Como sin duda los lectores más fieles de este blog se habrán enterado, la antología poética si Hamlet duda le daremos muerte, que editó Libros de la Talita Dorada y de la que formo parte, produjo más revuelo que rescates. El motivo del revuelo es un hecho paratextual, algo que ocurrió en la primera presentación del libro: en esa presentación se guillotinó un libro. Ese gesto, sobre el que se ha escrito bastante ya, se convirtió, muy a pesar de algunos, en un acto de yerra, de bautismo casi. Despertó rechazos varios y algunas adhesiones, no necesariamente entusiastas. No pasó, en suma, desapercibido.

Pues bien, ya no hay excusas. Porque ahora si Hamlet duda le daremos muerte está colgado, íntegro y gratis, en Internet, para que cualquiera pueda ir y leerlo. Sólo hay que pinchar en este link para acceder al texto. Yo sigo recomendando el libro físico, la experiencia de tenerlo en el estante, de sumergirse en él tirado en la cama o en el sillón, pero para los que no lo consigan, o no aprecien tanto como yo esa materialidad, o no tengan plata, o quieran reseñarlo o al menos opinar con conocimiento de causa (algunos lo han hecho, eh), ahí está la copia digital, junto a las de otros libros de poesía de la editorial cuya lectura también recomiendo fervientemente.
Bueno, ¿qué esperan? ¡Los quiero a todos leyendo poesía! ¡Habráse visto, caracho!

Empiezo a escribir esto a una semana y una hora del inicio de la presentación en la ex ESMA de si Hamlet duda le daremos muerte (así con minúscula inicial, a pesar de la ilustración que acompaña al post, basada en una versión previa de la tapa). Lo hago apenas siete horas después de levantarme, víctima de la resaca posterior a otra presentación, la del último número de la revista platense Pasajes, en el bar Bukowski. Lindo lugar.
La mención del evento de anoche no es gratuita: sucede que si bebí demasiada cerveza es porque me enfrasqué en una discusión, por momentos áspera, por momentos hilarante, con una muchacha que parecía creer que las etiquetas que les ponemos a las cosas equivalen a las cosas mismas. Tal vez la cosa no hubiera sido tan intensa si una moza desubicada no se hubiera llevado la jarra que habíamos tomado como objeto de experimentación filosófica, pero lo hizo, y entonces la discusión se centró en otras etiquetas: en particular, los apellidos familiares. O un apellido concreto. El de un desaparecido, nada menos.
¡Ah, los apellidos! ¡Ah, los desaparecidos! Alguien también leyó un poema relacionado con eso en la presentación de la revista. Y yo que me vi obligado a explicar vía Twitter que no, que no llevábamos la guillotina a la ex ESMA pero que tampoco iba a haber submarino. Un chiste, ya lo sé, un chiste tonto, igual que el mío sobre aquel apellido. Pero en ese campo (minado) de sentido todo chiste está llamado a volverse agresivo, doloroso. ¿Íbamos nosotros, poetas agrupados bajo la consigna antihamletiana, a reivindicar la práctica de la tortura? ¿Es lo mismo cortar simbólicamente la cabeza del padre (literario) que secuestrar, picanear, fusilar y pasar a la inexistencia civil a una persona indefensa? ¿Cabría asimilar a esas prácticas a un conjunto de autores entre quienes se encuentran justamente algunos hijos de víctimas de la represión ilegal, portadores de apellidos con una carga de tragedia? ¿Pesaría más esa tarde el pasado o el presente de ese lugar donde ayer se torturó y hoy se busca preservar la memoria sobre los crímenes de la dictadura?
La implicación es absurda, por supuesto. Para siquiera empezar a ligar la provocación de guillotinar un libro de Fabián Casas con la aplicación del submarino habría que olvidar que en la ex ESMA hoy funciona el Espacio Cultural Nuestros Hijos (ECuNHi), que el salón donde presentamos la antología se llama Che Guevara y que la colección que lo publicó empezó su andadura editando poemas de autores desaparecidos encontrados en cuadernos y libretas que los secuestradores no se habían llevado de sus habitaciones mudas. Pero el chiste está, y también hay quienes, desde el anonimato, ahora pretenden ubicar a la guillotina axatiana entre las manifestaciones sobresalientes de la derrota cultural (sea lo que sea eso).
