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No es el primero que lo dice.
No es la primera vez que lo pienso.
No es algo excesivamente original.
Pero viene bien plantearlo.
Marcos Quiroga se pregunta, y yo, sin ser del palo, me pregunto con él: ¿es toda la música argentina tan buena como uno podría creer leyendo los artículos que se escriben y publican sobre ella?
El tema parece menor, pero no lo es: si los periodistas que se dedican a la política, la economía u otros ámbitos tuvieran ese optimismo permanente rayano en la obsecuencia que parece caracterizar a casi todo el periodismo musical argentino, caerían en el descrédito más profundo y serian acusados de no tener independencia y acaso de ceder al oro del poder.
En el ámbito de la música (y me animaría a decir también en el de la cultura en general), el periodismo tiende a subrayar todo lo bueno y a no formular más críticas que las obvias, como si un nuevo disco, libro o ciclo de cine fuera siempre una buena noticia. Lo malo parece venir siempre por el lado de la ausencia: nos quejamos de que no se fomenta la lectura, de que no se presta la suficiente atención a los nuevos autores, de que los músicos tienen dificultades para editar sus placas... pero toda novedad parece ser automáticamente una bendición.
¿No será mucho? ¿No asistimos a algo así como la mediocridad del festejo permanente?
Sé que, como en todo, hay matices, pero a veces me pregunto por qué en los debates sobre ética y calidad periodística no figuran estas cuestiones. Que son más importantes de lo que parecen.