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Puedo entender que "no le importa nada" sea un elogio. Yo mismo lo he usado así. La expresión denota admiración por alguien que no se deja intimidar por las convenciones, que pone en perspectiva las cosas y desprecia las limitaciones que el resto de nosotros nos autoimponemos. Pero también entiendo que Osvaldo Bazán deplore el uso de la expresión en forma de alabanza cuando es evidente que resulta demasiado literal. Él habla de la televisón, un ámbito que, lo sabemos todos, es particularmente despiadado. Allí, "no le importa nada" suena tan parecido a una afirmación literal que uno no puede evitar algún escalofrío al ver cómo la frase se convierte en la definición de un valor. Es lo que rescato de su columna en HiperCrítico, donde lamenta, y no sin razón, que el saber y el pensamiento tienen poco o nada que ver con el trabajo de un productor televisivo. "Hoy un productor de televisión tiene que ser bruto", dispara Bazán. Y puede ser.
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