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ATENCIÓN: Este post incluye lenguaje soez. Quien se sienta molesto por eso está invitado a detener la lectura en este punto. Gracias.
Ya todos saben*de qué se trata, me parece, pero por las dudas les dejo el link a este post de Facundo Falduto en el que resume sencillamente lo que pasó. Por comodidad les dejo también otros cuatro links básicos:
Ahí están los elementos fundantes del Piropogate (o Pijazogate, para los más rebeldones), así que ya estamos básicamente en la misma página. En la blogosfera hubo todo tipo de reacciones y este post es una más, tardía sin duda: siempre llego último a los debates. La ventaja de eso es que uno puede obviar todos los argumentos ya meneados hasta el cansancio y limitarse a enfatizar lo que no se ha dicho o se ha dicho poco. Que es exactamente el punto de mira de los tentativos párrafos que siguen. Sobras de debate, podríamos llamarlos: restos de un festín de notas, comments y mails. No más que eso.
Ah, por cierto:
Dos firmas internacionales decidieron retirar su pauta publicitaria de la revista El Guardián, propiedad del ex banquero menemista Raúl Moneta, luego de que uno de sus periodistas se expresara en una columna semanal en términos ofensivos contra una activista que promueve una campaña para oponerse al acoso callejero y los piropos ofensivos. “Me encantaría romperle el argumento a pijazos”, escribió. En su blog personal fue aún más explícito.
No. Lo que dice Terranova, en contexto, es:
Termino así con un deseo para este 2011: encontrar a Inti María Tidball-Binz en un vernisage, tomar juntos una copa y luego decirle que me encantaría romperle el argumento a pijazos. Salud.
Decir media verdad es mentir. Entiendo que la colega esté de acuerdo con la campaña de Hollaback (lo había demostrado en una nota anterior en la que las opiniones divergentes ocupaban un lugar muy pequeño hacia el final, casi descolgadas del artículo), pero una cosa es la subjetividad y otra la alteración maliciosa del sentido de lo que se cita. Nuevamente: esto no hace más hiriente la herramienta, sino que la vuelve roma, imperfecta, en definitiva la degrada. El artículo de Carbajal tiene mucha menos fuerza por esto.
(¿Tengo que explicar por qué lo que escribió Terra no es lo que cita Carbajal ni la amenaza explícita de violación que denuncia Tidball-Binz? Ah, me parecía.)
NOTA: Tal como lo señala Carolina en uno de los comentarios a este post, la había pifiado con la cita y había puesto un fragmento de la columna de Elsa Drucaroff, mencionada más abajo, en lugar del párrafo de la nota de Carbajal a la que apunta el link (que sí era correcto). Como se ve, la descontextualización es la misma: hubo un error en el copy/paste, pero mi argumento se sostiene.
Pero claro, en el caso que nos ocupa no se trata de militantes, ni de guerrilleros o guerrilleras, ni de judíos o judías, ni de negr@s. Acá se trata de mujeres que encima son feministas. Y sobre las mujeres (ni qué decir sobre las feministas) hay quienes creen todavía que pueden escribir cualquier cosa.
¿Puede? ¡No! ¡Podía! ¡Ya no! Ahora el que lo hace, lo paga. Yo lo celebro y llamo a mis hermanas y a los hombres sensibles, pensantes, buena gente, a que lo celebremos juntos.
El énfasis en la cita es de la propia Drucaroff. Yo quiero enfatizar, sin embargo, esa última oración, ese “llamo a mis hermanas y a los hombres sensibles, pensantes, buena gente". (No figura, ese párrafo final, en la columna tal como fue publicada por el diario, pero sí en el perfil de Facebook de la autora y en varios blogs que han reproducido su texto.) ¿No seré sensible ni pensante si no estoy de acuerdo con la columnista? ¿Ningún hombre que haga una propuesta directa de sexo anal puede ser buena gente? ¿El sexo no admite jamás un ingrediente de violencia, es decir, cualquier imagen violenta como la de romper un culo implica necesariamente la idea de violación? ¿Y qué será, digo yo, ser “buena gente” según los parámetros de Drucaroff? So many questions, so little time.
La práctica ya está instaurada y Hollaback la asume con orgullo. Tidball-Binz se ha lanzado a un territorio inexplorado en la Argentina: el abandono de la discusión en favor de un lobby descarado y frontal, apoyado cínicamente en las leyes del mercado. Es efectivamente el descubrimiento de una terra nova que otros se apresurarán a colonizar, alentados por la legitimación social de esas vías. Lo que hasta ahora se hacía en silencio y con culpa ahora será anunciado y justificado con euforia. “En Atrévete!/Hollaback! promovemos el derecho de expresión y como con cualquier movimiento habrán quienes estén de acuerdo y quienes no. Nosotros toleramos la crítica, el diálogo y el análisis, pero la violencia sexual jamás", afirma el post de la victoria, en una deslumbrante demostración de doublespeak que convendrá tener muy en cuenta.
“Parece que toda la Capital es un gran acoso en potencia”, escribe Josefina. Sí, claramente. A esto hemos llegado. La calle, el espacio del siempre incierto encuentro con el otro, es definida por su potencial para el acoso, para la agresión y la violencia. De todos los predicados que se le pueden poner a una ciudad de diez millones de habitantes, la anécdota individual parece habilitar éste.
Por un@ mism@:Atrévete promueve tu derecho de ser tu mism@. De ser alguien que no tenga que aguantarse o seguirse cuando le ofenden, alguien que tenga una respuesta tajante cuando se metan con ella/el. Alguien que sepa que tiene el derecho de definirse en vez de ser definid@ de acuerdo al punto de vista de algún acosador. Porque nadie es simplemente una lista de adjetivos. Tenemos el derecho de ser quien somos, no lo que otros digan; Derecho a decidir quienes queremos ser cuando salimos de nuestras casas, lo que eso signifique ese día o esa hora para nosotr@s.
Pido disculpas por el castigo visual de las arrobas: están ahí en el original, qué le vamos a hacer. Digresión aparte, y sin recorrer toda la serie de objeciones de lógica elemental que se le pueden hacer a este párrafo, destacamos esto: no hace falta recurrir a textos teóricos o a una intuición genial para notar que siempre nos define la mirada del otro. La pretensión de desprenderse de eso es utópica. Como el que se va a vivir a un country para alejarse del fantasma de la inseguridad social, Hollaback quiere que la calle sea un espacio cerrado en el cual toda comunicación esté altamente codificada y limitada de antemano. En rigor ya es y siempre ha sido así, pero lo nuevo es que la tolerancia está ahora en niveles de histeria. El otro es, primero, una molestia y una amenaza; después viene el resto.
Y esto es lo más pernicioso de todo. Que la posición de Hollaback, privatizadora y derogatoria del espacio público, análoga a la limitación de las libertades individuales por razones de seguridad, tenga tanto crédito en el banco social. Es un paso en la dirección que no queremos: la de volvernos cada vez más extraños unos a otros.
Hace poco (14.03.11) Alejandro Soifer escribió Una de cal y una de arena. ¿Qué esperás para leerlo?
Hace poco (26.02.11) Santiago Ambao escribió El accidente. ¿Qué esperás para leerlo?
Hace poco (21.04.11) marcelo escribió El principio es la terminación.. ¿Qué esperás para leerlo?
Hace poco (23.04.11) Bastadesexismo escribió Hacer pis de pie, ¿sólo para varones?. ¿Qué esperás para leerlo?
Hace poco (24.04.11) ugemitch escribió Desagradable II. ¿Qué esperás para leerlo?
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