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¿Por qué algunos problemas se “ponen de moda", mientras que nunca lo hacen otros que son tanto o más perjudiciales? ¿Por qué la falta de vivienda no es el tipo de problema que lleva a toda una gama de autoridades a competir con la identificación con él? Parece plausible que la diferencia radique en las consecuencias para aquellos cuyo poder aumenta y para quienes resultan amenazados.
Pero la característica sorprendente del vínculo entre problemas y soluciones políticos en la vida cotidiana es que típicamente la solución viene primero, cronológica y psicológicamente. Quienes favorecen un curso particular de acción gubernamental probablemente busquen vincularse con un problema muy temido para obtener el máximo apoyo. (…) Quienes tienen probabilidades de obtener ventajas económicas o ideológicas, lo ven y lo describen como una contribución a la seguridad nacional. (…) Cualquier análisis de la elaboración de políticas que acepte la cuestión más amplia como “la razón” de la acción (así lo hacen típicamente las teorías de la elección racional) romantiza las bases de la acción gubernativa y por lo tanto predice incorrectamente cuáles políticas encontrarán abogados organizados y enérgicos.
La construcción de los problemas a veces lleva consigo un efecto perverso de más largo alcance: ayuda a perpetuar o intensificar las condiciones definidas como el problema, un desenlace que típicamente proviene de los esfuerzos tendientes a superar una condición cambiando la conciencia o la conducta de los individuos, mientras se preservan las instituciones que generan conducta y conciencia.
—Murray Edelman: La construcción del espectáculo político
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