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Víctimas de un sol extraño
Un análisis de Amor y Moria (1998)

 

1. Delimitación del (sub)género

a. Rasgos temáticos

Cuando Roberto Pettinato le pidió a Lía Salgado, en una entrevista televisiva, que comparara su propio talk-show con Amor y Moria, ella definió lo de Moria como "testimonial". Y, en plan de diferenciación, agregó: "Lo mío es otra cosa". Tenía razón: el género del talk-show se ha expandido, diversificado, a tal punto que podría decirse que tiene varios "subgéneros", cada uno con sus propias reglas, y que existe uno de pleno derecho que podría llamarse "talk-show testimonial".

En la Argentina, el "talk-show testimonial" es Amor y Moria. Parecería una perogrullada: hace dos o tres años todos los talk-shows argentinos eran más o menos "testimoniales" (Causa común, la primera etapa de Sin vueltas). Se trataba de la exitosa irrupción del género en un horario tradicionalmente reservado a las novelas de la tarde, irrupción que conservó, seguramente, a la mayor parte del público de ese otro género y sumó una buena porción del resto.

Hoy, sin embargo, cada talk-show de la televisión abierta argentina tiene su propio estilo (utilizando esta palabra en el sentido coloquial); podría decirse que cada uno pertenece a un género o al menos a un subgénero diferente, en el sentido de que cada uno tiene un conjunto diferente de "condiciones de previsibilidad" para su lectura. Así, Causa común, el programa que inició la moda de este tipo de shows en nuestro país, se ha convertido en lo que podríamos llamar "platea-show", en donde la inmensa mayoría de las veces son los famosos quienes se sientan a hablar sobre sus vicisitudes y costados ocultos. Sin vueltas, en cambio, heredó el "aire" del ciclo original que conducía la Salgado, pero mucho más light y "familiero", convirtiéndose a veces en una especie de catálogo de personalidades curiosas. La primera conductora del ciclo, por su parte, volvió a montar lo suyo en Hablemos claro, un ciclo que corresponde casi exactamente al primer Sin vueltas (temas duros, expuestos crudamente) pero con un elemento que lo hace muy particular: es evidente, Raúl Portal lo exhibió en su Perdona nuestros pecados e incluso a la propia conductora se le escapó varias veces, que casi siempre son actores quienes representan los dramas humanos que Hablemos claro ofrece a sus espectadores. Así, sin quererlo, Lía Salgado ha inaugurado un nuevo tipo de talk-show, que deja de ser testimonial para ser ficción, o ficción "en sí". Porque la ficción que se presenta como realidad es ficción, pero ¿qué pasa cuando deja de ser realmente importante si el público realmente cree o no cree que la historia que se le narra es verdadera? En ese caso ¿tenemos ficción, "recreación" o ficción de ficción? Si tuviéramos que retornar a la comparación pedida por Pettinato, diríamos que el programa de Salgado es casi "pura" ficción, en tanto que en Amor y Moria encontramos una ficción "híbrida" dado que, si bien las historias presentadas son reales, tanto los personajes como las historias mismas terminan siendo construcciones retóricas.1 Es bien clara, sin embargo, la diferencia: los protagonistas de las historias que se despliegan ante la cámara en A&M, así como los "testigos" y coprotagonistas, son identificados con su número de DNI para potenciar el efecto de realidad.A

Pero la cosa no acaba ahí: hemos dicho que Amor y Moria es un "talk-show testimonial". En este sentido, es el heredero en línea directa del viejo Sin vueltas; pero el actual Sin vueltas es heredero del primer Causa común. Para completar el panorama, existe en la televisión abierta argentina todavía otra versión o subgénero del talk-show, que es aun más "light" pero que, en contrapartida, es visto como más inteligente, refinado; un ciclo donde la gente se sienta a hablar, simplemente hablar, de su vida privada, sin interrupciones telefónicas ni cuestionamientos. Es La Biblia y el calefón, el programa de Jorge Guinzburg, al que muchos se niegan a clasificar dentro del género del talk-show tal vez por un prejuicio en favor de su conductor, que goza de un aura de prestigio que sería "incompatible" con este tipo de producciones. Pero sí se trata de un talk-show, aunque sea de un modo fronterizo; tal vez podría definirse como talk-show "picaresco". Este carácter de programa "caliente" es justamente la principal diferencia entre el producto de Guinzburg y el encabezado por María Laura Santillán, porque, si bien ambos ciclos ponen a los famosos bajo examen, lo hacen desde perspectivas bien diferentes.

