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Las condiciones perturbadoras que persisten constituyen un tema supremo del discurso político. Los niños reciben información sobre los problemas sociales en la escuela, los periódicos reseñan éxitos y reveses en su abordaje, y los estudios académicos y gubernamentales examinan sus causas, su naturaleza, su incidencia y sus consecuencias. Pero pocas veces son resueltos, salvo en el sentido de que ocasionalmente se los purga del discurso común o se los discute en términos legales, sociales o políticos cambiados, como si fueran problemas diferentes. Alternativamente, condiciones aceptadas como inevitables o no problemáticas pueden llegar a verse como problemas, y condiciones perjudiciales pueden no ser definidas en absoluto como cuestiones políticas. (…) Como por lo común hay consenso acerca de las prácticas sociales de larga data, sólo un pequeño subconjunto de ellas se convierte en problemas, probablemente no las más perjudiciales.
Un tema central de este análisis, entonces, es la diversidad de significados intrínsecos de todo problema social, que parten de la gama de preocupaciones de los diferentes grupos, a cual más interesado en seguir ciertos cursos de acción y llamarlos soluciones. (…) Así como los problemas son rótulos de agrupamientos o diferencias, sus soluciones son creaciones de las contradicciones y vacilaciones que promueven los abogados de las diferentes políticas. (…) En un sentido crucial, los problemas son creados de modo tal que se pueden ofrecer razones particulares para la aceptación pública y (…) proponer ciertos remedios particulares.
—Murray Edelman: La construcción del espectáculo político
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