No, está claro que no hay mucho afán descriptivo en estas reacciones sino la evidencia (lo dije en la presentación) de que algo está cortando la guillotina. Hemos producido cierta herida evidentemente, al menos un poquito de sangre, y no me parece mal. No soy partidario de la mansedumbre en el arte.
Pero iba a contarles cómo estuvo la presentación, no a extenderme en estas consideraciones. Estuvo buena. No sé para los asistentes, pero sí al menos para nosotros, los autores, por lo mismo que la vez anterior: porque nos conocimos, nos vimos las caras, charlamos y fuimos viendo qué onda, cómo es cada uno, de dónde viene y hacia dónde (cree que) va. Algunos reincidimos pero muchos otros que no habían estado en la presentación en La Plata se arrimaron al ECuNHi y dijeron lo suyo. Entre ellos, gente de otras provincias: la mendocina Eliana Drajer, autora del genial y premiado Muñequitachocadora, por ejemplo.
Quien abrió la velada fue, por supuesto, el editor, Julián Axat, a quien acompañaban en la mesa los poetas Nicolás Prividera (quien también aportó el posfacio), Fernando Alfón y Demetrio Iramain. Entre las cosas que dijo Axat rescato la observación de que la poesía es “el género del futuro", el que pide una humanidad cada vez más entrenada en la lectura breve, pero también en busca de lo intenso.
Luego les tocó el turno a Iramain, Alfón y Prividera, quienes se refirieron a la idea fuerza que sustenta (o no) a SHDLDM como un todo, a la medida en que el pasado puede “pesar” en el presente y a la posibilidad (o no) de formular una nueva poética, alejada de la levedad que campeó en buena parte del ámbito poético local durante el menemato. Iramain se despachó con un poema muy sentido y claramente militante referido a la muerte de Néstor Kirchner, despertando en muchos, quien esto escribe por ejemplo, la necesidad de desmarcarse de esa postura (que idealiza a NK soslayando el pragmatismo esencial y casi cínico de quien levantó permanentemente la bandera de los derechos humanos pero cobijó bajo el ala de su movimiento a Aldo Rico en cuanto necesitó un puñado de votos en San Miguel). Alfón hizo un escrutinio sesudo de la posible influencia del historicismo en la producción poética y Prividera, a quien Axat había introducido como un “aguafiestas", hizo lo posible por acomodarse a la definición y discutió un poquito con todos.
Después vino la extensa, pero para nada aburrida (creo), ronda de lecturas. Yo me di el gusto de leer (la vez anterior había llegado tarde) y elegí un poema de Carolina Mettini y otro de Juan Manuel González Moras. Y tuve el placer de que Marilina Cuesta, a quien no conocía hasta entonces, leyera uno de mis textos. (Esta vez no hubo acuerdo mafioso como el de la ocasión anterior con Dulce Pallero, así que quedé genuina y agradablemente sorprendido por su elección.)
No voy a enumerar a los poetas que leyeron porque no los recordaría a todos, pero se compartió muy buen material. Mariano Schuster, gran declamador, leyó el poema de Prividera, y la neuquina/platense/porteña Vilma Watkins recitó varios, entre ellos uno de su hermano Tomás. Eduardo Rezzano también compartió un texto suyo, bastante intenso. En fin, imposible dar cuenta acá de la impresión que provocó cada texto, cada inflexión; sólo es posible una enumeración parcial, tirar algunos nombres y fotos. Es lo que hay.
Luego de las lecturas fue el turno de ERP (Ejército Revolucionario de Playa), la banda de rock que integra Jorge Areta, uno de los poetas incluidos en SHDLDM e hijo del también poeta Joaquín Areta, “chupado” por la dictadura. En apoyo de la banda se hizo presente un gran afiche de la ASP (Asociación de Surferos Peronistas), cuya actividad política, me parece, habría que empezar a seguir con ojo avizor, al menos por la alta probabilidad de atisbar militantes en bikini.
Sé que lo que voy a decir suena muy derecheto, pero a la salida de la presentación se respiraba energía. Me parece que todos rebotábamos como electrones libres, adhiriéndonos a este grupo, saltando hacia aquel, anotando y repitiendo mails, apellidos, algún fono. Mucho optimismo, tal vez, en un pasillo dominado por las fotos de las víctimas del terrorismo de Estado, pero algún contenido tenía lo que habíamos hecho y quedaba la impresión, al menos para mí y para un puñado de autores con los que hablé, de que ésta no había sido una lectura más.
