| « ¡Claro que vale! | Todo lo sólido parece contingente » | Post al azar |
Hace ya varios meses, quizá un año o dos, no lo sé con certeza, descubrí las charlas de TED. TED, por si no lo saben, no es una persona, sino una organización dedicada a difundir las ideas más actuales en las áreas de Tecnología, Entretenimiento y Diseño (¿ven?). La primera que vi fue la presentación (realmente espectacular) de un prototipo de dispositivo de realidad aumentada (augmented reality, AR) que seguramente todos estaremos usando en unos años. Fue suficiente como para interesarme y busqué algunas otras charlas de expertos convocados por TED.
Menos mal que lo hice: si la primera caía cómodamente dentro de las tres categorías mencionadas (T, E, D), lo cierto es que había mucho más para ver y oír. En esas conferencias no sólo se han dado cita expertos en esas áreas, sino también estudiosos y emprendedores provenientes de campos muy diferentes. Hay material estimulante sobre educación, economía, ecología, ciencias puras, arte, derechos humanos… Pero tal vez ustedes ya lo sepan: soy yo el que llega tarde a todo.
Cada tanto (ustedes saben, cuando tengo ganas de abrirme a ideas interesantes, de sorprenderme con lo que se está haciendo en diversos campos de la actividad humana) vuelvo al sitio de TED o, mejor, al sitio que agrupa las charlas subtituladas en castellano. Pero este post no es para recomendarles que visiten ese sitio, cosa que muchos, repito, ya habrán hecho.
Resulta que hace poco me topé con otro rincón interesante en la Web. Es el blog Violentamente feliz, administrado vaya uno a saber por quién y desde vaya uno a saber dónde. La verdad que es un placer recorrerlo, y lo agregué a mi lector de RSS para volver cada tanto. Bueno, en uno de los últimos posts me encontré con esta charla Johanna Blakely en una conferencia de TED realizada en abril. El tema es la relación entre la industria de la moda y la propiedad intelectual, y créanme que nosotros, modestos productores de artículos culturales (textos en mi caso, música o películas en otros), podríamos aprender algo de esa industria, bendecida (no es un error) por una escasísima protección de la propiedad intelectual: los diseñadores pueden copiarse unos a otros sin problema alguno, y hasta, diría uno después de ver el video, sin ninguna vergüenza.
No todo puede trasladarse de un campo de producción cultural a otro, por supuesto, pero me parece que la charla de Blakely ilumina, desde un lugar inesperado, algunas de las cuestiones que están en el centro del actual debate sobre la propiedad intelectual. Recomendable.
Comentarios recientes
en cinco pataletas
en cinco pataletas