| « Autobombitos varios | Treintaysiete » | Post al azar |
Me enteré hace muy poquito, por una amiga que lo quería (quiere) mucho, de la muerte de “Zam-bha", el hippie de Plaza Italia. No sabía si escribir algo por acá porque ignoraba si él y sus allegados preferían que se supiera o mantener la cuestión en silencio. Pero un diario platense, Diagonales, ya informó de la dolorosa noticia y me siento, entonces, habilitado a dejar aquí sólo unas palabras, un recuerdo para ese personaje que llegué a conocer muy poco pero que enseguida me resultó entrañable.
Yo estaba por llamarlo. Habíamos hablado de una cuestión particular, de posible interés periodístico, unos días antes de que yo me fuera de vacaciones, y me había hecho la nota mental de contactarlo en un par de días, cuando volviera al trabajo. No pudo ser. La enfermedad que lo aquejaba hacía tiempo se lo llevó esta misma semana. Me hubiera gustado verlo al menos una vez más.
Zam-bha ("el que espera") estaba cada fin de semana en su puesto de libros en la plaza. Era una especie de decano de los hippies platenses, el último exponente, creo, de una generación de bohemios y artesanos que supo transformar el espíritu de la ciudad hace algunas décadas. Como muestra de sus ideales había implementado el sistema de la “Hippie Card", que no era ni más ni menos que la posibilidad de llevarse libros con la promesa de pagarlos luego, sin papeleo alguno ni más requisitos que la confianza: un fiado absoluto, extensivo a amigos y desconocidos, a clientes habituales y a quienes pasaran por allí por accidente. No todos volvían a pagar, pero a él no le importaba, y cuando yo lo hice, siempre me cobró un poco de menos.
Por eso de la “Hippie Card” lo conocí. Aunque ya lo tenía de vista y había intercambiado algunas palabras con él (amiga en común, ya lo he dicho), sólo conversamos extensamente cuando lo entrevisté para un artículo sobre el tema: éste. Hablamos mucho y de mucho, aunque la nota sólo refleje una pequeña parte. De inmediato me cayó bien Oscar. Y creo que hubo reciprocidad.
Ahora ya no está. Se fue con tranquilidad, a juzgar por sus palabras y su tono de voz la última vez que hablamos (por teléfono) y por la conmovedora carta que dejó como despedida. No sé si puedo reproducirla toda, pero en el artículo de Diagonales hay un fragmento que alcanza a transmitir su actitud ante la vida y ante la muerte, ese “maravilloso viaje".
Zam-bha era amable, sagaz, campechano, combativo. Era uno de los últimos ejemplares de una especie.
Se lo va a extrañar.
Comentarios recientes
en cinco pataletas
en cinco pataletas