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"Cuando yo tenía seis años, mamá reemplazó a papá por una caja de herramientas naranja." A Natalia Moret, efectivamente, se le dan bien las manualidades: la prueba está en esa forma de desovillar fotos, de hilvanar apuntes agridulces hasta formar un tapiz en el que entran pinceles en aguarrás, Aspirinetas, bolsos mal terminados, tardes improductivas, enhebradores de cincuenta centavos y estrategias de planificación familiar. El dibujo es desconcertante: "Aprendí que una familia sigue siendo una familia si no tiene un padre o un botiquín de primeros auxilios, pero deja de serlo si no tiene una caja de herramientas."
Romina Jorge, artífice del blog En el medio, da su visión acerca de la conferencia de prensa de la presidenta Cristina Fernández, el sábado pasado. En los comentarios, otros colegas aportan sus propias perspectivas, a veces contrapuestas. Un debate interesante (dicho sea de paso, los debates interesantes se reconocen cuando uno se encuentra dándoles la razón a dos o más personas que se contradicen entre sí).
La amiga Vontrier me pasa un meme y yo, emocionado porque es la primera vez que esto me ocurre, cumplo con la consigna, a pesar de que me resulta taaan difícil encontrar CATORCE (sí, catorce, ¿por qué no siete o veinticinco?, misterio) pequeñas cosas que me hagan feliz. Es difícil (de ahí que haya tardado tanto) porque hay muchas cosas que me hacen feliz y que son grandes. Pequeñas cosas, a ver... Ah, no. Primero las reglas.
1. Escribir 14 "pequeñas cosas" que te hagan feliz.
2. Copiar primero las reglas.
3. Seleccionar 6 bloggers para que sigan con el meme.
4. Avisarles a los bloggers seleccionados.
Bueno, ahora sí. Catorce pequeñas cosas que me hacen feliz:
1. Mis sobrinos (7 y 3). (Ésta es la respuesta políticamente correcta. Todos los bloggers que tienen hijos ponen primero a sus hijos. Sospecho que algunos mienten, jejeje.)
2. Pasar una semana de mis vacaciones tirado panza arriba.
3. Hacer puchero, lasañas o tortilla y causar admiración generalizada.
4. Hacer asado, aunque no cause la admiración de nadie.
5. Mi órgano reproductor. (Bueno, también me hace infeliz a veces.)
6. Comprar un libro inconseguible.
7. Leer un gran libro o ver una gran película.
8. Pasear por Parque Saavedra, sin prisa alguna. (Ésta es la respuesta en la que confieso que mis recuerdos felices del Parque Saavedra son también tristes a partir de la ausencia de las chicas que los hicieron felices en primer lugar, especialmente si en mi recuerdo suena el Adagio for strings.)
9. Hacer mierda a un hijo de puta. (Mediante la palabra, claro.)
10. Que me inviten a algún lado.
11. El mate bien hecho (difícil).
12. Dormir en cucharita (en invierno).
13. Caminar bajo la lluvia (en verano).
14. Que una chica me diga "me hacés reír".
Bueno, cumplí con mi parte, y ahora viene la venganza: pasarles el fardo a otros seis bloggers. Mmmh. A ver, a ver:
1. Greta
2. Juan Pablo
3. la Trotamundos/la Mujer Imperfecta (la que esté más dispuesta)
4. David
5. mara la sacatraca
6. Miguel
(No me odien mucho, please.)

Éste es el abrazo que tengo para ustedes en el Día del Amigo. Pásenlo rebién y sepan que los llevo en todas mis aurículas y ventrículos. O sea, que los quiero, bah.
Que este post figure entre los primeros quince resultados de la búsqueda tetas en Google para páginas de Argentina: (a) revela que Google le da demasiada importancia al factor de actualización de los blogs en detrimento de otros mucho más relevantes; (b) habla muy mal del trabajo de optimización de otros sitios Web argentinos que muestran tetas por doquier; (c) hace lamentar la escasez de tetas argentinas en la Red; (d) me obliga a aclarar que no era mi intención que la gente llegara a mi post buscando tetas (no hay, salvo en forma de recuerdo); a lo sumo era consciente de que esa mención actuaría como gancho para que más gente vaya a leer las microrreseñas de los cuentos de Uno a uno, pero de ahí a estar en las primeras dos páginas de resultados... naaah. Internet me sorprende día a día.
La presencia de bloques de avisos en este post es un experimento tendiente a verificar qué tan decepcionados se quedan los navegantes que entran acá buscando imágenes de senos humanos. Es decir, si se van de nuevo a la página de resultados o, por el contrario, deciden seguir el primer link que ven que se relacione con la búsqueda. Para asegurarme de que el anuncio diga lo que tiene que decir, repito (tápele los oídos a su hijo, señora): tetas.
NOTA: Mmmh. Parece que ahora es el propio Google, a través de AdSense, el que no quiere entender de qué se trata esto. ¿Habrá que repetírselo hasta que le entre? Tetas, tetas, TETAAAAAS.
Robin avisa: "Rápido. Pensemos el concepto de una película de ciencia ficción distópica así podemos filmarla acá."
