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Bueno, la cosa es así: a algún usuario de Facebook se le ocurrió que, a días de la conmemoración del golpe militar de marzo de 1976, sería buena idea convocar a una baja masiva de fotos de perfil, de manera que donde antes se podía ver la propia foto, o la foto del propio perro, o el lugar de las últimas vacaciones, o lo que fuera que cada uno hubiera elegido para mostrarse ante el resto de los usuarios, sólo pudiera verse el ícono que la gigantesca red social reserva para los perfiles sin foto: la silueta de una cabeza humana masculina, en blanco sobre lila. Parece que el año pasado se hizo; yo, en todo caso, no lo advertí, así que evidentemente no fue masivo.
Pero esta vez prendió. Creo que más de la mitad de mis contactos de Facebook con actividad frecuente tienen ahora esa silueta vacía como imagen de perfil. No fue por eso, sin embargo, que me enteré de la movida: fue porque me invitaron a participar. Un amigo me puso un mensaje en mi muro proponiéndome que me sumara al borrado general de fotos, para llegar al 24 de marzo como una imagen vacía.
Dije que no. Aun admitiendo que soy una persona excesivamente dada a la ironía, creo que nadie puede dejar de advertir el evidente simbolismo de lo que se propone. Pero entonces ¿repudiaremos el horror de la desaparición forzada de personas jugando a desaparecer?
No. Yo paso. En el momento la propuesta me resultó de un mal gusto intolerable: sentía que me estaban proponiendo prenderme en un jueguito tonto, tan tonto como cualquiera de los grupos que pululan por Facebook apoyando causas diversas sin mover un átomo en el mundo real hacia la consecución del fin anhelado. Pero además el simbolismo me parecía, y me parece, pernicioso: no sólo no suma sino que trivializa la horrenda realidad de la desaparición forzada, de la tortura y el asesinato. Me invitaban a hacer un par de clics y ya, a un pluff digital de fácil reversión en nada parecido al sufrimiento de los miles de personas a quienes se quiere recordar. Recordar… uniformando sus muertes bajo una misma máscara corporativa, insípida, anónima, que, en palabras de Videla, no tiene entidad, no tiene densidad. Pero, además y sobre todo, a sumarme a un movimiento hueco, de nulo impacto sobre lo real.
Para contrarrestar eso dije que lo que habría que hacer es poner como foto de perfil la imagen de alguien torturado o asesinado. En ese momento pensaba en poner literalmente la foto de una tortura o de una ejecución: una forma de recordarles a los visitantes de mi perfil, muchos de ellos pibes veinteañeros que nacieron en democracia, de qué estamos hablando cuando hablamos del golpe. “Proponelo", me dijo mi amigo cuando le hice esa objeción, “pero que lo escabroso no le gane al mensaje.”
Tenía razón, tal vez: lo escabroso no es bueno tampoco, el impacto de una imagen cruda no necesariamente transmite lo que se quiere transmitir. Pero yo seguía, y sigo, firme en mi rechazo de la pantomima de la desaparición masiva. La dolorosa trivialización del drama no es la única razón. Tal vez lo más importante es que el gesto es demasiado ambiguo: funciona sólo para los que saben de qué se trata (y eso sólo si es realmente masivo, porque está visto que el año pasado yo me lo perdí aun siendo un usuario constante de Facebook), pero no les dice nada a los que no están en el secreto. Estoy pensando en esos veinteañeros de que hablaba ahí arribita.
No sólo puede perderse el mensaje una persona demasiado joven para captar de inmediato la referencia, y rodeada de amigos de la misma edad y circunstancias, sino que la manifestación hasta puede pasar por un mero error técnico: un simple fallo en el servidor de Facebook que aloja las fotos de tales y tales usuarios (ya ha ocurrido, y el resultado fue justamente éste, la pérdida de las fotos de perfil y su reemplazo por la consabida silueta blanca).
En suma: me invitaban a algo demasiado fácil, demasiado ambiguo, demasiado vacuo. Nada que ver con lo que pretendemos recordar el 24 de marzo.
