Di Stefano: "No puedo esperar
que un chico con hambre aprenda"

Si hay algo que definitivamente no puede decirse de Agostina Di Stefano es que no conoce los materiales con que trabaja. La vida de esta profesora de inglés nacida en Hurlingham hace casi 26 años, que a través de su blog, La bonaerense, abre ventanas al diario sufrir en barrios marginales del Gran Buenos Aires, ha tenido su cuota de precariedad. "A los dos años mis viejos me dejaron en la casa de mis abuelos (en Montevideo) porque no podían hacerse cargo de dos hijos", cuenta; a los cuatro regresó a su barrio natal sólo para volver a Uruguay a los seis junto a toda la familia. Hasta los catorce vivió en tierra extranjera con dificultades de adaptación (no la ayudó a superar esas dificultades la discriminación hacia los argentinos, proveniente incluso de algunos maestros; por fortuna, dice, hubo otros en los que pudo apoyarse). Ya de vuelta en la Argentina, trabajó como camarera hasta los 23 para ayudar a sostener a su familia, porque sus padres estaban desocupados; luego cursó el profesorado de inglés. Vivió en Palermo y ahora reside en Once. Se define como "una atea devota" y a la docencia la lleva, por decirlo mediante una frase ya muy recorrida, en la sangre.

¿Ha cambiado tu forma de ver las cosas a partir de tu experiencia como docente en escuelas de zonas marginales?

Sí. Puedo empezar con el lugar común: no me hago problema por estupideces. Soy más feliz con lo que tengo y me reconcilié con mi propia historia de vida. Cuando empecé no tenía idea de cómo resolver la mayoría de los problemas que se me presentaban. Nadie te enseña a llevar adelante lo que vos planificaste cuando se desmaya un alumno porque no come hace dos días. En las escuelas donde trabajo no basta con el título, se necesita mucha paciencia y dedicación. Ahora sé que en las villas se vive el día a día. Nadie piensa en el futuro porque es más importante ocuparse de conseguir un plato de comida. Me encontré con niños que no sueñan con ser doctores o abogados, que no entienden consignas sencillas porque no han sido estimulados correctamente desde su nacimiento. Y lo más importante: ahora puedo decir que conozco el significado de la escuela pública en la sociedad. Valoro mucho más el rol docente porque veo el esfuerzo de muchas compañeras y compañeros. A la escuela la hacen los docentes y los alumnos; con más o menos presupuesto, lo que se necesite se consigue porque siempre hay un docente que se mueve para que las cosas funcionen.

Más de una vez, dentro y fuera del blog, hablaste de una carga de negatividad por tu trabajo de la que tratás de desprenderte (pienso, por ejemplo, en tu post sobre el "miércoles palermístico"). ¿Es posible hacerlo?

No, no es posible. Es cierto que trabajar en zonas marginales, y por tanto violentas, contribuye al desgaste que genera la docencia per se. Ves que un chico progresa, que se consiguieron ventiladores para una escuela, y por otro lado tenés cinco chicos desnutridos, otros tantos menores de doce años que trabajan y muchísimos que son golpeados asiduamente. Se sabe que quienes trabajan con  víctimas de cualquier tipo de violencia se exponen a un nivel de desgaste profesional alto que puede derivar en el famoso burnout. Para evitar o amortiguar el efecto nocivo que produce la tarea docente en contextos de violencia, debemos mirarnos a nosotros mismos también, no solo a las personas con las que tratamos. Reconocer cuándo estamos agotados, estresados, es una de las estrategias del autocuidado. Pero reconozco que es difícil preocuparse por uno mismo cuando sentimos cansancio o algún malestar físico si nuestros alumnos viven con problemáticas mucho más graves.

“ Mis compañeros de trabajo no me leen, pero si lo hicieran, muchos me odiarían. ”

Cuando vivía en Palermo el contraste era muy notorio; era agradable vivir allí, pero no me sentía tan cómoda, ya que compartía el barrio con personas que se preocupaban de cosas que para mí eran estupideces. Pero entiendo que es complicado tener conciencia social cuando el único contacto con la pobreza que tenés es un cartonero trabajando en la esquina de tu casa. Con esto quiero decir que ahora que vivo en Once me siento mejor; Palermo, Recoleta, son zonas que no reflejan lo que es Buenos Aires para mí.

