-- Entrevista con Carlos Garaycochea --
Esa bendita manía de hacer reír

 

Se trata de uno de los humoristas gráficos más destacados de la Argentina. Cultor de Buster Keaton, pero también del jazz y de la música clásica, motociclista y empedernido jugador de básquetbol, se permitió hasta sugerir un título para esta entrevista ("Yo soy un exagerado") que también lo hubiera definido suficientemente. TodoSur habló con él en la escuela de dibujo que tiene hace diecisiete años.

 

Garaycochea es uno de esos tipos que te hacen reír aunque no quieras. Veterano del dibujo humorístico, pero también de la radio y la televisión, a los setenta años está bien lejos de vivir de los recuerdos: no contento con dar clases a jóvenes promesas del dibujo en su propia escuela, cuyo plantel docente cuenta con algunas figuras señeras, ahora quiere lanzarse a la pintura o, más prosaicamente, ponerse a pintar.

Se trata de una etapa más reflexiva, lo cual no quiere decir quieta. Si bien sigue dibujando y enseñando cómo hacerlo, ha tomado un poco de distancia del dibujo humorístico para tener una mirada más abarcativa. Es que ahora, como señala con pesar, "los cómicos son los jugadores de fútbol". Entonces el rebelde que hay en él reacciona: "cuando veo a un jugador de fútbol contando chistes en televisión, me doy cuenta de que hay cosas más importantes. Y yo puedo vivir muy feliz con esas otras cosas más importantes. Hay una edad en que uno quiere ser profundo, no trascender olímpicamente".

Pero es más que eso: si es cierto que "para hacer reír hay una técnica y un conocimiento y hasta una psicología", entonces "causa más efecto lo que se insinúa que lo que se ve, como lo sabe cualquier mujer". En el dibujo, la expresión del misterio es lo no dibujado o, más directamente, el blanco. "Un blanco es la comunicación que hay entre el señor que hace y el señor que recibe, como diciendo: 'este blanco lo llena usted porque es inteligente'", señala el dibujante. Pero en esta encrucijada de lo posmoderno "se ve todo, se oye todo, se hace todo el gesto entero", lamenta. "Se ha perdido el misterio".

--¿Qué pasa si mañana se mueren todos los humoristas?

--Van a venir otros. Va a aparecer un tipo que va a mirar el mundo y va a decir: "qué absurdo es esto", y lo va a tomar desde el punto de vista filosófico-gracioso. Porque a veces el humor es un recurso para no enfermarse o volverse loco.

Tal vez sea posible ubicar el comienzo de la carrera de Garaycochea como dibujante humorístico cuando su primer año en el Colegio Nacional terminó abruptamente como consecuencia de haber hecho una caricatura de todos los profesores. "Mi mamá creía que yo tenía algún problema mental", narra hoy divertido. Pero el consejo de un tío hizo que ingresara en Bellas Artes, donde estudió todas las materias para el "alivio" de sus padres.

"Empecé a dibujar y vi que me salía bien", es la modesta frase con la que define su inicio desde el presente. En esa época de su juventud descubrió a Steimberg, un maestro del dibujo, según él "el genio del humorismo gráfico contemporáneo".

Sin embargo, a pesar de todo lo que aprendió entonces, el paso por Bellas Artes no fue la formación específica que necesitaba. "Cuando uno va a Bellas Artes, si le interesan las historietas, llegado cierto momento va a ver que no tiene mucho que ver una cosa con otra", señala. "Entonces yo pensé en hacer una escuela donde uno venga, entre y ya aprenda a hacer caricatura, humorismo, cosas que no se enseñan en la Facultad".

--¿Cómo se ve dentro de diez años?

--Igual que ahora, pero con un montón de cuadros fantásticos. Que la gente diga: "¡Pero mirá qué tipo, lo que tenía escondido dentro de él!". Ah, y hay dos cosas que quisiera seguir haciendo que hago ahora, que son andar en moto y jugar al básquet.