Anteayer elaboré mi contrapropuesta. Éste es el texto que escribí bajo mi nueva foto de perfil, una imagen en blanco y negro de Julio López con una leyenda que reclama su aparición con vida:
La desaparición forzada de personas no es un jueguito tonto como el que se propone para estos días. Los desaparecidos fueron gente torturada y asesinada por una dictadura, no simples imágenes en una pantalla. Si realmente querés generar conciencia de lo que representa el 24 de marzo de 1976 te propongo que, en lugar de sacar tu foto de perfil, pongas ahí la foto de alguna persona torturada o desaparecida durante el régimen represivo. (Yo elegí a Julio López, desaparecido durante la dictadura y también ahora, en democracia, como símbolo de que nada ha quedado atrás definitivamente.) Un link a cualquier texto que explique de qué se trata, que permita entender la densidad del tema, también ayuda. Acá está el mío: http://es.wikipedia.org/wiki/Proceso_de_Reorganización_Nacional
Como se imaginarán, llovieron objeciones. Pero también hubo algunos apoyos. Ayer, además, descubrí que no fui el único en hacer este planteo. Varios de mis contactos en Facebook, a partir de mi sugerencia o por su propia iniciativa, hicieron lo mismo que yo. Un colega bastante conocido y que admiro, por ejemplo, puso esto en su estado de Facebook:
¿Por qué no voy a sacar mi foto del FB? Sencillo, a ellos les borraron el rostro. Los desaparecieron. Yo no voy a esconder mi cara. Yo soy yo, para que ellos sigan siendo ellos. Borrar nuestros nombres, borrar nuestros rostros, es borrar sus nombres y sus rostros. En todo caso habría que poner en nuestros perfiles las fotos de un desaparecido, pero no escondernos… si quieren pueden putearme, me la banco…
Viendo ambos textos se nota que la contrapropuesta es casi igual y por motivos idénticos, aunque el mío está escrito en un tono claramente más agresivo. Perdón por eso. Sin embargo, el tema sigue siendo el mismo. ¿Jugar a desaparecer por un rato para recordar a personas que desaparecieron de la peor forma y para siempre? Mmmmh, nop.
A lo largo del día de ayer fueron brotando en distintos muros, bajo fotos de perfil y en mensajes directos, argumentos en favor y en contra de la movida general y de “mi” propuesta (que ya se ve que no fue sólo mía). Un pedido generalizado era que no nos perdiéramos el homenaje inmersos en debates inútiles; que cada uno hiciera lo que le pareciera sin pelear y “dividir". A mí no me parece que la discusión sea poco saludable; en todo caso, la discusión sobre cómo dar cuenta de los desaparecidos en un medio tan etéreo como el de las redes sociales me parece mucho más saludable que el simple automatismo de sacar la foto, esperar al 25 y volverla a poner. De todas maneras, repito, creo que la agresividad en mi caso estuvo de más. (Sigo pensando que “jugar a desaparecer” es una propuesta inaceptable, pero la manera de expresarlo fue demasiado dura. Soberbia, dijo alguno.)
Otra cosa que se dijo bastante fue que ambas propuestas pueden convivir porque son igualmente válidas e igualmente simbólicas. Pues… no. Ya he dicho que la propuesta del simulacro de desaparición masiva sólo es simbólica para quienes la captan (y además se queda corta, porque en todo caso habría que dejar de postear, responder y enviar mensajes, o de lo contrario uno no ha desaparecido mucho que digamos), pero además quiero añadir que lo que los “rebeldes” propusimos no es meramente simbólico. Poner una foto, un nombre, una circunstancia de secuestro o muerte, un link a un texto explicativo, no es un símbolo, es información. Información que alcanza a quien la conoce y a quien la ignora, al adulto y al adolescente, al que estuvo y al que no. Me parece que esto es lo que queremos hacer en la semana de recordación del funesto golpe militar. No el gesto vacío, sino la transmisión de lo que fue: la conciencia del horror.
He visto con algo parecido a la satisfacción que mucha gente optó, no por eliminar simplemente su foto de perfil, sino por poner en su lugar una imagen casi igual a la silueta vacía por defecto de Facebook, pero con alguna leyenda añadida como “Nunca Más", “Aparición con vida” o similar. Esto ya me parece mejor, aunque no brinda punteros a información concreta para quien es ajeno al tema. A lo largo de las horas, la cantidad de emblemas como éstos fue creciendo, y mucha gente escribió en sus estados o bajo esas imágenes alguna reflexión sobre la dictadura, lo cual es mucho mejor.
No soy yo, claro, quien decide qué está bien y qué está mal, pero a esta altura de este larguísimo post ya puedo recurrir a la simple verdad de que éste es mi blog y aquí digo lo que pienso yo. Yo pienso que la propuesta de “juguemos a desaparecer” es peor que inútil: es perniciosa. Y acepto la discrepancia, pero hasta ahora los mejores argumentos en contrario no me han convencido. En Facebook o en los comentarios de este post, o por mail, o por teléfono, o en persona, están invitados a seguir intentando convencerme, o a decir lo que quieran sobre este tema. Si de algo estoy seguro es de que, cuanto más debate haya, mejor.
Disculpas nuevamente a los que se hayan sentido ofendidos. Estamos claramente juntos en esto.
Hace poco (23.03.10) Anita Leporina escribió El mundo: capítulo II. ¿Qué esperás para leerlo?
Hace poco (02.04.10) Ludmila escribió 20. ¿Quién se comió el chocolate?. ¿Qué esperás para leerlo?
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