Contenido

Sidebar 2

This is the "Sidebar 2" container. You can place any widget you like in here. In the evo toolbar at the top of this page, select "Customize", then "Blog Widgets".
blog software
Mayo 2012
Lun Mar Mié Jue Vie Sáb Dom
 << <   > >>
  1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31      
Soy Sebastián Lalaurette, escritor y periodista (acá tenés mi curriculum). Tengo dos libros publicados (uno, dos), escribo poemas y cuentos y siempre estoy luchando con una o más novelas inconclusas. Vivo en La Plata, donde dicto el taller literario Sangría Francesa.

Buscar

« Vinieron a buscarHoy presentamos »Post al azar

Maru

18.01.11

Permalink 22:40:00, por Sebastián Lalaurette Email , 604 palabras   Spanish (ES) utf8
Categorías: escritores, orbitando

Maru

No sé qué decir. No sé qué pensar. Me choqué de frente con la noticia después de cambiar la configuración del Google Reader para que me mostrara, al ingresar, los “elementos recomendados". Y ahí estaba, en primer plano, su rostro en blanco y negro, esos ojos luminosos y sinceros que te hacían pensar que a una persona con esos ojos, con esa mirada, seguramente le sería imposible engañar, mentir.

“Ahora sos toda la luz", decía simplemente el post, y yo, que no sabía nada, que me encontraba de golpe con esa frase ambigua, pero a la vez tan certera, empecé a sentirme mal. El post era de hoy. Revisé otros blogs, revisé Twitter. Y sí. Se murió. Se murió Marina Kogan.

Puta madre.

Qué se puede decir ahora de lo que le pasaba, de cuán certero o errado podía ser el optimismo que mostraba hace unas semanas, cuando, vía Twitter, charlamos sobre su estado de salud. No entendí bien qué le pasaba, pero entendí que estaba saliendo, que estaba mejor. Y después nada. Y ahora esto.

No éramos amigos; nos vimos dos veces, creo, o acaso una sola. Pero la conocí como se conoce ahora a tanta gente: a la distancia, a través de sus palabras, de todo lo que latía a través de su blog (ya lamentablemente offline), del email, de los mensajes vía Twitter, de Facebook. Era una persona talentosa, dada a la sonrisa, seguramente generosa y sobre todo joven. Demasiado joven. No sé si es la sorpresa o la impotencia lo que me impide salir de la frase hecha: era demasiado joven para morirse, nadie como ella debería morirse a los veintiocho.

Desconozco los detalles y de toda manera no querría hablar de ellos acá. Sólo me sale lo que nos sale en estas ocasiones: recordarla, contar que la conocí, que charlamos, que me deslumbró la honestidad que respiraba ese blog. Que alguna vez le dije que debería tomar todos esos pensamientos, esas imágenes vívidas y profundas, y ponerlas en boca de unos personajes; que tenía pasta de novelista si era eso lo que se proponía. Que me dijo que lo estaba pensando.

Habría sido, creo, una excelente novelista.

Digo esto porque no puedo hablar de ella como amiga, como hermana, como compañera de escuela o de trabajo; no voy a usurpar el dolor de otros que la conocieron mucho más. Sí, en cambio, la conocí como artista. Porque fue a partir de eso que tuvimos la relación que tuvimos y es en ese sentido que puedo dar fe de su valor. ¿Será una falta de respeto hablar de la escritora cuando ha muerto la persona?

El primer cuento que conocí de ella no me gustó mucho. Pero cuando conocí su blog me di cuenta de que tenía verdadero talento. Y después, luego de los primeros mails, de los comentarios entre blogs (ahora los releo y me parece que voy a llorar), conocí otra parte de su obra: este cuento, por ejemplo, que me pareció brillante. Hay más, varios más que alguien debería juntar y publicar.

Sí, me sale eso. Decir que el mundo se pierde a una artista. Me siento un poco torpe al decirlo, como si destacara algo menor, insignificante, un reflejo pálido de la persona que era. Pero, en fin, es la huella que dejó en mí. Su arte. Y su sinceridad y su inagotable buena onda. Y su sonrisa, obvio. Marina Kogan era su sonrisa.

“Soy como un varón de 13 años, me golpeo con todo, voy a morir en un absurdo accidente doméstico, está cantado", escribió Marina una vez. Y yo, ahora, quiero llorar.

Hasta siempre, Maru.

Compartir vía   Facebook Twitter Google Buzz Menéame email