Pues bien: entre los diversos subgéneros del talk-show ("light", "platea-show", testimonial, "show-ficción", "picaresco") hemos situado el objeto de nuestro análisis en el subgénero "talk-show testimonial". Pero ¿a qué llamamos "talk-show testimonial"? Porque la denominación, hasta el momento, surge de una definición improvisada de Lía Salgado durante una entrevista periodística y –añadimos ahora– del hecho de que Moria Casán emplea permanentemente la palabra "testimoniar" en el transcurso de su programa. ¿Pero cuál es la especificidad de este subgénero que hemos delimitado?

Amor y Moria es un programa de víctimas. Ése es su rasgo temático principal y definitorio. Todas las personas que cuentan sus historias en el programa son víctimas de algo o, más generalmente, de alguien: "quien te ama te hace daño", canta Charly García desde la cortina sonora que abre y cierra los bloques. La canción, justamente titulada Víctima, es un muy buen resumen de la filosofía del programa: el amor, presente desde el vamos en el título del programa, equivale al sufrimiento, al daño. Pero también está Moria, porque el programa se llama Amor y Moria. El ciclo, de más está decirlo, se encuentra intensamente focalizado en ella: nadie dice que María Laura conduce Causa común, que Jorge conduce La Biblia y el calefón o que Karin conduce Sin vueltas.B La fórmula se ha probado efectiva. Los géneros se hibridan, se cruzan; la idea de las víctimas prende: ahora Santo Biasatti también tiene su programa de víctimas. Se trata de El noticiero de Santo, donde la estrella es la gente olvidada por sus autoridades, maltratada por un sistema injusto.C

En Amor y Moria lo trágico (violaciones, agresiones, hijos muertos, embarazos prematuros, traiciones, abandonos, indiferencia, desamor) se inserta en lo cotidiano, como en una novela de Chandler o un cuento de Cortázar: el ciclo es una ventana abierta al dolor. Se inscribe, así, en la línea "dura" del género talk-show: la apuesta consiste en mostrar gente que sufre.

Además de su carácter "testimonial", entre todos los talk-shows de la TV argentina, A&M es el que más claramente se presenta como "femenino". Las víctimas son siempre mujeres; el público está, presumiblemente, compuesto casi totalmente por féminas. En las antípodas se ubica La Biblia..., donde los temas interesan expresamente a hombres y mujeres y están elegidos para enfrentarlos, si no en términos de hostilidad, sí en los de una amable discusión. Dado el carácter del conductor, quien se reserva siempre el chiste final y saca permanentemente conclusiones acerca de lo que dicen sus invitados, sería factible que el público del ciclo sea predominantemente masculino (pues Guinzburg no puede evitar un aura machista). Amor y Moria remarca su condición de programa femenino al mismo tiempo que los demás talk-shows se universalizan, se promedian, se vuelven aptos para todo público. Como se verá más abajo, los dos rasgos temáticos señalados hasta aquí (programa testimonial femenino) tienen que ver con una posición de marginalidad, de inadecuación, de rebeldía.

b. Rasgos retóricos

Son propios de Amor y Moria el lenguaje afectivo ("querida", "mi amor"), utilizado para crear un vínculo entre la conductora y sus invitadas, y la apelación a la identidad de la mujer. En efecto, el ciclo reafirma su carácter femenino desde su misma presentación: con el cambio de logo el tipo se florea, se alarga, se curva por las puntas; se hace emblemáticamente femenino, con reminiscencias orientales.

Como buen talk-show, por otra parte, éste cuenta con el teléfono como herramienta invalorable para brindar una cierta interactividad y la emoción del vivo (lo cual es un rasgo definitorio del género); pero es más importante señalar que intensifica la función de contacto. Las peleas entre las víctimas y sus victimarios o gente cercana a través de la línea producen a la vez un efecto dramático y un efecto de realidad. En un talk-show, se trata de un logro clave.