No quiero cerrar sin dejar asentado el agradecimiento ya transmitido personalmente a Juan Diego Incardona, que nos cedió el espacio del ECuNHi y nos lo ofreció para futuras acciones. Hay que destacar la buena onda de este señor que es, además, un escritor por derecho propio, y que durante mucho tiempo dirigió la infinita revista El Interpretador, de indudable destino mítico.
En cuanto a las fotos: algunas fueron tomadas por Carlos Aprea, otras por Norberto Lalaurette (mi viejo). A ambos, gracias por dejarme afanárselas para ponerlas acá.
Es todo por hoy. Hasta la victoria, a veces.
ACTUALIZACIÓN: A partir de una columnita de Diego Erlan en la revista ñ, ¿aún? no disponible online, en la que el periodista cuestiona el gesto de guillotinar un libro durante la presentación en La Plata, se suscitó una polémica con algunos momentos interesantes en el blog de Irene Gruss, quien comentó brevemente esa columna. Poetas de antes, durante y después de los noventa se dieron cita en los comentarios y dijeron un par de cosas.

Reitero la data para los despistados:
Presentación de Si Hamlet duda le daremos muerte. Sábado 11 de diciembre, 18 horas, en el Espacio Cultural Nuestros Hijos (ex ESMA), Avenida Libertador 8465, Ciudad de Buenos Aires. Al Capone pasaba sus días en prisión tocando el banjo y escribiendo canciones de amor.
Es de mi agrado, como se dice habitualmente, invitarlos a la presentación de Si Hamlet duda le daremos muerte, la “antología de poesía salvaje” que ya está en las librerías porteñas y platenses y que se había presentado en La Plata hace un mes.

Será en el espacio ECuNHi, ubicado en lo que en otro tiempo fuera la tristemente célebre Escuela de Mecánica de la Armada. Y no es casual, ya que, como les contaba la otra vez, SHDLDM es un libro atravesado por la idea que obsesiona a Julián Axat, su editor, de que es posible y deseable “hacer poesía después de la ESMA": un intento de refutación de la boutade adorniana en el ámbito local, que no es otra cosa que una manifestación de lo universal.
Están todos invitados. La entrada es libre y gratuita, por supuesto, pero lleven cincuenta mangos para comprar el libro, que lo vale. Son cincuenta y dos autores, doscientas sesenta y cuatro páginas; no me digan que vieron mejor precio.
Les dejo el dato para que impriman y recorten:
Presentación de Si Hamlet duda le daremos muerte. Sábado 11 de diciembre, 18 horas, en el Espacio Cultural Nuestros Hijos (ex ESMA), Avenida Libertador 8465, Ciudad de Buenos Aires. El pulpo y el calamar tienen tres corazones.

Ahora bien, yo casi me la pierdo (estaba trabajando cuando empezó y llegué un poco tarde), pero de todas maneras voy a contarla básicamente a través de palabras e imágenes de otros, porque, más allá de lo que haya pensado el público, la experiencia fue importante para los autores. Hay entre nosotros poetas con largas listas de publicaciones a sus espaldas, jóvenes hasta ahora inéditos, novelistas que han incursionado en la poesía, grandes declamadores, gente tímida, créditos locales, de todo un poco. El encuentro (porque eso fue, principalmente: la ocasión de encontrarnos por primera vez, de vernos las caras) bajo el signo de la poesía, de una concepción clara y radical de la poesía, dejó sus huellas en cada uno, y hubo quienes hicieron el recuento de esas huellas y presentaron sus informes.

A Fernando Alfón, por ejemplo, lo dejó vivamente impresionado el libricidio de un volumen de Fabián Casas, Horla City, que sucumbió al limpio corte de una guillotina instalada para la ocasión (yo no había llegado todavía). Es la que se ve en la imagen, con nuestro libro encima y el cadáver del de Casas en la parte inferior:
“Escribo este testimonio asaltado, aún, por la fascinación y el asombro", escribió Alfón, fino poeta. “No recuerdo haber presenciado un acto público semejante. Sé que en la Argentina se quemaron libros y otros se enterraron, pero de eso ya hace tiempo. Sé de libros perdidos, y otros no leídos, que es una de las alternativas de la muerte. La guillotina es otra cosa: se trata de un símbolo. La muerte mera, sin más, parece menos definitiva que la muerte a guillotina. Como todo acto simbólico, pretende decirnos algo. ¿Qué fue lo que pretendió éste?”
