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Lo que los une a casi todos es el uso de los teclados. Hay quienes todavía aporrean viejas Olivettis; la mayoría, sin embargo, se han rendido a las ventajas de la tecnología y emplean computadoras. Los que se mantienen al margen tienen armas más rudimentarias: birome y libretita, acaso lápiz, acaso pluma. Con estas herramientas mundanas (papel, birome, teclado) mantienen vivo el culto, un culto sin dioses ni tablas de la ley, con preceptos cambiantes a los que unos adhieren con fe y que otros rechazan violentamente.
Son, ciertamente, pocos los que se sienten representados en este día. Pero algún punto había que señalar en el calendario para acordarse de ellos, y así es como el Día del Escritor se celebra hoy.
Así que acá también lo celebramos.
A los más vocales y enérgicos, que cuestionan todo lo sagrado. A los gregarios, que se sienten más vivos en el aquelarre periódico de las noches de cerveza y conjuros en voz alta. A los bendecidos por la luz de las pantallas y el brillo del dinero. A los que moran más bien en las páginas de revistas poco transitadas. A los que se encierran durante años puliendo la herramienta, cortando, tallando, grabando con cuidado. A los mediocres. A los que huyen del micrófono como de un artefacto satánico. A los generosos, que propician el ingreso de nuevos miembros, los sostienen en sus primeros años de pertenencia y les confían parte de sus secretos. A los humildes. A los que murieron hace tiempo y ahora son un volumen único en la biblioteca municipal. A los insolentes, a los que veneran lo clásico, a los que rehúyen los premios, a los que los aceptan agradecidos, a los que hacen escuela, a los que morirán olvidados. A todos ellos, feliz día. (Y a los que están vivos: a seguir aporreando esos teclados.)Hace poco (13.06.11) José MarÃa Pallaoro escribió Desatormentándonos. ¿Qué esperás para leerlo?
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