Sin embargo, ni la apelación a la femineidad, ni los giros cariñosos, ni las discusiones en vivo constituyen el elemento central de la retórica del programa. Existe un recurso que empaña todo lo anterior: se trata del llanto. El lanto es el argumento último y genera un metalenguaje obsesivo, encarnado en la ya célebre frase "D". El hecho de que Moria Casán haya decidido registrar esta frase como propiedad intelectual no pasaría de ser una anécdota divertida y un poco absurda si no revelara la tremenda importancia que esa apelación reviste. El llanto no es un accidente en medio de un bloque particularmente emotivo, sino que es directamente un fin. Moria intenta provocar el llanto, forzarlo un poco, y cuando éste se produce se demora en la descripción morbosa de lo que está sucediendo ("¿de qué son esas lágrimas? ¿de recuerdo, de dolor?", "el drama de X, que está a punto de ponerse a llorar", "mirala a la pobrecita, cómo le corren las lágrimas por la cara...").

c. Rasgos enunciativos

Lo anterior, acerca del llanto, que es el principal rasgo retórico del envío, también es esencial para definir el papel de Moria como enunciadora. La cuestión básica que debe quedar absolutamente clara para cualquier espectador es que ella se interesa por lo que le pasa a la invitada, que siente con ella, que también su corazón está "partido en dos". El ciclo está fuertemente centrado en su figura, pero no sólo por la cuestión obvia de que en un talk-show tiene que haber una persona sensible y comprensiva, sino porque aquí la conductora se convierte en la referencia absoluta. Es decir, a diferencia de María Laura Santillán, por ejemplo, Moria Casán nunca deja el espacio de la conclusión librado al espectador, sino que permanentemente guía la conversación y expone sus propias conclusiones. Es una tentación fuerte pensar que Moria está situada en el papel de "dueña de la verdad"; pero esto no es así. Está situada en el papel de dueña de la palabra, que no es lo mismo. Todo lo que se dice pasa por ella.

La característica enunciativa fundamental de Amor y Moria es que es un programa de televisión. Esto implica todo un universo de restricciones y posibilidades, así como un modo de acceso y una manera de apelación al espectador: éste es justamente eso, un "espectador" televisivo, una persona que se sienta a ver y oír. Es un testigo privilegiado, pero impotente, sin capacidad para cambiar el curso de la historia. Se limita a mirar y a sentir atracción o rechazo por lo que se le ofrece. Encontrará algo valioso o no encontrará nada. Si se identifica con los personajes, es probable que siga fiel al programa, o puede no hacerlo. Todo su poder se limita a eso, aunque está lejos de ser un "receptor pasivo" de los mensajes.

En cuanto a las víctimas mismas, tal vez son ellas las más radicalmente reelaboradas por el medio: si son "víctimas" es porque sufren, pero en la misma medida es porque se convierten en personajes de una versión espectacularizada de sus vidas, comprimidas además hasta entrar en treinta o cuarenta minutos. La televisión, que ilumina todo como un extraño sol, las expone, las individualiza, les da nombre, pero también las promedia: entre diez casos por semana, repetidos a lo largo de meses y años, cada una de ellas pierde su especificidad y a la larga su capacidad de impactar. ¿Quién recuerda el nombre de aquella quinceañera que su pareja abandonó embarazada y sin trabajo? ¿Qué color de pelo tenía la que tuvo que esforzarse durante años para dejar a su marido y a la bebida? ¿Cuántas mujeres golpeadas y maltratadas hubo en el programa? Las invitadas de Moria han expuesto los aspectos más privados y recónditos de sus existencias, pero eso en cierto sentido es inocuo, puesto que al convertirse en presonajes se han despojado de su condición de personas. Sus historias emocionan, pero son sus historias, espectacularizadas y adaptadas a un formato particular, y no "ellas mismas", si tal cosa existe (cosa que, con Rorty, nos sentimos inclinados a negar).

2. Cómo fue y cómo es Amor y Moria

A lo largo de más de dos años de emisiones,E el ciclo ha atravesado cambios constantes de estética: variaron la escenografía, las tomas de cámara, la cortina musical, el logo y el lenguaje empleado. La estructura del programa, si bien no ha sufrido grandes variaciones, ahora se limita a la exposición de uno o dos casos similares en cada emisión, en lugar de los cuatro que eran la constante hace diez o doce meses.

