¿No estuvieron el viernes pasado en la Casa del Pueblo? Ah, lástima. Se perdieron bastante. Acá les cuento un poco para que sufran más.
La excusa para juntarse fue “Morosophos Presenta", una convocatoria que juntó poesía, narrativa, teatro de improvisación y rock en un mismo salón, durante las horas en las que el cuatro de junio derivó blandamente hacia el cinco. La convocatoria la lanzó, comprensiblemente, la gente de la editorial independiente Morosophos: un grupo de jóvenes talentosos y no demasiado hippies que más o menos coincide con el grupo poético Hombrecito de Jengibre.
Conozco a alguna gente de ahí (Lucía Alabart Lago es colaboradora de mi revista, a Facundo Arata lo tengo de mis incursiones en Letras como oyente), y además sabía que iba a leer, como poeta invitado, otro amigo, Jorge Nuri. De manera que un poco bueno, como mínimo, iba a estar. Pero además fue un placer conocer a otra gente más que interesante. Es lo que pasa en estas ocasiones.
Quiero confesar que las lecturas de poesía me parecen problemáticas y no siempre agradables. Verán, no sólo está la cuestión de que en todo muestrario de poesía siempre va a haber material que a uno no le guste, sino que en la ensalada entran otros ingredientes: muchas veces no se oye bien, siempre hay alguno que lee mal (demasiado rápido, demasiado bajo, trabándose…), y, en general, la situación estática de unos cuantos tipos en una mesa pasándose el micrófono y leyendo con la vista baja cansa rápidamente.
La gente de Morosophos logró resolver la situación con inteligencia. En principio, la lectura se dividió en partes, con un par de intervalos para morfar y beber; además, hubo en el medio una actuación teatral a la que enseguida me referiré; finalmente, música para cerrar la noche. Pero, además, la propia situación de lectura fue diferente de lo habitual. Las luces estaban apagadas y lo que proveía la iluminación para que los poetas pudieran leer (bueno, pudiéramos, porque yo también leí dos poemas: “No es forma” y “Nuestra”) era la proyección en la pared del fondo de fotos de esa misma noche que iba sacando un señor provisto de una cámara que más parecía una pistola de rayos láser salida de una película de los cincuenta. La que más sufrió fue mi acompañante, una chica que odia que le saquen fotos y que fue escrachada no una, sino dos veces en tamaño gigante. (Acá no se reproducen esas imágenes por piedad.) Para el resto, fue de agradecer: quien se cansara de la lectura o no entendiera lo que se estaba leyendo en ese momento podía concentrarse en las fotos, adivinar cuál vendría después, sufrir ante la posibilidad de aparecer ahí con las arrugas en primer plano.
La intervención de los JESI (Jóvenes en Situación de Impro) fue sencillamente genial. Los tipos agarraron un libro cualquiera de los muchos que estaban disponibles en la mesa (yo me llevé Los poetas naturales, una antología de verseros necochenses entre los que está Lucía Alabart) y se mandaron un sketch muy divertido a partir de dos títulos al azar. En rigor y según el implacable argumento de los propios Jóvenes, no puedo recomendar el espectáculo, ya que ustedes no lo van a ver: lo que verán, si asisten a algún espectáculo de JESI, es otra cosa, una situación azarosa, algo irrepetible como lo que vi yo. Así que no tiene sentido que les cuente lo que hicieron. Sí les digo que son talentosos y muy graciosos.
Y, finalmente, la música, a cargo de Pérez, banda que ya conocen los lectores habituales de este bloc.
No teniendo un audio para colgar acá, no hay mucho que decir de la actuación de Pérez. Sólo que fue tan prolija y contundente como siempre, que el cantante (MI AMIGO Ramiro Sagasti) pidió una cerveza y me parece que no le dieron, y que después de unos minutos de tocar se sacó el pulóver y se convirtió en Gandalf el blanco bajo la luz de los reflectores.
En resumen, una noche bien pulenta, que debería repetirse pronto. Si no estuvieron, ya saben: la próxima vez que vean “Morosophos Presenta", JESI o Pérez, separados o en combinación, vale la pena ver de qué se trata.