Vía ELVIStazo llegamos a Discos bizarros argentinos y, de ahí, a este hallazgo increíble, apto para inaugurar la categoría "música" en el planeta Sebastián: una vieja canción de Nicole Neumann en la que podemos oír a la adolescente repitiendo "No quiero estudiar/ I wanna go home". (We want her to go home as well.)
Que Quintín dedique parte de un post suyo a responderme está bueno.
Que yo le deje un comentario para responderle y él me pida precisiones quiere decir que le prestó atención a lo que le comenté, lo cual también está bueno.
Que yo deje otro comentario a la una menos diez de la mañana diciendo que el personaje X no me gusta y confunda el personaje no está bueno.
Por eso, y porque el pedido de borrado de ese segundo comentario (vía un tercer comentario) evidentemente no tuvo eco, aclaro acá: no es cierto que no me guste el "personaje" Diego Máteryn. No tengo nada contra Máteryn y, de hecho, no lo conozco. Me gustó mucho su cuento en Uno a uno y también las respuestas al cuestionario planteado en Hablando del asunto; y esas cosas son todo lo que sé de él. Sencillamente, me confundí de escritor: cosas que pasan cuando uno escribe comentarios a la una de la mañana. No debería hacerlo más. Diego, seas quien seas, todo bien.
Lo iba a decir en su momento, al ocuparme de su cuento, pero ya que estamos lo digo ahora: el personaje que no me gusta es éste, es decir éste. Nuevamente, no lo conozco, y obviamente no estoy hablando de la persona sino del personaje virtual que asume al postear en su blog o al rellenar cuestionarios; el relato, en cambio, me pareció bastante bueno, como pronto se verá.
A menos que uno tenga de ocho a catorce años y sea fan de la saga de Harry Potter, es muy inusual la sensación de esperar la salida de un libro como se espera la llegada de una estrella pop extranjera o el estreno de una megaproducción cinematográfica hollywoodense. No voy a decir que en la misma medida, pero sí con la misma sensación de fondo, esperaba yo la aparición en las librerías de Uno a uno, la última antología de cuentos de autores jóvenes lanzada por Mondadori en la colección (o sello, no sé realmente) Reservoir Books.
La razón no es que me interese particularmente la obra de alguno de los diecinueve autores, aunque disfruto del trabajo de dos o tres de ellos cada vez que se pone a mi alcance, sino que el eje temático del libro, la década del noventa, me llamaba, por decirlo así. Verán, yo de chico dibujaba historietas y escribía cuentos malísimos, pero empecé a escribir poesía en los noventa; mis mejores años (en competencia directa con éstos en que estoy aprendiendo finalmente a ser) transcurrieron a la par de la convertibilidad, el efecto tequila y las caídas casi simultáneas de las Torres y de De la Rúa. A mediados del fatídico 2000 prologado por Marley (!) me puse de novio y ahí cambió la historia, porque empezó un período de mi vida en que no fui sólo Sebastián sino Sebastián y Ella (please no me vengan con lo de la posición del burro). Fue otra historia, una compartida, la que marcó el cambio de década para mí. Pero los noventa fueron los años de... todo: de la escritura, del descubrimiento, de la frustración, de la vergüenza, del enamoramiento, del desastre, de la envergadura, de la ilusión, del odio, de la euforia, de la tristeza.
¿Qué podrían decir sobre eso diecinueve jóvenes autores argentinos, apenas un par de años menores que yo en promedio? Tengo 33 (please no me vengan con ese revolucionario que mataron hace tanto tiempo) y por allí andan ellos también: compartimos una constelación de cosas, a lo mejor también cierto pulso literario. Me propuse averiguar cuánto de mí estaba en estos cuentos. También, reseñarlo del mismo modo que hice con las antologías anteriores, En celo e In fraganti.
Finalmente llegó el libro (gracias Diego). Pero no pude lanzarme sobre él con la velocidad que hubiera querido. Primero fue mi (breve pero ampliamente publicitado, jejeje) viaje a Londres por razones de trabajo; después, la dedicación intensa a un proyecto artístico propio del que por ahora no puedo hablar. Y recién ahora encuentro el tiempo para dedicarme a la lectura atenta de Uno a uno.
Como esto es así, y como ya viene pasando bastante tiempo desde la salida del volumen, voy a hacer lo que hice con In fraganti: una "reseña líquida". Voy a ir colgando las críticas de los cuentos a medida que vaya completando sus lecturas, que en algunos casos vienen siendo múltiples. So stay tuned.
Mientras tanto, pueden leerse las reseñas que ya aparecieron (o están apareciendo de a poco, en el caso de Quintín) y que Diego Grillo Trubba, el editor de la antología, menciona acá.
ACTUALIZACIÓN: Estoy colgando mis microrreseñas acá.
HALL OF SHAME: Play Cinema
Para viajar a Londres vía Barajas, por Iberia: pasaporte.
Para asociarse al videoclub "Play Cinema" de calle 55 entre 11 y 12, La Plata: DNI; facturas pagas, de los dos últimos meses, de un servicio a tu nombre que no sea teléfono celular. O contrato de alquiler original.
NOTA: Tanto en Ezeiza como en Barajas y en Heathrow te pasan la valija por un escáner y a vos por un detector de metales; creo que al "Play Cinema" se puede entrar sin problemas con un arma de fuego o una bomba (no lo sé con exactitud debido a que no me asocié).