En ese tiempo el programa evolucionó para hacerse más subjetivo: no más datos, no más especialistas, sólo Moria y las víctimas. Efectivamente, si en períodos previos se recurría (cada vez con menos insistencia, es cierto) a estadísticas ilustrativas de cada situación y a la presencia de profesionales (léase psicólogos/as o abogados/as) en el estudio, ahora esos recursos han desaparecido totalmente. De ello resulta un ambiente más intimista, menos riguroso, menos atado a una visión "científica" de las cosas. Una de las invitadas al programa narró cómo su ex marido le había arrebatado a su hijo porque ella y su actual pareja practicaban con él juegos que lo erotizaban en una forma considerada anormal. Ningún psicólogo estaba presente para opinar sobre el caso; esto no necesariamente es "malo", pero hubiera sido terriblemente inusual si la emisión hubiese tenido lugar apenas unos meses atrás.

Otro fenómeno dejó su huella en este programa: la desaparición del ciclo de Mauro Viale, y con ello la pérdida de un referente importante de la pantalla de América. A partir de allí, y seguramente con un carácter intencional, otros ciclos de la emisora adoptaron los haceres del viejo Mediodía; en este sentido resulta evidente que Moria muestra más interés que antes en provocar peleas en vivo, incluso a golpes de puño (cuando se transmite desde el móvil, por ejemplo).F

En general, el producto se ha pulido, estabilizado: la mayoría de las deficiencias técnicas han sido subsanadas y la experimentación visual dio paso a una narración óptica estable. Los contrastes entre colores chillones y los fondos en mosaico fueron reeemplazados por un fondo suave y uniforme entre lila y azul cielo. A la inversa, la presentación de cada historia, que sigue respetando el formato de "historia de vida", ha asumido cabalmente la estética del videoclip "movido", sin demorarse más en primeros planos con fondo musical y sin sonido ambiente.

3. Algunas hipótesis

a. La defensa de las mujeres victimatizadas se inscribe en una defensa general de las minorías

Un programa intensamente centrado en la figura de su conductor/a no puede menos que asumir ciertas características de esa persona. En el caso de Moria Casán, el programa adquiere cierto sabor de protesta, de transgresión: la defensa de las víctimas está fuertemente personalizada en Moria y por lo tanto tiene que ver con una defensa incondicional, encendida, del más débil, porque así es Moria. Señalábamos más arriba que Amor y Moria es un programa femenino. Pero, además de femenino, es un programa feminista. Efectivamente, en una sociedad que es aún muy machista, patriarcal, discriminadora, el ciclo se planta como un bastión de defensa de las mujeres oprimidas.

Sin embargo, la cuestión no se limita a una defensa de la mujer. Moria defiende (siempre ha defendido) todo lo que sea marginal, alternativo, provocativo, todo lo que esté en una posición de inferioridad o no aceptación; Beatriz Sarlo, por ejemplo, ha escrito que "Moria imita a los travestis que la imitan a ella", adoptando rasgos propios del travesti y del transexual como el maquillaje excesivo, las largas pestañas postizas y los labios exageradamente abundantes. Pero la mejor prueba de este carácter de rebeldía y marginalidad que tiene el ciclo la da el hecho de que sea una canción de Charly García la elegida como cortina del programa. Charly representa la transgresión y la rebelión; por contagio, Moria también lo hace, y nuevamente por contagio sucede lo mismo con el ciclo.

Que exista un talk-show de estas características no asombra de ningún modo porque, después de todo, en el espectáculo de la posmodernidad todos tienen su lugar; lo llamativo es que el ciclo conducido por Moria ocupe un lugar tan importante. En algún punto, el programa conecta.

b. Lo que se escenifica en el fondo es la vieja lucha Bien/Mal, pero el Mal siempre está fuera de la pantalla

Mariana denuncia que su ex pareja se llevó al hijo de ambos y no le permite ver a la criatura ni hablar con ella. Durante toda la primera parte de su historia, habla con Moria sin interrupciones externas y expone claramente su punto de vista, de acuerdo al cual el padre de su hijo es una persona irresponsable y violenta que adoptó una actitud arbitraria y enfermiza al llevárselo. Posteriormente se establece una comunicación telefónica con la hermana del ex marido de Mariana, provocando la pelea consiguiente. Desde el comienzo de la discusión empieza a ser dudoso que Mariana tenga toda la razón, e incluso llega a existir cierta duda razonable acerca de que no sea ella quien tiende a adoptar actitudes enfermizas. Pero Casán no duda ni por un momento: apoya incondicionalmente a Mariana, trata bruscamente a la circunstancial adversaria de su invitada y da por sentado que la posición de Mariana es la posición "correcta". Este apoyo incondicional es un rasgo constante del programa.

