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La noche del domingo, en Biguá (54 entre 5 y 6), fue mágica e intensa. En buena medida, lo es toda noche que uno pasa entre amigos y copas (como lo hice yo), pero en esta ocasión había razones objetivas para esto. En ese barsucho prácticamente invisible, ubicado en pleno centro platense y sin embargo semejante a un hueco en el espacio y el tiempo, se concretó “Cuentos en la noche", una… eh… noche en que se… uhm… contaron cuentos.
Pero no sólo cuentos. También hubo música, mucha música.
Las narraciones estuvieron a cargo de MI AMIGA Paola Roca, una maestra en el arte de cargar la voz de inflexiones y sentidos. Nos hizo transitar por cinco textos poderosos, y sobre el final de uno de ellos, lo confieso, se me piantó un lagrimón. Así es ella.
Pero Paola no estaba sola; participaron de la velada un conjunto de jóvenes talentosos que le pusieron música. Abrió la noche Ignacio Pello, le dio paso a la narradora y después volvió a tocar la guitarra y a cantar, esta vez acompañado por Diego Martez, que cautivó con su capacidad vocal.
Después, un nuevo segmento de narraciones, que se fundió, sobre el final de la última de la noche (la que me arrancó la lagrimita), con la música de MI AMIGO Emiliano Bordenave, que abría así la sección musical de Bárbara Prosperi.
Acompañada por Emiliano y su lujoso bombín y, luego, también por Celeste García en los teclados (primero un órgano y después lo que supongo que sería un xilofón), Prosperi inundó el ambiente de una cadencia especial, por momentos serena, por momentos fuerte, casi violenta.
El clima de esa noche es, obviamente, imposible de transmitir, y menos en un simple post de texto con algunas imágenes. Pero valga este pequeño aporte como recomendación: cuando vean por ahí “Cuentos en la noche” o algo parecido, fíjense si los nombres que figuran en el volante son algunos de los que están escritos acá. Si coinciden, compren una entrada.
Chau.
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