Una pregunta hipertrillada, pero --me parece-- ineludible: ¿Cuál de todas las historias que contás en La bonaerense es la que más te afectó? 

Es difícil. Hay muchas que me afectan tanto que ni siquiera pude llegar a contarlas todavía. Pero la historia de Luz, la chica que se desmayó en mi clase, me dolió mucho. Sobre todo porque yo no la había mirado; no noté su delgadez entre las demás, ni sus ojeras. Tuvo que pasar eso para que yo me diera cuenta de su estado, para que siguiera de cerca su día a día. Me sentí mal porque me perdí entre otras historias y no pude reparar en la suya, en su problema. Me hace pensar en todos los chicos que, como Luz al principio, pasan desapercibidos para mí, simplemente porque estamos ocupados pensando en los casos más graves. Ahora, después de meses de trabajo, Luz mejoró muchísimo, como así también mejoraron los alumnos con los que estamos trabajando hace tiempo, pero ¿y los demás?

¿Por qué decidiste abrir el blog?

En realidad fue la idea de mi ex novio. Yo llegaba a casa todos los días con una historia nueva, algunas veces llorando, otras muy animada, y él siempre me pedía que escribiera esas anécdotas, me decía que se encargaría del resto. Incluso eligió el nombre también. A mí me daba un poco de vergüenza al principio --pensaba que a nadie podría interesarle lo que yo tenía para contar-- pero empezó a atraerme la idea de luchar contra el estigma de la docencia. Mucha gente considera que se opta por la docencia para trabajar menos o porque no alcanza el coeficiente intelectual para una carrera más importante. No conocía muchos espacios donde pudiésemos defendernos, y además me parecía importante que muchas personas que sólo tienen contacto con la pobreza viendo a los cartoneros o a los chicos en el subte pudieran conocer la realidad más allá de las noticias, que casi siempre son negativas o se olvidan rápidamente.

¿De dónde pensás que viene este "estigma de la docencia"? ¿De que los propios docentes no se interesan en comunicar, del sistema jerárquico, de los prejuicios de la propia gente...?

Hace tiempo una profesora muy querida me contó una anécdota que escuchó de Gillermo Jaim Etcheverry en una conferencia. Hacía referencia a su sobrina, abogada, y a su hija de siete u ocho años. Su hija repetía constantemente que su maestra era muy buena, muy cariñosa, y por sobre todo muy inteligente. La chiquita hacía énfasis en que su maestra sabía de todo, porque era la persona más inteligente que conocía. Su mamá se cansó de escucharla y le dijo: "No debe ser tan inteligente, porque si lo fuera, habría estudiado otra cosa".

Pienso que la culpa la tenemos los propios docentes, aquellos que no le dan la importancia necesaria a su labor porque no se sienten bien remunerados o por el cansancio que genera la tarea. Yo sé que voy a ser docente mientras pueda dar todo de mí y sentirme orgullosa con mis logros. El día que vea no quiero ir más a la escuela o que no tengo ganas de hacerme cargo de mi rol de la manera que lo hago ahora, me voy a dedicar a otra cosa.

Hay docentes que se quedan con su título y no siguen estudiando, siguen con la metodología que empleaban veinte años atrás; ésos son los que nos dan mala fama.

También creo que la sociedad no cuida a los docentes como debería: piensan que pedimos demasiada remuneración por el simple trabajo que realizamos, cuando en realidad un docente llega a su casa y tiene horas de trabajo pendientes. Los famosos tres meses de vacaciones (que en realidad no son tres meses) también influyen en la mirada negativa hacia nosotros.

Entiendo tu defensa de la docencia, pero también es cierto que en el blog no te privás de señalar la falta de interés, de formación o de habilidad de algunos de tus colegas. ¿Te generó esto alguna queja o enfrentamiento?

Claro que critico. Es cierto que es mucho más complicado ser docente hoy en día que hace diez años. Pero hay que tener en cuenta que nadie nos obliga a trabajar de eso. No me gusta ver docentes que perdieron las ganas de trabajar y se aprovechan de la falta de control por parte de los directivos. En las escuelas donde trabajo nadie entra a observar si estoy haciendo bien las cosas o no.