En A&M la víctima nunca se equivoca. Lo que se escenifica no es realmente una discusión, no en el sentido de que hay una conclusión a la que llegar, sino la lucha mítica entre el Bien y el Mal, donde el Bien siempre se encuentra en el estudio y el Mal siempre está fuera de la pantalla. La víctima es totalmente buena; el victimario, totalmente malo.

c. El aspecto "psicológico" de los casos retrocede para dar paso a una perspectiva "judicial"

A la provisoria clasificación de subgéneros2 que figura al principio de este trabajo cabría agregar aún el "talk-show judicial", ejemplificado por la ya pretérita experiencia de Forum.G Si bien A&M no se inscribe en este subgénero, es cierto que tiene una perspectiva judicial de las historias que se escenifican en la pantalla, que se convierten así en verdaderos "casos". En estos casos Moria no es exactamente jueza, sino más bien fiscal y abogada, porque acusa y toma partido permanentemente, como se señaló en el punto anterior. Y convendría matizar diciendo que el verdaero "juez" es el público, que decidirá en cada exposición cuál es la "verdad" del asunto. Pero la exposición, además de no ser imparcial –lo cual es un rasgo obvio del género–, explicita sus propias conclusiones: la delegación en el público de la decisión final no es "real", sino retórica, desde el momento en que Moria evalúa constantemente todo lo que se dice y utiliza su poder como comunicadora para tematizar la discusión.

Esta influencia del léxico judicial ha ido reemplazando progresivamente, en el curso de los meses, a la tendencia psicologizante que tenía el ciclo, dando como resultado que Moria ha dejado de utilizar términos como "psicopateada" o "personas psiquiátricas" para emplear permanentemente el verbo "testimoniar". En particular, la huella de Forum se advierte en frases como "¿Vos qué le reclamás?", que antes no se le escuchaban a Moria tan seguido, y en el intento de conciliar a las partes aun cuando esa conciliación sea inviable en la práctica (más abajo intento explicar esta paradoja).

No obstante lo anterior, esa especie de versión licuada del psicoanálisis que siemper caracterizó al ciclo sigue viva en el transcurso de las emisiones: preguntas como "¿vos qué idealizás en él?" y "¿te parece que X tiende a repetir historias duras?" u observaciones del tipo "por ahí él en cada mujer busca una madre" evidencian la fuerte presencia de las explicaciones psicológicas en el enfoque de los temas.

d. A&M se ha convertido en un programa de autoayuda

Al repasar la evolución del ciclo a lo largo del tiempo se indicó que de unos meses a esta parte se ha prescindido totalmente de la presencia de psicólogos, abogados y eventualmente médicos u otros especialistas en el estudio, así como de datos estadísticos y científicos "autorizados" en la presentación de cada historia de vida. Esta llamativa modificación en los recursos retóricos del programa, y por consiguiente en su feeling, tiene un efecto que debe suponerse intencional: desde una posición consecuente con su reivindicación de las minorías y los grupos sometidos, el ciclo ha dejado de recurrir a las explicaciones y soluciones "oficiales" para poner el acento en lo individual, en la acción privada (incluso pedir ayuda lo es), en la autoliberación: en cada historia se nos recuerda que somos nosotros quienes nos definimos ante los demás y se glorifica y fomenta la autoconfianza como valor. En efecto, la fe en uno mismo (o para el caso, en una misma) es reforzada permanentemente por Moria mediante frases de apoyo a la invitada y, simétricamente, de condena para el victimario de marras. Los ejemplos son demasiado numerosos para transcribirlos, pero basta ver el programa por algunos minutos para confirmarlo.

