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Tarde llega este blog a la controversia por lo que ya se está llamando “el caso Potel". Verán, Horacio Potel, arquitecto y profesor de filosofía, es una especie de amigo, alguien a quien considero cercano a pesar de que nuestras posiciones básicas ante el universo son bien divergentes (no estoy hablando de ética, sino puramente de especulación filosófica) y de que nos hemos peleado bastante allá por 1999, cuando yo recién me iniciaba en esto de Internet. Algún día contaré cómo eran aquellos debates en la lista de correo de la UBA dedicada a la filosofía (filosofia@ccc.uba.ar, si mal no recuerdo), las puteadas permanentes contra el Majordomo (un programa administrador bastante deficitario al que alguien bautizó Gotardo), las toneladas de textos que se compartieron y que imprimí para leer cuando tuviera tiempo, habiendo avanzado a la fecha en sólo un par de centímetros de esa ingente pila.
Releo lo anterior y creo necesario aclarar que nunca estuve enemistado con Horacio. Las peleas eran teóricas y yo lo enfrentaba como producto de la admiración: no estoy de acuerdo con cómo ve el mundo pero discutírselo es meterse en camisa de once varas, porque es un verdadero erudito. Mi único triunfo frente a él consistió en señalarle una interpretación errónea de una cita al pie en un libro de Bertrand Russell. El resto de las veces me ganó por afano. Sabihondo, ácido, casi inaccesible en el debate, es sin embargo un gran tipo. Estuve presente en espíritu cuando se casó con Andrea, me preocupé cuando se pelearon y me alegré cuando eso demostró ser sólo un breve paso de comedia.Por eso es imperdonable que no haya escrito aquí nada sobre el problema que Horacio está teniendo desde hace varios meses. La última derivación la cuenta Andrea en la nota que pego a continuación:
Caso Potel: Por difundir gratuitamente filosofía en Internet
Dictan procesamiento y embargo patrimonial de cuarenta mil pesos
El juez Pablo Raúl Ormaechea, subrogante del Juzgado Nacional en lo Criminal de Instrucción Nº 37 resolvió el procesamiento del profesor de Filosofía Horacio Potel en la causa por presunta violación de la ley 11723 de propiedad intelectual. Dispuso además, un embargo patrimonial de 40000 pesos.
Potel está acusado de infringir la ley de propiedad intelectual por la publicación de textos del francés Jacques Derrida y el alemán Martin Heidegger en los sitios www.jacquesderrida.com.ar y www.heideggeriana.com.ar. La causa fue impulsada por la Embajada de Francia en Argentina, representando los intereses de la empresa gala Les editions de Minuit y la denuncia del apoderado de la Cámara Argentina del Libro, en Septiembre de 2007.
La fundamentación del auto de procesamiento, de ocho carillas, da por probado “con el grado de provisoriedad requerido para esta etapa procesal (…) el dolo requerido para la comisión del delito”. Los factores citados por el magistrado muestran varias imprecisiones y exhiben una curiosa ignorancia en temas vinculados con Internet y las nuevas tecnologías de información. Un ejemplo de ello es la asunción de que la mera existencia de un archivo en formato PDF (Portable File Document) implica necesariamente (y por lo tanto, prueba) que el acusado ha escaneado previamente los textos. Agrega al respecto que la autoría de Potel de semejante hazaña queda probada toda vez que en el menú “Propiedades” de uno de los archivos revisados en la instrucción, el profesor figura como “autor”.
Al disponer la medida cautelar de embargo, incluye en las “pautas mesurativas”: “estimando el pago de las costas del proceso, que incluyen la tasa de justicia (…) de $69.67, los honorarios profesionales y los demás gastos que se hubieran originado por la tramitación de la causa”. Sin detallar en qué consisten los “demás gastos” aludidos, el magistrado estima las costas en $40.000 (unos diez mil dólares).
Finalmente, no se dicta la prisión preventiva para el profesor Potel por que “la penalidad de la conducta imputada autoriza su libertad durante el proceso”.
Mientras la defensa de Potel prepara la apelación, la noticia se difundió rápidamente en la Red, generando un nuevo aluvión de respuestas solidarias y protestas airadas de miles de usuarios.
Llego tarde, repito, a este tema, del que pueden saber más mediante una simple búsqueda en Google.
¿Por qué no he hablado de esto antes? Porque no me siento seguro hablando de cuestiones legales tan precisas como las de este caso. Sí estoy seguro de algo: el juicio contra Potel podrá tener base jurídica, pero es una afrenta a la ética y una amenaza para toda la esfera cultural.
Filósofos como Nietzsche, Heidegger y Derrida escribieron para ser leídos, para cambiar el mundo. La editorial francesa y la Cámara argentina operan en contra de ese objetivo: logran que se los lea menos. Restringir la circulación desinteresada de esas obras no es una forma de cuidar el nombre de esos filósofos; el objetivo es ganar dinero. Potel, que nunca cobró un centavo por el acceso a esas obras ya universales, ahora tiene un embargo de decenas de miles de pesos. Esto es muy, muy malo para la cultura.
Esto lo digo como autor que ha publicado alguna cosita (no mucho por ahora) y que ya se ha visto en la situación de ver cómo una de sus obras era indexada y puesta en Internet gratuitamente por San Google. No soy para nada ajeno al problema de la pérdida de rentabilidad de la producción artística ante el avance del intercambio de textos y otros archivos por medios electrónicos. Algunos piensan que debería estar enojado.
Y sin embargo… cuando uno, de chico, tal vez de realmente chiquito, piensa que cuando sea grande va a ser escritor, no piensa en que con la plata que gane se va a comprar una casa. Uno piensa que va a escribir para que todo el mundo lo lea. No es el dinero el objeto de la fantasía, sino la fama, la posibilidad de llegar a todos, o a muchos. En este sentido, la propiedad intelectual y sus restricciones conspiran contra la difusión de la cultura. Sobre todo cuando el intelectual ya está muerto y no necesita ingreso alguno para seguir produciendo.Un artista debe (en el sentido en que el verbo deber puede aplicarse a esto y teniendo en cuenta que el artista profesional, autosuficiente, es una invención ideal de la modernidad) poder ganarse el pan, pero no es ése el objetivo principal. Y ahora que Nietzsche, Heidegger y Derrida están muertos… limitar el acceso a su lectura… es… sus editores sabrán lo que es.
Está claro por qué lo hacen. Y no es por nosotros.
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