En general los docentes que leen mi blog no me critican. No exagero, es una realidad que en la provincia o al menos en las escuelas de las zonas donde trabajo, existe. Mis compañeros de trabajo no me leen, pero si lo hicieran, muchos me odiarían.

¿Y los padres? ¿Alguna vez el padre o familiar de alguno de tus alumnos leyó su historia en tu blog? Y en ese caso ¿cuál fue su reacción?

No. Sólo un alumno me lee. Le pasé la dirección del blog hace tiempo y me contó que le había gustado leer mis posts. La gran mayoría de mis alumnos no tiene acceso a Internet, ya sea porque no hay locutorios con Internet cerca o porque no les interesa. No saben lo que es un blog. Conocen algún fotolog, pero les parece algo "de cheto" y les genera rechazo.

En cuanto a los padres de mis alumnos, pocos se acercan a la escuela, y muchos no terminaron ni la primaria; es raro que alguno tenga interés en Internet.

¿No te preocupa tener problemas legales o administrativos por publicar fotos y videos de chicos y contar las historias terribles en que se ven involucrados?

“ Cuando empecé no tenía idea de cómo resolver la mayoría de los problemas que se me presentaban. Nadie te enseña a llevar adelante lo que vos planificaste cuando se desmaya un alumno porque no come hace dos días. ”

Sí. Mucha gente me escribe avisándome que puedo tener problemas por las fotos que subo. Antes me cuidaba más, pero me cuesta resistirme: me encanta que mis lectores conozcan a mis alumnos. Cuando fuimos a Temaikén, mucha gente se preocupó por el viaje, estaban contentos cuando salió la oportunidad y me animé a publicar algunas fotos. Prometí sacarlas. Estoy en eso.

En cuanto a algunas historias, sé que me pueden traer problemas; trato de cuidarme. Tengo una amiga abogada que se enoja y me pide que borre cosas. Algunas veces le hago caso. Si no fuera por ella hubiese posteado mucho más.

En algún momento expresaste en tu blog tu postura básicamente contraria a los paros docentes, argumentando que es "demasiado cruel" dejar a los chicos sin clases y que ellos no sólo van a la escuela a aprender sino también a comer y a recibir contención. Pero muchos docentes se quejan, justamente, de que las escuelas deberían ser ámbitos exclusivamente de aprendizaje, y dicen que es un error haberles sumado la función de comedores. ¿Qué opinás al respecto?

Hoy en día la escuela presta asistencia social, se encarga de que los chicos coman y luego se piensa en el aprendizaje. Es lamentable, pero la realidad es que, sin estas funciones, los chicos tampoco podrían sentarse a estudiar. La escuela asumió ese rol porque no quedaba otra opción; era eso o hacer la vista gorda. No puedo esperar que un chico con hambre aprenda. Me encantaría que se trabajara desde otro ámbito para fortalecer la institución familiar, así los chicos vendrían a estudiar a la escuela, y podríamos dedicarnos a enseñar, exigir y no tener que ser tías o madres de nuestros alumnos, recuperar la autoridad del docente en el aula. Pero ya lo vemos cuando nuestros alumnos entran a primer grado: no recibieron la alimentación ni la motivación que necesitan para crecer sanos; son chicos débiles, se enferman muchas veces al año, no entienden consignas simples. Muchos están en contra y dicen que no exigimos lo suficiente, pero es fácil hablar desde afuera. Cuando se está dentro de la escuela no se puede eludir la realidad. Si mis alumnos no saben comer con cubiertos, entonces tengo que dejar para más tarde la multiplicación y asegurarme de que aprenda a usar el cuchillo y el tenedor o que no coma con las manos.

¿Sos lectora de blogs?

Sí. Aunque no tengo mucho tiempo libre siempre leo los blogs que tengo en mi blogroll. Artepolítica me parece fantástico, Orsai también.

¿Conocés a la mayoría de tus lectores o son mayormente gente desconocida?

Ahora, gracias a Facebook, muchos de mis amigos se enteraron de la existencia de mi blog. En general mis compañeros de trabajo no leen blogs, pero saben que tengo un "portal de Internet"; no entienden bien de qué se trata, pero entienden que gracias a eso que escribo las escuelas reciben ropa, zapatillas, ayuda económica para los paseos con los chicos, etc. Mi familia no lee mi blog, sólo mi papá, que está muy orgulloso de mí y se lo muestra a todos sus compañeros de trabajo.

