (en mi caso muchas) cómo se recorre el trayecto entre la escritura y la publicación. La queridísima Verónica Sukaczer, que tiene varios libros editados (todos muy buenos), ya se había ocupado en algún post de explicar las peripecias de este recorrido. Pero ahora decidió hacerlo más ampliamente, en otro post dedicado exclusivamente a eso, pensado como referencia y apropiadamente titulado Publicar. Les recomiendo encarecidamente su lectura, porque Verónica es (como siempre) muy clara y sincera en su explicación, no se anda con eufemismos ni tampoco carga innecesariamente las tintas. Y además (como no podría ser de otra manera) incluso logra ser divertida. Ah: préstenle atención también al dato que tira la primera comentarista.