¿Qué pretendió, en efecto? Los poetas que estábamos ahí, y los que no pudieron estar en el acto pero figuran en las páginas de SHDLDM, no sólo nos reunimos en nombre de la poesía. Nos reunimos en nombre de una operación poética que apunta en contra de otra, que busca socavarla, neutralizarla. Está muy bien explicado en las palabras de Julián Axat, Nicolás Prividera y Emiliano Bustos en sus análisis incluidos en el propio libro, pero baste decir que se busca atentar contra el objetivismo aséptico que caracterizó a parte de la poesía de los noventa, y Casas vino a servir como símbolo de esa época.

Nótese que a mí, personalmente, me gusta Casas, quien además estuvo entre los invitados a una de las charlas que Ramón Tarruella (incluido en la antología) coordinó en el Malvinas y con quien después compartimos una charla amena y estrambótica regada de cerveza y muzzarella. Yo hubiera preferido que se guillotinara un Cucurto, por ejemplo. Pero el gesto simbólico no es contra Casas necesariamente: es contra el apartamiento de la poesía, contra esa actitud noventista de refugiarse en la intensidad del momento mínimo y desconfiar de la política, de lo colectivo, del dolor social.
Los candidatos a la guillotina, dice Alfón, son todos “uno mismo: el padre, en un sentido muy acotado del término: el padre-autoridad.” Y el “tremendo asunto", dice, viene a ser esto de “matar a un otro que nos constituye; matar al otro a partir del cual nos hemos inventado; matar, precisamente, a aquellos a partir de los cuales somos uno mismo".
No es una operación gratuita ni exenta de controversia. Incluso entre los autores incluidos en el volumen, un sondeo no arrojaría uniformidad de criterios. (Sí, he hablado antes del fuerte elemento ideológico subyacente a este libro y del proceso de selección del material, de clara orientación y coherencia. Pero que haya un criterio de selección es mérito del antólogo, no de los autores. Es momento de decir, aquí y ahora, que la imagen de los escritores juntándose en torno de una idea compartida por todos para editar un volumen en común es una quimera. No hay tal cosa. Cuando los escritores se juntan y coinciden en una visión programática no producen una antología sino un manifiesto. En una antología están los que coinciden en una visión general, los que quieren publicar, uno o dos caprichos o protegés del compilador, los que aportan el peso de sus nombres como un favor amistoso… Así funciona.)
No me parece mal, por supuesto. Aunque, desde ya y por las dudas, atajo cualquier sospecha de un intento de “desmarcarme” de la filosofía del libro: soy el primero en abogar por cierta forma de parricidio y me veo tan lejos del noventismo como de las delgadas teorizaciones de una supuesta Joven Guardia que se considera huérfana. “algo tiene que haber de este lado/ de la zanjita", digo en uno de los poemas incluidos en SHDLDM: abrazo la idea fuerza que recorre las páginas de la antología a pesar de que rescate algunos nombres de aquel clan (Laura Wittner, el propio Casas, Mariasch, Viola Fischer, un par más). Pero me parece que intentar congelar el libro en una forma programática sería un error. A lo sumo el programa consiste en dar una especie de patada o, como digo en el poema que acabo de citar, de emprenderla a puñetazos contra la pared para ver si hay algo del otro lado. A partir de ahí, nada, o todo: el espacio de la libertad.
El jueves se dijeron cosas, fuertes algunas ("Aira es un escritor al pedo", tiró Emiliano Bustos en un momento) y otras simplemente sensatas. Yo me perdí casi todo, me parece, pero sé que Axat y Bustos se turnaron en el micrófono para explicar el por qué y para qué del libro mucho mejor de lo que lo he esbozado yo en este post. Tarruella, el anfitrión, moderaba y daba lugar a las preguntas del público, mientras, al nivel del suelo, nosotros aprovechábamos para conocernos en las intermitencias de sus discursos.
