Sangría francesa » Otros textos » La voz de los jóvenes II

La voz de los jóvenes II
Discurso introductorio

 

¿Por qué necesitamos una poesía joven? No es una pregunta ociosa. Nuestro país está y estuvo siempre lleno de excelentes poetas, y dado que esto es así, hasta podríamos cuestionar que los haya de cualquier edad: nuestros chicos ni siquiera leen a Rojas, a Capdevila, a Fernández Moreno; en rigor, ni siquiera leen a Whitman, Carver, Hikmet. Más: pocos son los que se detienen a escuchar atentamente las letras más gastadas de Charly García, tal vez el fenómeno más auténtico de nuestra poesía en los últimos años.

Esto no es porque la vieja poesía ya no exprese nuestros sentimientos de una forma válida. Al menos una parte de ella, creo que por ejemplo Carver y Whitman, sigue siendo hoy tan actual como en la época misma en que fue producida. Whitman, en particular, se adelantó a lo que después se llamaría arte moderno o de vanguardia. Los poemas kitsch de Juan Gelman, el muestrario de Mario Benedetti, las construcciones de Pablo Milanés no son precisamente material de descarte para ninguna cultura en este planeta.

Esto es una exposición de música además de poesía recitada. Y eso es porque muchos poetas jóvenes ya no hacen libros, hacen discos. Ante este fenómeno, hemos tomado posición. Verán que nuestra selección ha sido activa y verán que en nuestra música, en la música que estaremos pasando durante el resto de la noche, hay algunas ausencias. Faltan las canciones de los Guns and Roses, faltan todas las manifestaciones del fenómeno punk, faltan las alusiones puramente sexuales de algunos conjuntos de moda. No se escuchará a los Rolling Stones, más cocacoleros hoy que nunca antes. Tampoco se escuchará ningún tema popular remixado en una máquina de devorar música. Mucho menos una de esas burlas racistas y sexistas que se supone ocupan el lugar del arte combativo en los tiempos de la Internet. Sí se escuchará verdadero arte crítico, como Silvio Rodríguez y Joan Manuel Serrat; no faltarán canciones clásicas con una gran dosis de poesía, como las de Lennon y McCartney; no estarán ausentes a la cita Roque Narvaja ni Ulrich y Hammett, los creadores de letras de Metallica. Habrá Páez y Gibbs, Aute y Wilson Phillips. Ésta es nuestra posición.

Pero no he contestado a la pregunta original. ¿Por qué es necesaria una poesía joven? Como de costumbre, hay dos respuestas, una muy corta y otra un poco más larga. La muy corta es que la poesía siempre es necesaria.

La otra respuesta es que necesitamos una poesía que dé cuenta de fenómenos nuevos, fenómenos que ni siquiera Charly García pudo prever. Necesitamos una poesía que nos hable del amor en los tiempos del sida; de los paradigmas que han reemplazado al Señor Oscuro por el Caballero Oscuro, es decir, a Sauron por Batman; de la nueva individualidad informática, de la extinción cotidiana de especies animales, del destino de los ideales hippies y el flower power dentro del menemismo. Suena fantástico y lejano, pero no lo es.

La edad promedio de los poetas que van a leer hoy es de unos veinte años. Pues bien, en estos veinte años, que no son nada, empezó y terminó el Proceso militar, nació el movimiento punk, fuimos dos veces campeones del mundo, murió John Lennon, Bill Gates popularizó las computadoras personales, se derrumbó la Unión Soviética, reformamos la Constitución, los Beatles volvieron a grabar, hicimos La Voz de los Jóvenes I. Verdadera y urgentemente necesitamos una invasión de la nueva estética y los nuevos sentimientos poéticos a través de las librerías, radios y disquerías, de los puestos de diarios y reseñas televisivas. Te necesitamos a vos, a vos que todavía no te animaste a mostrar lo tuyo. Y esto no porque nos guste necesariamente tu estilo, sino porque el problema trasciende los estilos. Necesitamos tu poesía porque necesitamos salvarnos, porque el sueño terminó, porque hace falta una nueva conciencia, porque Bukowski está muerto, porque la bomba atómica, porque vos y porque nosotros. No necesitamos que nos juzguen, sino que comprendan nuestros tiempos. Necesitamos ejemplos y no discursos. Necesitamos que se acerquen a nosotros, necesitamos ver y sentir las obras de nuestros viejos, proyectarnos más allá de los límites. Necesitamos, sobre todo, que escuchen nuestra voz, la voz de los jóvenes.

Y en eso estamos.

Sebastián N. Lalaurette