| « El cambio en Ciudad Abierta | Buscar, armar, vivir, preparar, sentir, curarse » | Post al azar |
La memoria es algo muy caprichoso: uno olvida fechas importantes, vencimientos de facturas abultadas y eventos trascendentes de su propia vida, pero recuerda aniversarios de menor cuantía como si hubieran sido impresos en algún lado. A lo mejor es porque ciertos incidentes mínimos dejaron alguna huella más o menos duradera en uno. Hoy es, para mí, uno de esos aniversarios extrañamente recordables.
Hace diez años empezó mi romance con la radio. El 16 de mayo de 1996 tuvo lugar la primera emisión de "El Alambique radial", un programa que emprendimos a pulmón con algunos compañeros de facultad. Iba por FM Suburbana, de Almirante Brown (algunos lectores de este blog la conocen porque allí hacía por entonces su programa el Tano Enzo), y tenía todos los ingredientes de una emisión hecha por periodistas no del todo profesionales pero tampoco del todo aficionados. Ambicioso, ingenuo, débil y potente a la vez, "El Alambique" duró poco y casi no tuvo audiencia, pero fue todo un hito, al menos, en mi vida. Yo había hecho radio antes, en la misma emisora, pero no había llegado a enamorarme de la radio. Eso sucedió en cuanto empezamos a salir al aire con nuestro propio programa.
Quisiera decir que la experiencia terminó tan gratamente como había comenzado, pero no fue así: lo que había sido un proyecto común edificante y placentero se disolvió rápidamente en una miríada de reproches, mezquindades y reclamos justos e injustos. En agosto me fui, despidiéndome al aire de la manera más sincera posible. El programa siguió sin mí durante unos meses más. La última emisión, el cierre del ciclo, fue especialmente amarga, por razones que no contaré por el mismo motivo por el que no nombro aquí a quienes me acompañaron en ese proyecto.
Sin embargo, nada de eso logró manchar el intenso amor que le tengo a la radio desde entonces. Y eso que, en estos diez años, me mantuve alejado del medio, excepto por un breve intento de regresar con mi propio programa, que duró exactamente dos emisiones. El micrófono es magia, es, para mí, algo parecido a la felicidad. Por eso recuerdo ahora este día que no significa mucho pero sí, y que nadie más tiene motivos para recordar.
Comentarios recientes
apuntes sobrelpúchicos
apuntes sobrelpúchicos
apuntes sobrelpúchicos
apuntes sobrelpúchicos
apuntes sobrelpúchicos
apuntes sobrelpúchicos
apuntes sobrelpúchicos