Así, Amor y Moria es hoy un programa de autoayuda, no en el sentido de que proponga infantilmente que la víctima se baste sola para solucionar sus conflictos –cosa que no hace–, sino porque apunta a la autoconstrucción personal, al fortalecimiento de la propia identidad, a la asunción de un "yo soy". El discurso psicologista también retrocede por el avance del discurso modernista del autodiseño.

e. Dos tentativas de explicar el éxito de Amor y Moria

Primera tentativa. Porque los grandes relatos han caído, impera la retórica; porque los grandes consensos están cuestionados, impera la dialéctica. Entre otras cosas, Amor y Moria es retórica y dialéctica: en cada emisión el teléfono sirve de vehículo para que la invitada de turno se pelee con alguna persona involucrada en la situación que la afecta. Cuando eso sucede podemos exclamar con Racine: "¡qué despliegue de figuras!" (suprimiendo el elemento de desprecio por la "condición vil" presente en la frase original). Esos momentos, sin duda los más entretenidos de todo el programa, son moderados y, eventualmente, interrumpidos –finalizados– por Moria Casán sin llegar a un cierre lógico, ni hablar de un acuerdo. Teniendo en cuenta esto, podría argumentarse que el público sigue el ciclo capítulo a capítulo por esa tensión dialéctica nunca resuelta, que vendría a reemplazar a la tensión narrativa de las telenovelas de la tarde a las que los talk-shows desplazaron. De hecho, suenan utópicas las escasas intervenciones de la tribuna intentando conciliar a las partes, cuando a medida que progresan los bloques el problema se va presentando como cada vez más insoluble. Y claro que lo es: si el asunto pudiera resolverse en cuarenta y cinco minutos, el corazón no estaría "partido en dos". La sucesión de los "casos", entonces, suplantaría la tensión narrativa por una tensión "publicitaria": cada historia nos engancha al televisor porque queremos ver si esta vez sí se logra resolver algo, si esta vez sí hay un final feliz. Nunca lo hay, obviamente.

Segunda tentativa. No sólo la obra de arte "abre un mundo", como quería Heidegger: los "casos de A&M me abren un mundo que, por añadidura, es el mío; las víctimas hacen signo en mí, son signo de mí. Es así como A&M construye la imagen de su espectadora. Cada ama de casa se identifica con la víctima de turno porque cada ama de casa quiere liberarse de una posición culturalmente menospreciada.

Sebastián N. Lalaurette

4. Apéndice: la canción

Víctima

(García)

 

Víctima de soledad,

víctima de un mal extraño,

mi corazón se ha partido en dos.

Quién te ha visto y quién te ve,

quien te ama te hace daño,

mi corazón se ha partido en dos.

Veo esa sangre en la pared

y no veo mi ser, algo va a caer...

Veo tu sombra y ya no sé,

ya no sé qué hacer, algo va a caer...

 

Víctima de libertad,

víctima de un sol extraño,

mi corazón se ha partido en dos.

Cuando todos van a ver,

cuando van a ser, todo va a caer...

Tengo que salir, volver,

desaparecer, y alguien va a caer...

 

Víctima de soledad...

Víctima de soledad...

Víctima de soledad...

 


Notas del texto original

1 En este sentido, todos los programas televisivos son ficcionales, al menos en parte.

2 La clasificación es informal y provisoria, porque el hecho de que A&M sea esencialmente un programa "duro" no impide que un día cualquiera el tema sea "Secretos de peluqueros"


Notas de actualización

A) En vista del programa que Moria conduce actualmente (Entre Moria y vos), parece que ella también se hubiera plegado al género de ficción "pura".

B) Los nombres no están hoy, probablemente, tan frescos como entonces. María Laura = María Laura Santillán; Jorge = Jorge Guinzburg; Karin = Karin Cohen. Por el contrario, Moria era, es y seguirá siendo Moria.

C) Y la fórmula todavía funciona, a la misma hora y por el mismo canal.

D) Suprimida al poner este texto a disposición pública, para evitar eventuales demandas por parte de la Casán.

E) La primera versión de este trabajo fue presentada a fines de 1997 y no fue aprobada. La versión final es de diciembre de 1998. Durante todo el lapso entre esas dos fechas tuve el placer de seguir el programa para analizarlo mejor.

F) Mauro está de vuelta, claro. Pero lo que era su marca exclusiva hace tiempo pasó a formar parte del patrimonio común de cierto tipo de programas.

G) Hace poco tiempo hubo una nueva experiencia, La Corte, de rasgos muy distintos pero con un núcleo común.