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Beatriz Sarlo estuvo anoche en el piso de Canal 7 para participar de 6 7 8, la avanzada catódica del gobierno nacional. La visita de Sarlo fue muy anticipada y generó un torbellino de reacciones en Twitter a medida que transcurría el programa.
Para los que no lo hayan visto:
Aquí, nueve notas sueltas sobre lo que pasó ahí. Otra vez ofrezco observaciones laterales, fragmentarias, ya que es mucho lo que se ha escrito antes y después del debate y no me parece necesario repetir lo que ya se ha dicho en demasía.
Es una postura muy habitual. A mí me parece errónea. Así lo dije en algunos comentarios al primer post mencionado y, ya que voy a repetir argumentos, mejor copio y pego acá las partes relevantes, es decir, me autocito:
Lo que cuestiono es justamente esa idea de que prestarse al debate es dar pábulo, “dar prensa” al oponente. Es como si Sarlo ya hubiera perdido antes de abrir la boca; como si todo lo que pudiera decir, todo lo rico y complejo que pueda surgir de esa discusión, quedara anulado por una especie de sensación general y muy básica de que su mera presencia “legitima” algo. Es una noción achatadora, pobre (…) Usé “dar prensa” en el sentido más general en que se entiende esta frase: dar lugar a cierto discurso desde un espacio que se considera legítimo, socialmente funcional. (…) Esta noción impugna de entrada todo resultado propio del debate en sí, toda chispa que pueda encender en el pensamiento, toda sinapsis nueva que pueda surgir de él. (…) Es como si todo terminara en el momento en que Sarlo se sienta en la silla de los invitados y es presentada al aire. Qué forma de subestimar el poder de las palabras y las ideas.
¿Por qué no iba a ser justamente 678 un lugar de diálogo? Los debates políticos (o de cualquier otro tipo) no tienen lugar nunca en un espacio etéreo y balanceado, no hay quien alise perfectamente la cancha antes del match: los debates realmente existentes se ubican siempre en un campo desnivelado, en el territorio de alguien. Corolario: siempre se producen utilidades laterales al centro del debate, siempre hay usos que tienen que ver con la legitimación, el prestigio, el balance de fuerzas. Pero esto no los invalida. Sarlo podrá hacer aportes a pesar de la utilización de su presencia, así como Barone, pongamos por caso, podrá encontrarle alguna fisura y aportar también cosas interesantes. Luego estas cosas podrán ser recordadas, podrá haber rebotes visibles o invisibles, etc.
En fin, si Sarlo fuera a otro ámbito diferente de 678 podría estar más cómoda y evitar esta utilización que señalás, pero también se perdería de llegar directamente, sin filtros, al público de 678. El precio de llegar al otro es acercarse lo suficiente, ponerse a tiro.

Sarlo es televisiva. Es la más televisiva de las personas que anoche poblaban el estudio de 6 7 8. Ni los avezados Orlando Barone y Sandra Russo, ni el conductor Galende, ni los humoristas Barragán y Cabito (cuya función sería justamente introducir espontaneidad, descontracturar, televisivizar un programa que al fin y al cabo es de ideas y tiene un núcleo árido), ni los invitados Forster y Mariotto ni mucho menos la pobre Nora Veiras lograron compensar la presencia en cámara de la antagonista. El caso de Veiras (repito: pobre) es notable, porque su intervención, temblorosa, vacilante, casi tartamudeante, fue la única que logró desacomodar a Sarlo y obligarla a pilotear la respuesta a una acusación que fisuraba su credibilidad. Yo no sé si Sarlo dijo la verdad o mintió al afirmar que lo que Veiras leyó en la revista Debate no fue lo que ella dijo, pero sí sé que la imputación (aun carente de peso real, porque en todo caso se hubiera tratado de encontrarle a la invitada una falla menor, de sorprenderla en un renuncio) debió haber sido un mazazo en cámara, un punto indiscutible para el programa, y sin embargo todo se resolvió en un duelo de actuaciones del que Sarlo salió airosa, mientras que su interlocutora cedía implícitamente el derecho a la palabra por su indecisión y su falta de timing.
Por eso no me sorprende el papel que Mariotto hizo en el debate de anoche. Su papel fue defender hasta la hipérbole las acciones del gobierno nacional, y en el proceso olvidó casi todo el contenido de los textos sobre teoría de la comunicación que se ven en primer y segundo año de la facultad que tuvo a su cargo, optando por pintar a los mass media según la óptica de una teoría en particular, la hipodérmica, que ya ha sido suficientemente superada. Sarlo se lo hizo notar, pero no hubo caso: para Mariotto, para el gobierno, los medios son dueños de una capacidad inmediata y absoluta de influir sobre los cerebros del público, de ahí que se los demonice tanto. Elementalidad, falta de matices, apelaciones a lo popular y a lo emotivo ("Rodolfo Walsh está en el corazón de todos"). Nada nuevo, en fin.

Yo más bien creo que vos has asumido un posicionamiento, absolutamente válido desde tu mirada, que lee esta época desde una perspectiva que lleva la forma, en general, de la artificialidad, la impostura, la ficcionalización, la herencia bajo nuevos formatos mediáticos de lo que era la trama menemista.
En mi barrio, eso es piña. Sarlo rechazó la acusación ("Nunca fui partidaria de Baudrillard"), pero lo que estaba dicho estaba dicho. Sin embargo, no hay ahí demasiada profundidad. Lo que creo que manejó bien Forster, además del lenguaje, es el clima: cada una de sus intervenciones fue calma y trajo calma al ambiente, aun cuando estaba diciendo esas cosas terribles. Incluso sus protestas ("Beatriz, te aseguro que he leído tu libro con mucha atención") fueron moderadas, caballerosas.
Por otra parte, a Forster se lo notaba como obligado a constreñirse a cierto discurso, y hacia el final de la emisión había descendido a la mera reproducción de la jerga política cotidiana. Una pena. A mí me habría gustado que Mariotto no estuviera y que Forster y Sarlo hubieran podido trenzarse un poco más; para eso habría hecho falta, sin embargo, que Forster se despojara un poco de su corset cartabiertista y se animara a encajar alguna crítica al kirchnerismo, porque se le pueden hacer muchas.
Esta diversidad de interpretaciones abona la lectura del crítico sanclementino, por cierto: parecería que los kirchneristas han obtenido un triunfo más allá de todo lo que se dijo en las dos horas de charla, o al menos así lo ven. Yo sólo puedo insistir en que lo que había de este lado de la pantalla eran miles, decenas o cientos de miles de cerebros, y que mucho de lo que se dijo ahí puede haber abierto ojos, establecido sinapsis, ligado cabos mentales en un sentido u otro. Reafirmo que los debates están para darlos, no para eludirlos. Los usos de lo que ocurrió anoche se han puesto en marcha de inmediato, pero sus resultados profundos, lo que implica para el pensamiento, son invisibles, como sucede habitualmente con las operaciones de la dialéctica y la razón.
ACTUALIZACIÓN: Un apunte adicional acerca de lo que Sarlo dijo/no dijo sobre la influencia de los medios.
Hace poco (19.11.09) Julio-Debate Popular escribió Intense Debate en mi blog para ustedes. ¿Qué esperás para leerlo?
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