Es así como la escuela está entre las cosas que le resultan edificantes. "La frase más linda que puedo escuchar es cuando viene un alumno y me dice: he publicado", comenta. La situación le recuerda a sus propios comienzos: la primera vez que publicó una página en un medio importante fue en el Libro de Oro de Patoruzú. "Era una cosa muy importante, como tocar el cielo con las manos", recuerda.

Otro hito en su carrera de dibujante fue su participación en el diario Crítica. "Crítica fue una cosa muy interesante, porque me encontré con los últimos grandes periodistas y con los últimos grandes dibujantes", observa hoy.

De hecho, su sola carrera como dibujante humorístico permitiría asignarle un lugar propio: "menos mal que tengo mala memoria porque si no cometería el pecado de hacer un libro con mi vida, lo cual sería insoportable", chancea Garaycochea. Pero el hombre no sólo se ha dedicado al dibujo: también hizo radio y televisión. Se trata de "idiomas distintos", como él puntualiza; y cada uno permite una forma de expresión propia.

La radio, por ejemplo, "tiene eso que no tiene la televisión: tiene misterio". En la tevé, en cambio, "se puede volar pero no tan alto". Uno puede hacer radio de modo casi casual, "pensando que les tiene que hablar a millones de personas pero como si fuera un amigo solo".

Sin embargo, el alcance de la televisión también tiene su importancia: Garaycochea participó en el fundamental programa La tuerca, que, a pesar de no haber gozado de un éxito inmediato, se mantuvo en el aire durante catorce años. La experiencia de La tuerca "me sirvió para darme cuenta de una cosa muy simple: cuando yo tengo fe en algo lo hago, así tenga la opinión de todos los tipos en contra. Las cosas que siento y que veo que están bien, las hago".

Toda una definición para un hombre que se ha dedicado a múltiples facetas del humorismo y que hoy, además, siente que tiene "una deuda" consigo mismo con respecto a la pintura.

--Me da la impresión de que usted no ve muy bien el uso de la ironía.

--Al contrario. Con la política hay que ser irónico. Los humoristas estamos en desventaja, porque la realidad ha superado nuestra fantasía: a lo que pasa hay que agregarle un 10% nada más. Y yo no hago chistes de náufragos y de suegras y todas esas cosas, a mí me interesa lo que le pasa al país. Claro, yo no voy a tirar abajo a un juez con los chistes que haga, pero es que los jueces se están cayendo solos. Además, no hay cosa que me divierta más que ver a los políticos "serios" en televisión (durante cinco minutos, después ya me aburro porque siempre dicen lo mismo).

Como se ve, nuestro entrevistado ha conocido el éxito en formato multimedios: radio, TV y prensa lo han admitido en su seno. "Pero mi primera novia (y la última) seguramente será dibujar", destaca. "Tomar un papel e inventar formas es fantástico. Lo que no haría nunca es meter en un scanner mi dibujo y después colorearlo con la computadora, que es lo que hacen otros colegas. El resultado es frío; no queda mal, es frío. Es como pedirle un dibujo a Quino y después pintarlo, es una especie de falta de respeto".

Bien: Garaycochea nunca abandonará completamente el dibujo. Pero ¿por qué el humor? ¿Por qué el dibujo humorístico, los programas humorísticos, los guiones humorísticos? El dibujante, guionista y ahora profesor elige responder con otra pregunta: "¿De qué me río? Eso es lo importante. Cuando la risa vale la pena, cuando la situación fue bien creada, es como un agradecimiento. Y no hay nada más importante que eso".

--¿Qué parte de su trabajo piensa que quedará en el recuerdo de la gente?

--Los cuadros que pienso pintar. Por eso no me voy a morir. Cuando uno dice: "mañana tengo que hacer tal cosa", no se muere.

Sebastián N. Lalaurette



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