Conozco a algunos de mis lectores, en general a los que donaron algo, porque trato de  recibir la donación y agradecerles personalmente.

¿Por qué creés que te leen?

Por un lado, creo que me leen porque desde el comienzo van siguiendo la historia de cada alumno; muchos me mandan mails preguntándome cómo está alguno en particular y ya los recuerdan por sus nombres. También considero que las historias que cuento son fuertes y se dan a diez minutos de Capital; me parece que muchos de mis lectores encontraron en mi blog la manera de enterarse lo que sucede en las villas desde otro punto de vista distinto del que se puede llegar a leer en un diario, un poco más humano.

¿Qué espacio ocupa el blog en tu vida?

Estoy orgullosa de mi blog. Me molesta no tener más tiempo para postear. Generalmente, cada vez que lo hago, tengo que elegir entre cuatro o cinco cosas que pasaron esa semana; trato de no mezclar todo, de ser ordenada y contar cada anécdota de la manera más clara y menos cursi posible (aunque a veces no me sale).

Creo que el blog superó mis expectativas. Empecé a escribir con la idea de aliviar un poco toda la angustia que genera un trabajo tan difícil como el mío, pero ahora sé que mucha gente me lee, y otros tantos me ayudan a conseguir donaciones. En uno de mis primeros posts pedí una silla de ruedas y en menos de 48 horas tenía al menos diez mails en mi casilla ofreciendo ayuda para conseguirla.

“ Hoy la escuela presta asistencia social, se encarga de que los chicos coman y luego se piensa en el aprendizaje. Es lamentable, pero sin estas funciones los chicos tampoco podrían sentarse a estudiar. ”

¿Considerás que lo que hacés en tu blog es una forma de periodismo?

No, no lo creo. En mi blog escribo crónicas personales que no buscan una verdad objetiva.

¿Has tenido o tenés miedo de algunos de tus alumnos? 

No. Tengo muy buena relación con todos mis alumnos. Con algunos es difícil, pero trato de que vaya mejorando con el correr de las clases. Es cierto que algunas veces tanto los directivos como los docentes nos "cuidamos" de ciertas familias, porque sabemos que tener problemas con ellos puede traernos complicaciones, pero en general no tengo miedo ni de mis alumnos ni de los barrios donde trabajo.

Si tuvieras que pensar en una sola medida concreta, la primera, la inicial, para empezar a mejorar la situación que ves y vivís a diario (parta de quien parta, sin exclusiones), ¿cuál sería?

Destinar más fondos para garantizar el acceso y la permanencia de la mayor cantidad de personas en el sistema educativo. No podemos permitir exclusiones. Siempre recuerdo la frase de Sarmiento: "Si no los quieren educar por caridad, al menos háganlo por miedo." Pero no sólo eso, necesitamos que esos fondos se distribuyan correctamente. Contando con los fondos necesarios, puedo enumerar las medidas que considero más importantes: Se tienen que mejorar las condiciones edilicias de las escuelas (no se puede trabajar sin estufas en invierno y padeciendo el calor agobiante en verano), reformar los planes de estudios y controlar que se cumplan, capacitar a los docentes y calificarlos de forma coherente; en la provincia pareciera que da lo mismo ser un pésimo profesor que vive de licencia que uno que se esfuerza y no falta nunca. Y lo más importante: educar valorando el esfuerzo y el sacrificio.

¿Creés que en algún momento te vas a cansar de la docencia? ¿Cuánto tiempo te das?

No puedo contestarte eso ahora. En este momento me apasiona mi tarea docente; me siento muy feliz con mi labor de todos los días y los desafíos que se me presentan. Creo que hay que tener vocación para la docencia. Las personas que eligen ser maestros sin estar convencidas o por otra razón, se cansan y se dedican a otra cosa, o molestan. Pero no creo que uno se canse de transmitir (y recibir) conocimientos y valores, sí creo que el desgaste y agotamiento que supone nuestra tarea hoy en día es muy grande y puede volverse difícil de tolerar. Igualmente creo que el día que no me apasione mi trabajo ni me interesen mis alumnos voy a tomarme vacaciones, y si no quiero volver, ayudaré desde otro lado, pero no voy a entrar al aula sin ganas de hacerlo.

Sebastián N. Lalaurette
Noviembre de 2008