El editor, Julián Axat, insistió en un paralelo que viene haciendo hace años y que me parece acertado: traslada la máxima adorniana a la historia argentina y se pregunta si es posible hacer poesía después de la ESMA. Y se contesta que sí. Una de las respuestas, dice y dijo el jueves, es este libro: la constatación de que la poesía no tiene por qué recluirse en el minimalismo apolítico sino que puede dar cuenta de la historia, de los procesos (y del Proceso), de la memoria. Sin por eso caer, agrego yo, en la reducción opuesta, que sería la barricada.
Después vino la parte de las lecturas. Habíamos considerado la idea de no leer nuestros propios poemas sino los de los demás, como una forma de generosidad y de dar lugar a los autores que no pudieron acercarse a La Plata. No hubo decisión formal, sin embargo: hubo quienes optaron por leerse a sí mismos, otros por leer poemas ajenos, y otros más, por hacer ambas cosas. Yo no leí porque llegué tarde, pero tenía una especie de acuerdo mafioso de último momento con Dulce Pallero que estipulaba que quien subiera leería al otro. Ella pasó al escenario y cumplió con su parte: leyó el poema que mencioné antes ("Sobre la ceguera") tan bien, de una forma tan expresiva, que pensé en contratarla para que asista a toda suerte de actos literarios en mi nombre.
Y después, el tercer tiempo, en La Enseña de las Tres Ranas, un restaurante que parece condenado a convertirse en un reducto de poetas. Ahí siguió la discusión sobre poesía y literatura en general pero confieso que la desvié hacia una divagación levemente nietzscheana sobre el carácter animal del hombre y fui blanco de críticas durante buena parte de la noche. Tengo una especie de imán para eso. Después fuimos a jugar al pool con Alfón, Pablo Ohde, Daniel Krupa y Gustavo Caso Rosendi (a quien imaginaba de setenta u ochenta años y resultó tener muchos menos) y yo emboqué más bolas ajenas que propias. También la blanca, que debo de haber entronerado unas once o doce veces. Ahí también opera una especie de magnetismo, ahora que lo pienso.
También Axat dejó por escrito sus impresiones acerca de la velada. En la noche del jueves “rodaron varias cabezas”, afirmó. Se trata, dice, de “cortar de cuajo la angustia de las influencias para acortar los tiempos poéticos"; sucede que los versos buscan, acaso, convertirse en “máquina de guerra". Así nomás es la cosa.
Sofía Silva publicó el sábado, en el diario Diagonales y bajo el título “Nuevas voces para una justicia poética", una reseña de la presentación. Citando a los autores, repasa las motivaciones detrás de la antología y se pregunta: “¿es posible marcar un nuevo rumbo en la poesía, matando (simbólicamente) a sus padres?, ¿cuántos actos de la obra le llevó a Hamlet tomar la decisión de matar a su padre? ¿Cómo surge una nueva voz ante tantas ataduras?”
En síntesis, y disculpen si toda esta larga parrafada concluye en algo tan básico, estuvo bueno. Ahora vamos a la ex ESMA (la presentación será dentro de un mes exacto) y entonces la carga simbólica se manifestará aun con más fuerza, sobre todo luego de que la muerte de Emilio Massera refrescara la memoria sobre lo que fue aquel lugar. Sí: después de eso, después de todo eso tan terrible que pasó ahí, es que seguimos haciendo poesía, señoras y señores.
No quiero ponerle el punto final a este post sin:
(a) decirles que las fotos pertenecen a Delfina Magnoni y Carlos Aprea;
(b) llevarlos a este fragmento del prólogo de Bustos a la antología y a la respuesta que Daniel Freidemberg, allí citado, dejó en forma de comentario. Dejo asentado acá, al igual que en el caso de Casas, que Freidemberg me cae bien. No sé si Bustos tiene razón en lo que dice de él o si Freidemberg tiene razón en la dura acusación que le hace (en el momento en que se produjeron los primeros análisis de la poesía de los noventa yo ni siquiera empezaba a leerla), pero en todo caso vale señalar que el análisis que hace Daniel (linkeado por este blog y que a él linkea) de la producción poética de ese período coincide con el que se esboza en las páginas de nuestro libraco. Contra eso que él llama “poquitismo” escribimos los salvajes.
EDICIÓN: Subsanada cierta ambigüedad del original entre las figuras del editor y del antólogo o compilador, que no son necesariamente lo mismo, aunque en este caso coinciden en la misma persona.