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Si en su último día de vida Bernardo Neustadt habrá reflexionado en lo que es ser un periodista.
Si los últimos saludos que recibió fueron "Feliz día", y cuántas veces se repitieron a lo largo de la mañana.
Si pensaba cada tanto, al menos cada 7 de junio, en lo que significaba su trabajo, en qué hacer con la verdad, en la para bien y para mal ineludible dimensión ética de la profesión.
Si habrá sido íntimamente consciente de lo que fue y es, si habrá sentido alguna emoción especial ayer frente al tamaño de su propia figura en el universo del periodismo argentino.
Si se consideraba portador de algún legado. Si estaba satisfecho con el lugar al que llegó. Si echó una última mirada a la generación que hoy lleva malamente la antorcha y si, en su caso, esa mirada estuvo teñida de orgullo, de rencor, de decepción, de envidia, de indiferencia, de cautela, de esperanza o de qué.
Si murió como periodista o si, en esos momentos finales, nada de esto tuvo la menor importancia.
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