Ya desde el título, este ejercicio es un saqueo desvergonzado de un excelente cuento de Marco Denevi titulado "Descenso a los infiernos de la imaginación". No se preocupen, no les voy a arruinar la experiencia de leer ese texto dándoles detalles; sólo les voy a decir que, en él, el autor propone un ejercicio de imaginación a partir de un episodio enigmático (una mirada insistente a bordo de un vagón de tren). De verdad, háganse de alguna antología donde esté ese cuento y léanlo; no se van a arrepentir.
El ejercicio es exactamente el mismo que propone Denevi: imaginar (y en este caso escribir) una historia a partir de un acontecimiento disparador. La historia debe estar contada desde el punto de vista de un observador que intenta explicarse las razones de ese hecho y debe desembocar en una explicación satisfactoria, ya sea como deducción de ese personaje o como acontecimiento que tiene lugar en la trama.
Hay que elegir alguno de los siguientes disparadores:
Este ejercicio consiste en describir un lugar (no importa su tamaño) de manera que la descripción misma provoque suspenso. Es decir: en el texto no puede haber acción en el sentido narrativo (sí movimiento físico de objetos o personas), y lo que debe generarle intriga al lector es la propia presentación del lugar, la imagen mental que tu descripción le va a transmitir.
No valen:
¡Éxitos!
Uno de los defectos más frecuentes de los escritores primerizos es el uso de un conjunto limitado de palabras. Tal vez esta carencia se note más en el empleo de adjetivos trillados, que no aportan el necesario color y textura al producto literario. Esto es así porque en el proceso de narrar una historia es inevitable utilizar los sustantivos y verbos que la trama necesite para desarrollarse (no hay muchas maneras de decir “el perro ladró"), pero del adjetivo calificativo se espera, en cambio, que aporte una vida especial al texto, que convierta a la historia en algo diferente de lo que podría ser si la contara cualquier otra persona. (Sí, estamos simplificando brutalmente: también los sustantivos pueden elegirse de modo que resalten, sorprendan o brinden una precisión inusitada al lenguaje, y la obra de algunos escritores se distingue por la aparición en el momento preciso de un verbo a la vez necesario y original; por no hablar de los adverbios, claro.)
Este ejercicio apunta a subsanar ese problema. La idea es evitar deliberadamente los adjetivos calificativos que estamos acostumbrados a utilizar para describir objetos y situaciones. Por ejemplo: para el sustantivo “estrella” queremos evitar los adjetivos “lejana", “brillante", “fría” y otros por el estilo.
Tu tarea consiste en asignar, a cada uno de los sustantivos que siguen, tres adjetivos calificativos que se le puedan aplicar sin requerir una explicación poco razonable pero que no sean remanidos, es decir, que suenen nuevos, frescos, aplicados a esos sustantivos. Por ejemplo, si el sustantivo fuera “perro", “fiel” sería una muy mala respuesta, pero “desvencijado” o “tronador” constituirían aportes aceptables.
Entonces: tres adjetivos para cada sustantivo (y por favor no repitas). Preparados, listos… ¡ya!